Fernando Ortega Zabala, el testigo clave de la masacre

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos Fernando Ortega Zabala, testigo clave de la Masacre de Senkata, el episodio más sangriento durante el golpe de Estado en Bolivia.

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Por Pablo Kulcar (pablokulcar@hotmail.com)

Fernando Ortega Zabala estudió relaciones internacionales en la Universidad de Belgrano, fue jefe de la sección política del diario ‘Territorio’, y editor de judiciales de ‘Misiones On line’. Trabajó 9 años en la sección política de Editorial Perfil, colaboró con la revista ‘Noticias’ y escribió hasta hace 2 años en el diario ‘Ámbito Financiero’. Actualmente colabora en varios medios digitales y dirige talleres de periodismo. Ortega Zabala es uno de los dos periodistas que estuvieron presentes en la masacre de Senkata durante la brutal represión militar en Bolivia. El Café Diario habló con él sobre los hechos, y acerca de sus sensaciones durante la matanza.

¿Dónde estuvo y en qué fecha?

Llegué a Bolivia el día previo a la matanza. Los datos oficiales hablan de 10 muertos pero de manera extra oficial hay 2 personas desaparecidas que los familiares reclaman. Además hubo una muy importante cantidad de heridos, e inclusive muchos lugareños sufrieron mutilaciones. Esto sucedió el martes 19 de noviembre en la zona denominada el Alto, que es algo así como la gran La Paz, es decir, una especie de conurbano que apoya decididamente al presidente Evo Morales.

¿Qué fue lo que pasó?

Allí hay una planta de Y.P.F.B que distribuye gas y combustible a toda La Paz y otras ciudades. Se intentó tomarla por una cantidad de manifestantes que fracasaron ante la inmediata respuesta del ejército. La presidenta de facto le dio una patente de corso a policía y militares para que actúen a diestra y siniestra sin miramientos legales. Estos reprimieron por tierra, tiraron gases lacrimógenos y contaron con el apoyo de helicópteros. Rodearon los 2 barrios de Senkata y perpetraron la matanza.

¿Cual era el objetivo?

Calculo que liberar la planta, evitar una nueva toma, y mandarle un mensaje a los partidarios de Evo Morales aleccionando al pueblo para que las protestas disminuyan, cosa que lamentablemente lograron.

¿Cómo fue la cronología de los hechos?

Ya desde el mediodía era una zona de conflicto pero nadie estaba preparado para la toma del pueblo. Nos sorprendió a todos. Fue una situación en la que nadie estuvo protegido. Hubo heridos y 4 muertos delante de mío. Uno de ellos era simplemente un lugareño que volvía a su casa en bicicleta. Yo estaba con un colega mejicano que trabajaba para una agencia francesa. Éramos los 2 únicos periodistas en el lugar y transmitimos los acontecimientos en vivo por las redes sociales y para distintos medios. Fuimos los responsables de que los hechos se conocieran. Sólo nosotros estábamos informando en ese momento.

Al caer la noche intentamos idear un plan para salir de allí. En ese preciso momento era imposible por el cordón militar y también porque estábamos seguros que si durante el día habían disparado sin ninguna contemplación a la noche lo harían contra cualquier cosa que se moviera.

Habíamos ideado salir por la parte de atrás del pueblo, lo que nos daba la posibilidad de asegurar el material periodístico que habíamos registrado. Cuando estábamos listos para la huida, un grupo de vecinos nos alertan que hay personas de civil, que no son del pueblo, que preguntaban por los periodistas, o sea, por nosotros. Supusimos que eran agentes de inteligencia del ejército o policías, por eso los mismos lugareños nos ocultaron en una habitación dentro de una de las salitas de emergencias. Allí pasamos la noche, dormimos en los mismos colchones tirados en el piso donde durante el día estuvieron los heridos y fallecidos horas antes.

Ni un minuto de paz…

A la mañana siguiente nos levantamos temprano y chequeamos los datos que teníamos sobre los heridos y los muertos. Pero la repercusión de los hechos fue tal que de diferentes ciudades del Alto y desde otras provincias, fueron llegando al lugar más personas. Eso hizo que el ejército no tuviera otra alternativa que levantar el asedio y replegarse inmediatamente. Ingresaron los medios internacionales, que hasta ese instante no habían podido entrar, y allí nos quedamos más tranquilos.

