Niky Fernández: «Grondona era más importante que el Papa»

Tiempo estimado de lectura: 7 minutos Niky Fernández, confidente de Julio Grondona, describe momentos inolvidables con el presidente de la AFA. Diálogos y anécdotas de un gran personaje del fútbol.

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Tiempo estimado de lectura: 7 minutos

Por Julio Jerusewich (jjerusewich@hotmail.com)

Niky Fernández es uno de esos personajes que el fútbol argentino atesora en materia de historias, a la par que las engendra. Una fuente constante de anécdotas y curiosidades que se desprenden de su relación entrañable con Julio Grondona, o de haber sido el alfarero de jugadores como Víctor Cuesta, Iván Marcone, Darío Benedetto y ‘Papu’ Alejandro Gómez, entre otras figuras de Arsenal de Sarandí, club en el que trabajó.

A los 7 años jugaba en la calle, a pocas cuadras de un corralón en el que años más tarde se iban a tratar los temas importantes del fútbol nacional. Arnaldo Pardini le vio jugar y lo llevó al club. En Arsenal de Sarandí estuvo hasta los 56 años, jugando y como entrenador.

«Mi nombre es Ricardo Fernández, Niky, para quienes me conocen. Comencé en el baby fútbol en 1961. Después de jugar en las inferiores y en la tercera, decidí volcarme por la medicina. Lo que pasa es que no era un Bochini, más bien un volante central rústico, bien entrenado y metedor», describe a modo de CV.

Cuando falleció su papá, Niky quedó a cargo de la tornería mecánica familiar. Años después de haber ingresado en el club del viaducto se casó y tuvo dos hijos (Fernando de 39 y Silvana de 32). Las responsabilidades le fueron alejando del fútbol, y tal como rueda la pelota, el destino también. A veces, la vida tiene otros planes.

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Niky Fernández, junto a Claudio ‘Chiqui’ Tapia, presidente de la AFA,
organismo para el que trabaja en la actualidad.

Grondona, el buen samaritano

Hace poco se cumplieron 6 años de la muerte de Julio Humberto Grondona, presidente de la AFA durante 35 años. Fernández narra que «es innumerable la cantidad de gente a la que ha ayudado en el barrio, cosa que he visto con mis ojos. Ya sea con materiales del corralón, como con remedios para abuelas que venían a esperarlo. En lo personal a mí me salvó la casa donde vivo».

Niky Fernández tuvo una mala experiencia en un negocio a partir de un crédito hipotecario que conforme pasaba el tiempo no podía pagar. «Grondona me ayudó con la totalidad de lo que me faltaba cuando iba por la mitad de la devolución del préstamo. Me dijo que ya estaba. Me regaló la mitad de la deuda que mantenía con él. Don Julio no me dio fortunas, me dio dignidad con trabajo en Arsenal de Sarandí».

Niky, también recibió una ayuda de Grondona para trabajar en la famosa estación de servicio de avenida Mitre. «Me acuerdo del día en que entré a laburar porque iba caminando por la avenida Mitre buscando trabajo, y como no tenía ni para el colectivo se me dio por entrar a la Esso. Crucé unas palabras e inmediatamente le sacaron la gorra a uno para mandarme a la caja a mí en ese instante». Hoy en día, Fernández se desempeña como inspector de la AFA. La última mano que le dio su amigo, tres meses antes de su muerte.

Todo pasa, menos los recuerdos

«Un par de años después del Mundial de México ’86, nos pusimos a hablar del tema. Le dije que todo el mundo hablaba de Maradona, pero si no hubiese estado el ‘Gringo’ (Ricardo) Giusti ahí atrás, quizá no hubiera pasado todo lo que conocemos. ¿Sabes qué hizo? Se pegó la vuelta al mostrador y me dijo: «¿te acordás cuando tenía el Chevy blanco y lo fui a buscar a Rosario cuando jugaba en Newell’s, para traerlo a Independiente porque era un crack? Vos sí que sabes de fútbol».

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Niky Fernández, junto a Darío Benedetto, jugador al que
dirigió en las inferiores de Arsenal.

Rememora con emoción. Vivir en la cotidianeidad del Mundo Grondona también significaba ser testigo o involucrarse con ciertas situaciones. «Una vez estaba en el corralón y en un momento Daniel Pellegrino (su chofer) atiende y le pasa el teléfono. Al instante se lo escucha decir que no, que no podía, y pum, soltó un «¡¡andá a la puta que te parió!!», luego cortó. Pellegrino se agarraba la cabeza. “Le pregunté qué fue lo que había pasado”. Era Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid y pretendía que Grondona viajara con urgencia a España para visitar a Alfredo Di Stéfano, que estaba enfermo. Grondona lo quería mucho pero en ese momento estaba resolviendo cosas y no podía dejar el país».

«Nosotros lo veíamos a Don Julio trabajando en el día a día pero no teníamos la idea de sus conexiones a nivel mundial. Para mí era más importante que El Papa, porque todo el mundo del fútbol estaba detrás suyo. Más que (Joseph, expresidente de la FIFA) Blatter, más que cualquiera», recuerda.

