Qué pasa con las emociones cuando la amistad se celebra de lejos

Tiempo estimado de lectura: 7 minutos

Por Federico Esteban (federicoeest@gmail.com)

Si en enero de 2020, alguien hubiese adelantando que para este Día del Amigo no se iba a poder compartir las emociones personalmente, tomar un mate, una comida, un trago con nuestros hermanos y hermanas elegidos en la vida, nadie le hubiera creído. Nadie. Sin embargo, el día llegó y con él, lo increíble.

Un Día del Amigo -que se festeja en conmemoración de la llegada del hombre a la Luna, el 20 de julio de 1969-, completamente virtual, mediado y definido por una tecnología. Así las cosas, con la cuarentena como barrera y con la pandemia como causa, las redes sociales no solo fueron una herramienta para transmitir dedicatorias o fotos recordatorias de bellos momentos. Fueron el lugar donde muchos decidieron atravesar este día.

Festejo por redes o por Zoom

Por un lado, el uso tradicional de Facebook e Instagram sirvió para el festejo virtual: imágenes de grupos de amigos y amigas abrazándose y riendo, compartiendo un mismo tiempo y espacio, sin distanciamiento social ni barbijos. Recuerdos por aquí, recuerdos por allá, algunos con la clásica referencia de «cuando el virus no existía», y otros acompañados por expresiones de cariño. Los emojis también estuvieron al orden día.

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Las reuniones vía Zoom fueron de las más elegidas para el festejo virtual.

Pero antes, el proceso de publicación. Buscar esa foto en la que salieron todos bien, o en la que todos salieron mal. O si no, esa que retrató un momento que nunca olvidarán porque todo grupo, sean dos o más personas sus integrantes, tiene un top five de situaciones y anécdotas para recordar cuando no hay tema del que hablar. Después de elegir la foto habrá que editarla (o no), etiquetar a los protagonistas y luego publicarla para que, del otro lado, sea compartida.

Por otro lado, las redes sociales y las videollamadas fueron el lugar de encuentro entre jóvenes y adultos por excelencia. Por WhatsApp, Instagram o Zoom -la aplicación que ganó el título de mejor compañera en tiempos de pandemia-, la juntada fue social y virtual. Pero esta vez, como situación excepcional, no hubo mate pasado de mano en mano, ni trago compartido, ni abrazos que se burlaran de un posible contagio de un virus desconocido. Ahora, el mate o el trago, fueron para uno, para una, en compañía de los demás, compartiendo un mismo tiempo pero no un mismo espacio desvirtualizado.

Doble saludo por las redes

Melanie Gallardo, de 24 años, fue una de las chicas que se animó a enfrentar la barrera de la cuarentena. No la violó, sino que la aceptó y festejó el especial día mediante dos videollamadas con sus amigas. Una la realizó el domingo, momentos previos a las doce para recibir, tal como si fuese un primero de enero, el 20 de julio. «Estábamos cada una con su trago, música, algunas con luces, charlamos y tipo 12 brindamos y jugamos jueguitos online como el tutti frutti», detalla. «Una de las cosas sobre las que charlamos es que fue medio raro estar el año pasado todas juntas y ahora estar separadas y no poder brindar por culpa de la pandemia», continúa. La segunda de las videollamadas la mantuvo el mismo lunes 20 por la tarde: «merendamos todas juntas y charlamos a través de Facebook».

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Carolina Ocampo, desde Ushuaia.

Desde Ushuaia con amor

Sin embargo, hubo quienes también pudieron compartir un mismo espacio. En Ushuaia, provincia de Tierra del Fuego, donde hace frío todo el año, recomenzó a encenderse la llama de las reuniones sociales. Una de las privilegiadas fue Carolina Ocampo, estudiante de 27 años de la carrera de Comunicación Social en la UBA, quien volvió al sur después de que se iniciara la cuarentena. «Me vine para estar más tranqui, porque mis viejos estaban preocupados y como en la radio hacemos home office, me volví», dice. «Teníamos permitidas las reuniones hasta de 20 personas pero como hubo un rebrote, ahora autorizan las reuniones hasta de 10».

Fue la primera juntada social de Carolina y así lo comenta entre risas: «nos reunimos en la casa de una amiga, nos sacamos las zapas en la puerta y cada uno estuvo con su vaso. Antes tal vez compartíamos la botella. Sólo nos juntábamos cinco amigos, no llegamos a diez. Hace muchos años que no pasaba un día del amigo con gente de acá. Fue bastante lindo».

No obstante, pese a la posibilidad de verse las caras sin una pantalla de por medio, el grupo de la futura Licenciada en Comunicación decidió respetar la distancia social. «No nos abrazamos tanto con mis amigos por el temor de que… no sabés qué puede llegar a pasar. Hubo saludo de codo, mucha emoción y risas», relata.

Quizás sea uno de los efectos de la cuarentena: la reticencia a romper los dos metros de cercanía recomendados por infectólogos y epidemiólogos por estos tiempos. ¿La gente se ha acostumbrado a vivir sin el apego físico del otro? ¿La nueva normalidad moldea su cabeza al punto de despreciar el abrazo, la caricia, el beso?

