La experiencia de enseñar y aprender con el cuerpo virtual

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Bárbara Guerschman (barbara.guerschman@gmail.com)

Tanto en el yoga como en la danza en sus múltiples variantes, el cuerpo a cuerpo en la acción parecía ser una condición ineludible. Sin embargo, durante la cuarentena, se ha vuelto necesario reinventar el vínculo y adaptarlo a la virtualidad. En distintas plataformas se combinan acciones, movimientos, secuencias y palabras.

El aislamiento ha desafiado la presencialidad como requisito imprescindible para el aprendizaje. Fue una alteración que los profesores experimentaron con incertidumbre, como un desafío a un modo de trabajar ya internalizado frente a un futuro virtual que años atrás hubiera sido impensado.

Aprendizaje por mímesis

Entre fines de la década de 1980 e inicios de 1990, el sociólogo francés Loic Wacquant se inscribió en un club de boxeo ubicado en el gueto negro de la ciudad de Chicago. Durante tres años, se sometió voluntariamente a un entrenamiento duro bajo la dirección de su entrenador Dee Dee Armour.

El sociólogo describió a la rutina como una práctica mayormente corporal inculcada de una forma implícita y práctica, a través de una modalidad gestual, visual y mimética.

Tras concluir el entrenamiento diario, él volcaba sus observaciones en un cuaderno. No sólo registraba la rutina dura que implicaba prepararse para el ring, sino también la incomodidad inicial que le produjo el hecho de ser el único blanco entre atletas negros.

Wacquant llevó a cabo una técnica de participación con observación etnográfica en la cual el mundo pugilístico adquirió sentido al aprehenderlo él mismo con el cuerpo, usándolo como herramienta de investigación.

Al igual que sucede con el boxeo, en diversas disciplinas el aprendizaje de los movimientos se incorpora a través de la mímesis. Esto quiere decir que se da por la imitación de los movimientos de quienes enseñan, por parte de quienes aprenden. Este es el caso del yoga o la danza.

El valor de la palabra

Ante la cuarentena, los profesores se sintieron inicialmente desconcertados acerca de cómo continuar las clases, según señala la profesora de yoga Ana Delacroix. La solución que ella encontró fue filmar y grabar las clases en su estudio para subirlas a un canal de YouTube.

Ana Delacroix.

La terapeuta corporal Andrea Miara describe como traumático el corte abrupto de la presencialidad provocado por el confinamiento. En sus clases, ella trabajaba en grupos combinando en su técnica el yoga y la relajación con lo aeróbico.

Al filmar y reproducir los videos en su perfil, falta el contacto físico con los alumnos. Ante esta situación, la palabra se vuelve un recurso valioso para acompañar la imagen en sus explicaciones verbales.

El escenario actual supone la utilización de múltiples plataformas tecnológicas que idealmente podrían ser utilizadas hoy por Dee Dee en su club de boxeo, en un Estados Unidos profundamente afectado por los contagios y las muertes por coronavirus. Por lo general, este uso incluye la transmisión vía Zoom de las clases que son grabadas y posteriormente subidas al canal del profesor.

Imagen de un clase de Ana Miara. (Foto: María Sticotti)

La coreografía en espejo

Una fila larga de bailarines aguarda con paciencia el ingreso al teatro Schubert en la avenida Broadway. En su interior, un asistente observa atento los movimientos de algunos aspirantes frente a un espejo, indicando cuáles son los correctos: giros, vueltas, saltos y pasos a la izquierda y a la derecha. Señala con el dedo quiénes se quedan y quiénes deben retirarse. Su selección responde a la dirección implacable del coreógrafo llamado Zach.

La escena corresponde al casting de la obra ‘Chorus Line’, trasladada a la pantalla grande en 1985. En la selección veloz del asistente está presente la dimensión visual. El estar ahí para registrar los movimientos que se consideran bien realizados o equivocados

Esa dimensión visual y al mismo tiempo física, fue señalada por Delacroix en relación a sus clases. Ella requiere tener a la persona a su lado para percibir su respiración y poder guiarla para efectuar los ajustes necesarios.

En su estudio de danza contemporánea, Belén Amici emplea la técnica ‘flying low. Se basa en la energía de los apoyos y el contacto con el suelo, y requiere formular explicaciones precisas respecto de esos apoyos. Al adaptar sus clases al formato virtual, Amici tuvo que dejar de lado el uso del espacio completo del salón para las pasadas coreográficas, privilegiando los ejercicios de calentamiento corporal realizados en un sitio determinado.

Al exhibir las pasadas en la pantalla, Amici las tuvo que adecuar de forma tal que los alumnos la siguieran como si estuvieran frente a ella ante un espejo. De no realizar tal modificación, el lado derecho del brazo o pierna de la profesora sería el izquierdo de ellos, lo cual generaría confusión.

Al igual que para Miara, el uso de la palabra en sus videos funciona como una guía para procurar suplir algo que sólo puede ofrecer el cuerpo a cuerpo.

Anabel Caeiro explica que el método María Fux de danza terapia creativa implica el trabajo en grupos. El desafío para ella fue facilitar la comunicación entre quienes conforman esos grupos para que pudieran comunicarse desde la danza a pesar de la distancia física inevitable.

Para eso, lleva a cabo encuentros sincrónicos semanales de dos horas que tienen un carácter práctico, seguidos de un estudio teórico del sentido escénico. Luego, cada miembro sube a una plataforma un video personal danzando para que sus compañeros realicen una devolución.

Belen Amici.

El futuro del cuerpo virtual

Los profesores ansían una vuelta al salón y ya se imaginan cómo serán esos encuentros en la nueva normalidad. Según indica Miara, el regreso se produciría habiendo adquirido un profundo conocimiento del propio cuerpo en la soledad de los hogares.

Pero no sería un regreso a la situación previa a la cuarentena, aclara Delacroix. Implicaría un periodo de transición en el cual se combinarían las clases virtuales y presenciales, donde habría menos alumnos ocupando el salón. Ella debería contemplar sus preferencias o reparos respecto de las normas de higiene, lo cual implicaría que cada uno lleve su propio mat para realizar los ejercicios.

Caeiro señala el mismo cuidado con los protocolos que deberían implementarse al momento de volver el salón, evitando el contacto físico. Para quienes lo deseen, ella continuaría con los encuentros virtuales.

Al describir el entrenamiento de boxeo, Wacquant destacó el proceso de educación del cuerpo materializado en el club, a partir de posturas y gestos inculcados. Este proceso también se ve en la audición para el musical ‘Chorus Line’ con el ritmo incesante marcado con las palmas y los taconeos.

En el aire se percibe el gusto y dolor de la acción, una frase incluida en el titulo original del libro en inglés de Wacquant, referido a la sociología carnal como característica de su investigación.

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