Otro día, mientras Niky trabajaba, un cliente, al tiempo que terminaba de pagar se cruza a Don Julio. Entonces comenzó a descargar su batería de reproches. «¡¡Que Racing nunca sale campeón, que esto, que lo otro!!». Don Julio lo agarró del hombro y le dijo, con una paz que magnetizaba: «pibe, vos hablas porque no sabés, pero ayer le di a Juan Destéfano 3 millones y medio de pesos para que le pague a los empleados y a los maestros porque sino, iban a cerrar la escuela del club». El tipo se quedó duro como una estatua, sin respuestas. Era eso lo que generaba Grondona. Aunque en muchos, ese respeto se traducía en miedo. «Una vez me dijo que si alguien alguna vez te amenaza con que va hablar conmigo, vos ahí nomas lo mandas a la reputa madre que lo parió. Sea quien sea. Después, yo me arreglo», narra Fernández.

«Un día me tocó ir a dirigir al complejo de Villa Domínico de Independiente. Se armó lío porque yo festejé un gol haciendo una medialuna. Había uno de los padres de un pibe de independiente que me puteaba y me decía que iba a contarle a Grondona. Ahí me acordé y lo mandé donde me había sugerido Don Julio, je. A los dos o tres días Grondona pasó por la estación. Se hizo el sonso y quiso escucharme. Cuando terminé, me dijo que había estado bien, con lo que nos terminamos cagando de risa. Lo que pasa es que es detestaba que le chupen las medias. Odiaba a los adulones», explica Niky.

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Niky Fernández, dirigiendo en Arsenal.

Universidad de la calle, viveza criolla

Entre 2004 y 2005, Fernández dirigió la sexta división, (categoría ’88), cuyo equipo era tan bueno que muchos de sus integrantes llegarían a primera división tiempo después. Era el dream team de Niky. Pero hubo un tropiezo. «La cuestión es que nos tocó ir a jugar a la cancha auxiliar de Lanús. A los 5 minutos ganábamos 1 a 0. ¿Qué pasó? Los de Lanús se enojaron y nos metieron cuatro pepinos en el primer tiempo, un baile tremendo. Me acuerdo que jugaban el ‘Laucha’ (Lautaro) Acosta, ‘Toto’ (Eduardo) Salvio, (Carlos) Quintana (actual zaguero de Argentinos Juniors). Al día siguiente, en la Esso, hacían cola para gastarlo».

Grondona observaba toda la escena. «Cuando nos quedamos solos, agarra y me dice «pibe, en el fútbol y en la vida hay que volar bajito porque si te caes no pasa nada, te levantas. Pero si volás alto y te caes, te haces pelota». Me dijo que iba bien, que no le dé bola a esos giles. Me dejó duro porque él sabía todo lo que pasaba, todo», grafica con emoción.

Una tarde de 2003, en la cancha de Chacarita Juniors la categoría de Niky perdía uno a cero. Uno de sus jugadores se lesiona en una de las áreas. «Entonces le dije a uno de los pibes que entre. A lo que me responde que ya habían hecho el cambio. ¡Vos entrá! Le insistí. Al ratito empatamos y la gente se la agarró con el referí, que no se había dado cuenta que teníamos doce jugadores. A todo esto, yo les gritaba a los pibes que se muevan para que el juez no pueda contarnos. Hasta que lo miré de nuevo al pibe que había entrado y le dije qué hacía ahí, él no entendía nada y yo lo cagué a pedos en voz alta para que quede como un error casual. ¿El juez? Se la comió».

Niky revisa en un instante su base de datos de grandes recuerdos y rescata otra maniobra pícara de aquellas tardes en las que se desempeñaba como entrenador: «en una jugada, uno de los míos recibe una patada y yo le grito al referí, «¡amarilla, amarillaaa!». El árbitro se da cuenta y se acerca. Cuando viene para recriminarme, agarro y le digo «¿por qué? Si yo le hablo a Ezequiel Amarilla, uno de mis jugadores». Fernández ya cantaba victoria. Parecía que otra de sus avivadas iban a tener resultado, sin embargo el juez retornó al segundo tiempo con una información clave debajo de la manga. Y con las siguientes palabras: «si respiras fuerte, te echo. Ezequiel Amarilla no está entre los 16 que firmaron planilla». Me di la vuelta y me fui. El tipo tenía razón».

Artesano de cracks

Por las manos de Niky pasaron jugadores como para armar más de un once calificado. Esteban Dreer (nacionalizado ecuatoriano), Marcos Curado, del Crotone de Italia (ascendido recientemente a la primera del calcio), Paolo Nervo, Víctor Cuesta y Damián Pérez (al que le cambió el puesto de enganche a lateral izquierdo). Iván Marcone, el ‘Bicho’ Nicolás Aguirre, Claudio Mosca, el ‘Monito’ Facundo Silva (jugador de Instituto de Córdoba en la actualidad).

Arriba, Franco Jara, que tras su paso por el fútbol de México, la Major League Soccer de Estados Unidos, y Darío ‘Pipa’ Benedetto, delantero del Olympique de Marsella hoy en día . Y afuera quedan Carlos Castiglione, Leandro Caruso (Dock Sud), Martín Civit (Midland), y nada más y nada menos que el ‘Papu’ Alejandro Gómez, con un presente brillante en el Atalanta de Italia, que hizo historia esta temporada al llegar por primera vez hasta los cuartos de final de la UEFA Champions League.

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4 comentarios

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Impresionante !!! Que hay más lindo en la vida que generar buenas anecdotas , en definitiva es lo único realmente nuestros y que nos vamos a llevar !!!

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