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Lucía Bao, creadora de Chimuela Vegana.

De regalo, algo muy rico

El aislamiento social, y con él, este día del amigo virtual, han generado otra particularidad excepciona. Los regalos vía delivery. Y dentro del catálogo de obsequios, la comida ocupa un lugar preponderante. Lucía Bao, creadora de Chimuela Vegana, un emprendimiento de comida vegana, dice al respecto que «en la cuarentena, la comida pasó a tener otra significancia. Muchas veces me escribieron por ejemplo diciéndome ‘esto es para mi mamá que hace un montón que no la veo’. De repente, la comida especial pasó a ser un regalo porque quizá es un gusto que no nos podemos dar hoy día».

Y luego añade: «dentro del aislamiento que estamos viviendo, creo que se busca acortar las distancias mediante este tipo de regalos. La comida es una especie de mimo. La cocina es un gesto de amor más allá de que no esté hecho por las propias manos de uno».

Emprendimiento bien dulce

Celeste Villalba es creadora de Alon Donas, un emprendimiento que se dedica a preparar donas de diferentes gustos y diseños, nacido en la semana de la dulzura, en plena pandemia. «Nos costó al principio por la falta de materiales, no nos alcanzaba el dulce de leche ni las granas porque no nos esperábamos tantos pedidos», recuerda.

«Toda mi familia trabaja en manicuría, yo soy manicura, mi hermana hace lifting de pestañas, mi mamá es pedicura, y como no podíamos trabajar por la pandemia, no sabíamos qué hacer, así que pensamos en este emprendimiento que nos pareció copado. No sé si fue suerte pero en la semana de la dulzura nos abatataron de pedidos», detalla sobre la reconversión que tuvieron que realizar en sus labores, obligados por la emergencia económica provocada por la cuarentena.

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Celeste Villalba, con su emprendimiento de donas.

Consultada acerca del impacto del día del amigo en su emprendimiento, Celeste afirma que «con anticipación tuvimos pocos pedidos, y a medida que fueron pasando las horas, a partir de las 12 del mediodía nos estallaron los teléfonos. Llegamos a hacer doce docenas, duplicamos los pedidos que ya nos habían hecho».

Contenta por el inicio exitoso del pequeño negocio familiar, formato potenciado por la pandemia y la crisis de la economía, la joven de 20 años sostiene que «la gente regala mucho a pesar de la pandemia y la falta de dinero. Estos regalos son una forma de sorprender. Como hacemos envíos a domicilio y la forma de pago puede ser por tarjeta, entonces vos desde tu casa hacés el pedido».

Mientras que Lucía, en el mismo sentido, asegura que «los emprendimientos son utilizados como un medio para acercarse a las personas». A su vez, la creadora de Alon Donas enfatiza: «No hay nada más hermoso de este emprendimiento que la sorpresa que ves en la gente. Cuando le llevás el regalo y ves la felicidad en sus caras es muy lindo».

En tiempos donde el enemigo principal del mundo por estas horas es el COVID-19, ambas emprendedoras dieron cuenta del nuevo y empoderado gesto de regalar comida para hacer un poquito más ameno el aislamiento social. «Se pueden armar cajitas de forma personalizada, con algún mensajito o una presentación», precisa la cocinera vegana, quien, al ser bailarina, se dedica principalmente a dar clases de baile y trabajar en dos compañías.

«Nos pueden hacer el pedido tres horas antes durante el día o reservarlo para el día que se quiera. Tenemos cajas con visor, le ponemos moño y tarjetita, y a todas se les puede poner un mensaje», detalla Celeste.

Pero no todo terminó en este día del amigo. Los emprendimientos existían antes de la cuarentena, se fortalecieron durante este tiempo de aislamiento, y continuarán después, cuando todo pase. «Para el Día del Niño tenemos pensado algo especial, con dibujitos, para los más pequeños de la familia», dice la emprendedora de las donas, quien estudia perito forense.

En tanto que Lucía afirma que «de a poco está habiendo un apoyo a los micro emprendimientos. Me parece mucho mejor comprarle a tu vecino que tiene un emprendimiento que ir a comprarle a las grandes cadenas de supermercados. Porque detrás del laburo del emprendedor, hay un montón de cosas por detrás como hacer los logos, los flyers, la difusión, estar atento a las redes, hacer las compras por mayor, organizarte los tiempos, entonces me parece positivo que la gente valore todo esto».

Este no fue un Día del Amigo más. La era digital, el mundo virtual y las apps con las que contamos como herramientas, se han vuelto a constituir en la solución para afrontar la singularidad de esta jornada. Dicen que «las tecnologías alejan a quienes están cerca y acercan a quienes están lejos». Levante la mano quien no esté de acuerdo con eso.

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2 comentarios

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Muy buena nota, en casa ayudamos a estos entendimientos, compramos para pasar estos días de cuarentena. Me gustó la nota Federico!!!!! Comparto

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