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‘El Futuro de la Ciencia’, hacia dónde se dirige el país

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos Erica Hynes, ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva en el Gobierno de Santa Fe. El Futuro de la Ciencia, debate necesario en tiempos de crisis.

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Leonardo Chacón (verebsilom@gmail.com)

La crisis económica actual, como sucede en la mayoría de las crisis, se manifiesta en el desempleo, el incremento del índice de pobreza, la disminución del consumo, la devaluación de la moneda y el descontento social. Pero como en cualquier aspecto sistémico, si la economía tiene problemas, estos repercuten en otros ámbitos. Entre los sectores afectados se incluyen la producción científica y el desarrollo tecnológico. Esto fue lo que se debatió en el conversatorio ‘El Futuro de la Ciencia’, celebrado en el edificio anexo de la Cámara de Diputados de la Nación, organizado por la Red Argentina de Periodismo Científico (RADPC).

La desfinanciación pública alcanza a la investigación científica en el país, aunque este no es el único escollo que debe superar. De ello hablaron Jorge Aguado, Secretario de Planeamiento y Políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva; Erica Hynes, Ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva en el Gobierno de la Provincia de Santa Fe; Fernando Peirano, economista especializado en innovación y desarrollo, y Ana Franchi, investigadora del  Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y directora del Centro de Estudios Farmacológicos y Botánicos.  

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Los ponentes del panel ‘El Futuro de la Ciencia’. (Foto: RADPC en Twitter)

Del encuentro queda patente que la primera problemática a atender es la financiación. Desde que Mauricio Macri asumió el poder, el presupuesto para ciencia y tecnología se ha reducido de 0,35% del PBI en 2015 al 0,25% en 2019, según datos oficiales y del directorio del CONICET. Esa disminución se traduce en “problemas en infraestructura, hacinamiento, descenso del número de los becarios, ausencia de personal administrativo y logístico, pérdida salarial y, por supuesto, una menor producción científica”, denuncia Ana Franchi. Como consecuencia, agrega que “menos jóvenes quieren hacer un doctorado en Argentina”

En la situación actual apostar por ser científico no parece ser buena idea, y para los que ya lo son supone un dolor de cabeza. Fernando Peirano señala que el flujo de investigadores en el exterior que no desean volver a la Argentina se incrementa y los que están el país se marchan o “no efectúan actividades a su nivel académico”

Desde 2004 y hasta 2015, gracias al programa estatal ‘RAICES’, cuyo propósito es repatriar investigadores, regresaron al país casi 100 científicos por año, mientras que en 2017 y 2018 la cifra fue de 17 y 32, respectivamente, informa el portal Chequeado.

Quienes se dedican a otras actividades, se inclinan por la educación escolar: “muchos se van a dar clases a la educación secundaria (…) y le sacan el lugar a quienes se formaron específicamente para ser docentes en ese nivel”, asegura Ana Franchi al diario español El País en un artículo publicado el pasado 17 de mayo. José Lino Barañao, Secretario de Gobierno de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, contrargumenta en el mismo artículo que esa decisión no le parece mal “porque probablemente eso permite despertar vocaciones en muchos chicos que tal vez no hubieran considerado una carrera científica de haber sido formados por un docente tradicional”

Jorge Aguado acepta que, debido a la actual crisis, hay una desfinanciación. Afirma que se espera recuperar el poder de compra, pero aunado a eso hay que mejorar la gestión administrativa de los fondos e impulsar la vinculación con el sector productivo para lograr una cofinanciación con el sector público -algo con lo que concuerda con Franchi-, impulsar la  transferencia de tecnología y desarrollar tecnologías emergentes

La desfinanciación es el componente explícito de la crisis, pero “el principal problema es político”, como factor implícito, asevera Erica Hynes. Para la ministra la política nacional debe definir acertadamente la agenda científica: “¿hay que apostar por la matriz energética o por los sectores primarios y la economía financiera?”.

En ese orden de ideas, para Hynes “el diálogo no puede ser solo entre investigadores” sino también entre tecnología y economía con el propósito de que los economistas  deben ayudar a detectar oportunidades de inversión y clusters de masa crítica de científicos para resolver problemas y crear empleos” y, por el contrario, evadir la economía especulativa.

En esta línea de análisis concuerda Peirano al señalar que “se necesitan nuevos conceptos e ideas y mejorar las capacidades de gestión”, pero la limitante se encuentra en que mientras que el sistema científico es robusto el sistema tecnológico es endeble ya que “no formamos gente en este aspecto”.    

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En el debate tampoco faltó abordar la cuestión de género. Como en otros sectores de la sociedad, el mundo científico no es ajeno a los prejuicios sexistas, como que los hombres estudian ciencias duras y las mujeres ciencias blandas -categorización ya de por si es prejuiciosa-, abusos de poder y desigualdades de todo tipo. Franchi y Hynes, como las mujeres del conversatorio, fueron claras en afirmar que hay eliminar el sesgo de género en todos los niveles de las institucion es científicas.     

Todos los panelistas concuerdan en que es prioritario refundar el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, degradado a Secretaria el año pasado; crear una nueva ley de ciencia y tecnología y aumentar el presupuesto. Franchi adiciona dos puntos más para mejorar el sistema científico del país: federalizar la ciencia, en lo que coincide Hynes, debido a que hacen falta investigadores en las provincias; y descentralizar el sistema científico, para evitar que toda la información esté concentrada en Buenos Aires, en particular en el CONICET, e incluir a las Universidades en el sistema productivo y la población.  

Así pues, los desafíos que enfrenta la ciencia argentina son diversos y en medio de la situación económica actual no parece que se afronten con la celeridad que quisieran los investigadores.

En el imaginario popular la ciencia se suele enclaustrar en laboratorios, museos y universidades, pero lo cierto es que su práctica y aplicación se refleja en el desarrollo educativo, social y económico de un país, de ahí su relevancia. Argentina tiene un destacado capital científico que preservar e impulsar, que bien enfocado le proporcionaría diversas mejoras. A manera de ejemplo, el CONICET es la mejor institución gubernamental de ciencia en Latinoamérica según el último ranking de Scimago, una evaluadora internacional de instituciones científicas.

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