Fernando Cáceres, león misericordioso

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos Fernando Cáceres, el ‘Negro’, el ‘León’. La historia de quien se transformó en un maestro de vida misericordioso, con el fútbol como estandarte.

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Por Mónica Cofré (monica.cofre@gmail.com)

«No se te ocurra dejar el fútbol». Fernando Cáceres, apodado ‘El León’ por los hinchas del Zaragoza, club con el que ganó la Recopa de Europa y uno en los que cimentó su prestigio internacional, escuchó un día a su padre a comienzos de la década de los 80, y esas palabras le acompañan y le motivan a seguir apostando por el deporte que ama, el fútbol, como lugar de sanación, de encuentro, y de ilusión. En especial, para aquellos chicos que nacieron en un entorno con pocas alternativas de progreso. “Yo fui uno de ellos”, dice. Ese “ellos” incluye a los chicos que la noche del 1 de noviembre 2009 le dispararon para robarle, tanto como a aquellos que ha entrenado en dos clubes de fútbol en La Matanza y Castelar. El ‘León’ se volvió misericordioso.

«Te dicen ‘el negro Cáceres que volvió de la muerte’, ¿qué?, si nunca estuve muerto!.. Esas cosas que se le ocurren a la gente”, suelta con el ímpetu que le transformó en ídolo del conjunto maño y del Celta de Vigo. Defensor en la cancha, su hábitat natural, donde sacó a relucir su calidad en River Plate, Boca Juniors, Argentinos Juniors e Independiente; y en la vida, conserva a sus 51 años recién cumplidos (7 de febrero de 1969) lo mejor de la infancia: el entusiasmo, la inocencia, la pureza y la picardía.

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Fernando Cáceres, homenajeado con la camiseta del Zaragoza. (Foto: El Heraldo)

Sueños de fútbol

En el Club Defensores de Castelar ha dirigido a “la 2007”, y los pibes se han dado cuenta del privilegio que ha sido tenerle como orientador y formador. Como los jugadores que dirige en el Fernando Cáceres Fútbol Club, quienes se preparan en un predio de Ciudad Evita a sus órdenes.

Nacido en “la (Villa) Carlos Gardel” en El Palomar, empezó a transpirar la camiseta a los 5 años cuando un amigo lo llevó al Club Leopardi de Villa Luro y así comenzó un camino en el mundo del fútbol que contó con el puntapié de Juan de la Cruz, su padre.

Juan lo puso ante la espada y la pared (fútbol o escuela) cuando en 1986 se le presentó la oportunidad de integrar la primera división de Argentinos Juniors. «No se te ocurra largar el fútbol”. En 2007, cuando murió, ‘El Negro’ decidió retirarse para acompañar a Ramona, su madre. “Me llevaba a todos lados, siempre. Lo único que no hizo nunca fue irme a ver a Boca. Falleció sin irme a ver a la cancha. Yo le pedía que fuera y me decía que a esa cancha no iba. Estuve seis meses jugando en Boca y no fue”, recuerda con ternura. Juan de la Cruz, a pesar de ser hincha de River, estaba encantado con que su hijo hubiera aceptado jugar en el club rival, sólo porque podía tenerlo otra vez en casa después de haber jugado 3 años en España (1993-1996).

Jugó en la selección argentina «del Mundial ’94». De sus años en España (tuvo una segunda etapa entre 1996 y 2003) recuerda la amabilidad de la gente, la admiración por los jugadores de fútbol. «Nunca me arrepentí de haber regresado a Argentina, cada país tiene lo suyo», subraya. Durante alrededor de 20 años Buenos Aires, Madrid, Zaragoza fue su ruta obligada.

“En España hice muchas amistades, aparte de lo futbolístico conocí gente que me invitaba porque sabían que yo estaba sólo y así me fui acomodando. Estaba encantado con Zaragoza, la gente me quería mucho. Me abrazaban, tenían locura. Te pedían autógrafos hasta yendo de visitante. Los chiquitos te aparecían con 20 figuritas y te las regalaban”, recuerda.

De las figuritas, a tener 3 BMW

Y hablando del cambio de época y la necesidad imperiosa de incentivar los deportes y los entretenimientos saludables para los chicos, recuerda su infancia: “en mi época existía la figurita, la bolita, en tu barrio hacías amistad con otros chicos cambiando figuritas; ahora no hay nada de eso…Son otras épocas. Cuando tenía que entrenar, a los ocho años viajaba solo, no necesitaba tanto de mis padres. Había libertad, sabías que te ibas, y que volvías”, reflexiona.

