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Fútbol y poesía, la historia de Abdón Porte

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos Abdon Porte une fútbol y poesía. Un amor que se transformó en pasión. Una pasión que se convirtió en drama. Un drama que es emblema para la mitad de un país.

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Joaquín Roffé (roffejoaquin@gmail.com)

¿Hay poesía en el futbol? Esta pregunta podría ser un buen disparador para explicar la historia de Abdón Porte.

Sin duda hay poesía en el fútbol. Imposible que no la haya en un ambiente que mezcla pasión y juego. Y más aún si retrocedemos cien años en el tiempo, cuando todavía los negociados, las mafias y la violencia no se habían adueñado del fútbol. El fútbol aun no era profesional. Era amateur. Amateur, amor. Por ahí va la cosa.

El Romanticismo fue un movimiento cultural originado en Europa a fines del siglo XVIII que buscaba romper con el modelo de arte oficial de la época.

Según su etimología, el Romanticismo se relaciona directamente con la poesía y la palabra. Era una manera de sentir, se relacionaba con las emociones y buscaba resignificar lo antiguo mediante la poesía. El poeta romántico buscaba darle un sentido artístico a lo indecible, brindar respuestas que la razón no había develado aún. Corrían tiempos en los cuales se destacaban las pasiones y las emociones.

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Abdón Porte

La vida de Abdón Porte, y sobre todo su muerte, tienen fuertes semejanzas con la poesía romántica. Pero primero es necesario presentar al protagonista en cuestión. Porte nació en Durazno, Uruguay, en 1893. No hay registros de la fecha exacta. Quince años después, en 1908, ‘El Indio’, como lo llamaban en el barrio, comenzaría su carrera futbolística en Montevideo. Primero en el club Colón, luego en Libertad hasta que finalmente, en 1911, llegó al gigante: Club Nacional de Football.

Empezó siendo defensor y luego se convirtió en mediocampista, dueño de la mitad de cancha. No tardó en ganarse la capitanía ya que era un gran jugador, sacrificado y contaba con el cariño del plantel y de la hinchada de Nacional. Entre los años 1911 y 1918 Abdón disputó 207 partidos con la camiseta del ‘Bolso’ y levantó trece títulos. Comenzaba a convertirse en ídolo. También jugó en la selección uruguaya, donde salió campeón otras siete veces. Uno de esos campeonatos fue la Copa América en 1917.

En 1918 la dirigencia de Nacional decidió fichar a Alfredo Zibechi que jugaba en la misma posición que Abdón. Era una forma sutil de correr del equipo al querido capitán, y más aún en aquellos tiempos en que los clubes no acostumbraban a tener directores técnicos, sino que los dirigentes solían armar las formaciones. Lo más lógico era que juegue el reciente refuerzo, por lo cual Abdón sería suplente por primera vez.

Le comunicaron la mala noticia tras disputar el último partido del campeonato. Nacional acababa de derrotar (3-1) al Charley. Algunos dirigentes le contaron que tendría que pelear el puesto y probablemente la temporada siguiente pasara a ser suplente, pero que no querían que se vaya, ya que era muy querido e importante para el plantel por su liderazgo.

Esa noche, los jugadores de Nacional se juntaron a cenar para celebrar la victoria. Una vez que se hizo tarde, cada uno volvió a su casa. Pero Abdón, que decidió cambiar su rumbo: se subió al tranvía y viajó hasta el estadio de Nacional. Una vez allí, entró caminando, a oscuras, al campo de juego. Se detuvo en el círculo central, que durante tantos años le había pertenecido. Era la una de la madrugada del 5 de marzo de 1918. Parado en la cancha donde tantas veces había sido ovacionado, Abdon Porte sacó un revólver, lo apoyó en su pecho y se disparó un tiro en el corazón. Nadie lo oyó.

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Por la mañana, el hombre encargado del césped encontró el cuerpo sin vida de Abdón. Junto a él, había un sombrero de paja con dos cartas en su interior; una destinada al presidente del club, donde le pedía que cuide a su familia, en especial a su madre. La otra carta estaba dirigida a Nacional, y decía…

Nacional aunque en polvo convertido
y en polvo siempre amante.
No olvidaré un instante
lo mucho que te he querido.
Adiós para siempre

Ninguna carta fue escrita para su novia, con quien tenía fecha de casamiento para el mes siguiente. Podría deducirse que su vida entera era Nacional, por eso el día en que ya no tuvo la garantía de poder seguir jugando, prefirió dejar de vivir. Y por eso, aquella noche triste, cuando cada jugador encaró hacia su casa, Abdón hizo lo mismo. Ese campo de juego era la suya.

Al igual que el poeta romántico que conquistaba Europa hace cientos de años basándose en pasiones y emociones, Abdón Porte logró algo similar. Trascendió y se convirtió en leyenda debido a un hecho dramático, donde explicó lo indecible: Sin Nacional ya no sirve vivir.

En ese momento nació una leyenda. A partir de allí la historia del ‘Indio’ Porte sería un reflejo del amor por los colores. El día de hoy, una tribuna del estadio Gran Parque Central lleva su nombre y todos los partidos puede verse una bandera que reza “Por la sangre de Abdón”.

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