Fue una jornada terrible. Junto al fotógrafo mejicano llegamos al retén que nos separaba de la planta de gas y les dijimos que queríamos sacar fotos de una pared que los manifestantes habían destruido. En esas circunstancias, mientras discutíamos si podíamos pasar, nos escabullimos y quedamos del otro lado de la frontera militar o sea adentro de la zona caliente. La clave del conflicto no fue la planta en sí, sino también los accesos a La Paz, estos son los objetivos que los allegados a Evo bloqueron, complicando el abastecimiento de la capital y las zonas aledañas.

Fernando Ortega Zabala, el testigo clave de la masacre

¿Cesó el peligro en algún momento?

Durante ese día caminamos por una calle y vimos otro retén militar, eran uniformados del ejército, les gritamos que éramos periodistas y queríamos seguir caminando hacia arriba por la calle. Nos parapetamos en la puerta de una casa y recibimos la orden de no avanzar. Volvimos a gritar que éramos periodistas y recibimos 2 disparos que dieron a metro y medio de nuestro refugio provisorio.

Las listas de muertos y heridos era muy irregular, no había suficiente información, por eso nuestras fotos de las víctimas tomaron un papel importante en medio de ese caos, en medio de casi un macabro juego del tiro al blanco del ejército golpista. La gente ya no pedía por Evo solo pedía que dejaran de disparar.

¿Debió declarar ante un organismo internacional sobre los hechos?

Sí, frente al Alto Comisionado de las Naciones Unidas. Éramos los 2 únicos periodistas en el lugar y nos pidieron el material que habíamos registrado. Por supuesto, lo aportamos.

¿Volvería a Bolivia?

Claro que sí, la diferencia es que no voy a decir el día, ni el lugar, y tampoco transmitiré en directo. Los vecinos nos cuidaron, y quedé muy pegado a esa gente. Pienso que ellos quedaron allí, en esas circunstancias tan adversas, con unas fuerzas policiales y militares dispuestas totalmente a matar.

Historia de un desastre

Poco después de consumarse el golpe de estado que destituyó al presidente Evo Morales en la República de Bolivia, la Planta Gasífera de Senkata, en la ciudad de El Alto, se convirtió en el escenario de una batalla fatal. Allí se produjeron 9 muertes que se sumaron a las 30 víctimas mortales contabilizadas desde el comienzo del conflicto. La vida en las ciudades intenta hoy retomar su dinámica de cotidianidad, mientras en silencio las huellas de los enfrentamientos se van convirtiendo en cicatrices. Un sentir popular que está en luto permanente por las víctimas de un ejército salvaje.

La planta de embotellado de gas y aprovisionamiento de combustible, propiedad de Y.P.F.B. (Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Bolivia) y emplazada en el Distrito 8 de El Alto, fue bloqueada pacíficamente por una movilización vecinal autoconvocada. El martes 19 de noviembre el Gobierno Interino de Bolivia había dado la orden de romper ese bloqueo. Un operativo conjunto de las Fuerzas Armadas y la Policía se dirige al lugar. Escoltan un convoy de 49 camiones cisterna que consiguen aprovisionarse de combustible para las ciudades de La Paz y El Alto.

Según testigos presenciales, los enfrentamientos comenzaron una vez que los camiones abandonaron la planta y los vecinos quisieron retomar el bloqueo. Es en este momento comienzan a sentirse disparos de armas de fuego y circula la noticia de los primeros muertos. Más tarde, la lista oficial confirmaría que nueve personas fueron baleadas y asesinadas.

El despliegue, haciendo uso de gases lacrimógenos, apoyado por tanquetas y helicópteros, consiguió liberar el acceso a la planta que sufría un bloqueo pacifico. Aunque el discurso oficial habla en todo momento de “partidarios del MAS”, los habitantes la zona apuntan que las movilizaciones también fueron autoconvocadas nutriéndose de personas provenientes de todos los municipios de La Paz.

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