“El fútbol es un lugar donde uno puede reposarse. A mí me agarró de chico, cuando me tocó debutar en primera yo tenía 15 años, fueron muchas cosas que me pasaron de golpe y que me sirvieron, que no me dejaban pensar en otra cosa”. Sus sueños se triplicaron gracias al fútbol, y pudo ir haciéndolos realidad. Un ejemplo material, pero ejemplo al fin, aquel BMW que vio y deseó a sus 16 años en Avenida Francisco Beiró y General Paz cuando esperaba a que lo pasaran a buscar para ir a entrenar, ya jugando en la primera división, fue un objetivo cumplido. Transcurridos cinco años, pudo comprarse tres de esos autos. “Mirá que locura de sueño, pero me pasó”, se entusiasma al contarlo.

Quienes le dispararon en 2009 dejándole secuelas que aún hoy persisten, vivían, como él cuando era chico, en “la Gardel”. Haber atravesado aquel difícil momento en el que perdió el ojo derecho y sufrió una fractura en la base del cráneo, con lo que corrió peligro su vida, le pusieron ante sí un desafío más allá de una recuperación que le demandó mucha paciencia. «Aquello me dio la posibilidad de decirle a los políticos, «necesito esto para los chicos». Lo que te estoy pidiendo no lo quiero para mí, mi vida ya la tengo armada, lo que te pido son cosas para los chicos, nada más”.

“Yo tuve la oportunidad de vivir, estoy cansado que la gente me diga: ‘Negro, qué fuerza!’ No, yo quiero vivir, es lo más fácil. Y a los que me dicen que no saben si hubiesen aguantado esto, les respondo que no les pasó, por eso no lo saben. Capaz que hubiesen aguantado el doble. Todo depende de las ganas de vivir que uno tenga”, puntualiza.

Valorar lo más importante

¿Con su historia de vida, le molesta que la gente haga problemas por tonterías o que pase horas hablando de algo totalmente superficial?

¿A vos te gustaría levantarte un día sin tener los problemas cotidianos? Si no tenés esos problemas es porque estás muerta. Uno se inventa la ilusión. Una pavada para nosotros, es la historia de cada persona, es su historia, la que se inventan para darle sentido a su vida.

Cada uno toma su camino como quiere. Algunos tienen todo y no se dan cuenta de lo que les pasa. Tampoco me gusta entrar en que éste es mejor que aquél porque superó un problema. Cada uno resuelve su problema como puede. Yo qué puedo hacer con los chicos que me tiraron el tiro, ¿manejarles la vida?, no! Si ellos la manejan como pueden.

¿Qué piensa, qué objetivos se marca?

Yo lo que tengo que hacer es dedicarme a mi vida, ya que tengo la fortuna después de lo que pasó, de que soy yo quien decide. No decide otro, como casi lo hicieron. Yo soy capaz de, algún día, cuando los pueda encontrar, decirles de ir a charlar. No de lo que pasó, sino de la vida. Los chicos no tienen la culpa. Tuvieron un entorno en el que no les dieron la posibilidad de hacer cosas como sí me las dieron a mí. No tienen salida. Alguien les presenta un arma y se les da por eso.

Cada día arranca su rutina entrenando a la mañana -no rehabilitación, aclara- porque “son ejercicios que los hago yo”, y a la tarde sigue entrenando porque lo que no quiere es estar sin hacer nada. En octubre de 2019 volvió a caminar tras un largo tiempo en silla de ruedas y con movilidad asistida. Un mes después ganó AR$180.000 participando en el programa de televisión ‘Quién quiere ser millonario’, y hoy encuentra motivación en ver jugar a sus alumnos, y en todo que se pueda presentar para hacer. Los proyectos.

¿A qué le tiene miedo?

A las mujeres, ¡¡jajajaj!! ¡A qué le voy a tener miedo, si estoy vivo! Sigo peleándola, no me puede pasar más de lo que me pasó.

Se define “respetuoso y humilde” y asegura que “cuando sos así, cosas hermosas te van a pasar”. Si su historia de vida, o al menos una parte de ella no fuera conocida por gran parte de los argentinos, en especial los amantes del deporte nacional, esas dos cualidades, como receta del buen vivir no resultarían llamativas. Sin embargo, pronunciadas por él, adquieren otro sentido.

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