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Egresados 2019 del Penal de Florencio Varela junto a la docente Ester Cohen.

Estudiar en la cárcel, o cómo salir adelante en la adversidad

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos Son más de 50 mil las personas que cumplen su condena en las cárceles de la provincia de Buenos Aires y muchos de ellos asisten a la escuela a pesar de estar presos.

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Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

Por Omar Millalonco (millalonco.omar@gmail.com)

Quienes se encuentran privados de la libertad conforman uno de los grupos vulnerables más olvidados en el contexto de crisis provocado por la pandemia de coronavirus. Casi invisibles en la sociedad, marginados por haber cometido delitos y estar cumpliendo sus penas.

Ester Cohen, profesora y referente del Sindicato de Docentes y Educadores en Contextos de Encierro (SIDECE), dice que la situación vivida dentro de las cárceles «es muy compleja». Cohen, que es docente desde hace 15 años en el Penal de Florencio Varela, afirma que a partir de la pandemia ha quedado más expuesta la situación de vulnerabilidad de las personas privadas de su libertad. «Queremos seguir luchando para visibilizar el tema», dice.

La docente afirma que la situación de vulnerabilidad que ve en las cárceles tiene similitud con la vivida en las villas del gran Buenos Aires. «Ambas situaciones se parecen bastante porque muchos no tienen techo, ni comida, o viven en condiciones infrahumanas. Sin agua, sin luz o con la ausencia de las condiciones mínimas para la higiene; y no pueden salir a trabajar», asegura.

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Profesora Ester Cohen.

La educadora se refiere también a la estigmatización que existe en el tejido social actual, donde muchos de los planteos que se llevan adelante sobre las miles de personas que se encuentran en contextos de encierro «no se aceptan». «Una persona, ante cualquier cuestión que pueda plantear en relación a este tema, es descalificada. Es un tema que está tapado y silenciado porque no aparece en los diarios ni en la televisión, salvo para dar alguna que otra noticia sensacionalista», asegura.

Condiciones carcelarias deplorables

Desde su puesto de educadora y como parte del gremio que representa, Cohen trabaja en pos de la conscientización social de las pésimas condiciones en las que viven las personas que se encuentran dentro del sistema penitenciario. Se trata de casi 50 mil sólo en el ámbito de la provincia de Buenos Aires.

Las condiciones en las que viven los reclusos dentro de las celdas «son deplorables», tal como señala la educadora. «Si bien esto no es de ahora, la pandemia agravó la situación. Por ejemplo, en Florencio Varela, en una celda que debería ser para dos personas, hoy viven ocho o diez. Los que tienen suerte tienen un pequeño colchón, pero la mayoría están durmiendo en el piso, y hay lugares donde no tienen espacio ni para estirarse. Entonces, desde las 5 de la tarde y hasta las 8 de la mañana siguiente, tienen que estar sentados», dice Cohen, quien advierte que dentro del sistema penitenciario se violan los derechos humanos.

Según la docente, durante el resto del día los presos realizan tareas como el lavado de ropa, limpieza, cocina o asistencia a la escuela, mientras que en los ratos libres van a la cancha de fútbol. Aunque ahora, por la pandemia, las tareas se han reducido.

Escuela como espacio de crecimiento

Según la profesora, en todas las cárceles del país se brinda educación y se abarcan los niveles distintos de preparación que necesitan los presos, desde el jardín de infantes para los hijos de reclusas, hasta el nivel terciario, pasando por la escuela primaria. «Hay que destacar que existen muchas personas privadas de su libertad que son analfabetas; acá aprenden a leer y a escribir», dice.

Y agrega: «hablamos de gente adulta, a partir de los 25 o 30 años, y creo que es relevante porque luego pasan a la secundaria, donde estoy dando clases. Quiero contar también que en algunas cárceles hay terciarios y universidades que acompañan a algunas unidades para que muchas personas puedan continuar con una carrera».

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Alumnos de la escuela del Penal 23 de Florencio Varela.

Las escuelas que funcionan a nivel provincial son públicas. Dependen de la Dirección General de Escuelas y del Ministerio de Educación bonaerense. Los docentes que se encuentran enseñando en las distintas unidades son empleados del Estado y no tienen vinculación institucional con el Sistema Penitenciario Bonaerense (SPB). Al respecto, Cohen dice que «ninguna escuela o docente brinda ningún informe criminológico».

Los presos que actualmente pueden acceder a la educación en general conforman el 10 por ciento de cada unidad. Para completar el esquema educativo tienen que cumplir con 4 años de enseñanza primaria y 3 de secundaria. «En ese modo de escolarización cambia su modo de pensarse así mismos, y más allá de los contenidos que tienen, se ve el crecimiento intelectual y físico, porque entraron como niños y salen como personas adultas, pero puntualmente como sujetos de derecho», detalla la referente del SIDECE.

Para finalizar, Cohen asegura que «pasar por la escuela es pasar por la experiencia de subjetivarse, de sentirse un ser humano. Y que hasta no haber pasado por la misma, no se sentía como tal. No se sentía alguien mirado por otro, entonces la escuela hace esa maravillosa operación, de dar afecto, de que la persona se sienta importante».

Políticas económicas que marginan

Según Surco Platas, tallerista de contextos de encierro «las personas que se encuentran privadas de su libertad son pobres. Hay un sector importante de la sociedad, además de las políticas económicas, que margina a las personas, y en un punto, esas personas no tienen posibilidad de nada».

Platas, quien posee una experiencia amplia en el tema, sostiene que «la sociedad no se hace cargo de su propia indiferencia al problema del otro, al problema económico, al problema de vida. Porque es diferente nacer en un hogar donde estás criado, el poder ir a la escuela, recibir afecto, que criarse en un hogar donde, de pronto, la madre es prostituta, hay drogas, o el padre está preso».

El formador educativo asegura que «es más importante construir escuelas que cárceles, porque si siguen creando más edificios con ese fin, va a haber más delitos. Además, todos sabemos, al menos los que estamos en este tema, que esto es un gran negocio. Para la política, para la Policía, para el Poder Judicial y para las empresas que hacen el catering en las cárceles, algo que es horrible».

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Surco Platas.

Y agrega que «la violencia de la delincuencia es simétrica a la violencia de la sociedad. Una sociedad que discrimina al pobre, al morocho, al que tiene gorra, al que es gordo, al que es alto, al que es flaco. Por eso la sociedad que discrimina, es responsable».

Sin fronteras para estudiar una carrera

La Universidad Nacional de La Plata (UNLP) se encuentra formando actualmente a un número importante de personas privadas de su libertad en un proyecto muy abarcativo que no se ha suspendido a pesar de la pandemia.

La carrera de Derecho que se cursa en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNLP, ofrece la posibilidad de que aquellas personas que se encuentran en distintas unidades carcelarias de la provincia de Buenos Aires, continúen o inicien sus estudios superiores.

Los estudiantes universitarios pertenecen a 18 unidades penitenciarias del territorio bonaerense, ubicados en La Plata, Florencio Varela y Magdalena.

Los docentes asignados para llevar adelante la labor pedagógica son personas que dictan las clases de forma virtual en el marco de la pandemia por el COVID-19. Cabe destacar que las personas que conforman las distintas unidades penitenciarias tienen acceso a internet para poder continuar estudiando.

La propuesta surge de una planificación y gestión conjunta entre la Dirección del Programa de Educación en Contexto de Encierro, la Dirección Provincial de Políticas de Inclusión del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, y la Subdirección General de Educación, dependiente de la Dirección General de Asistencia y Tratamiento.

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6 comentarios en “Estudiar en la cárcel, o cómo salir adelante en la adversidad

  1. Es la realidad plena q aun asi sigue invisible para muchos. Mi marido paso varios años en up 32 y realmente es la triste realidad graciass por difundir.

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