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Depilación femenina, ¿elección o imposición social?

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos Tras años de rasurado corporal, en la actualidad la depilación femenina se debate entre ser una necesidad o una imposición social en lucha con los principios feministas.

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Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

Por Silvina Ghiselli (silvinaghiselli@gmail.com)

Hoy la depilación es algo de lo más común entre las mujeres e incluso también en muchos varones. Sin embargo esto no es así en todo el mundo y tampoco lo fue en el pasado.

Las opiniones al respecto son encontradas. Muchas mujeres dicen que se trata de una cuestión de elección, mientras que otras afirman que en realidad continúan depilándose sólo por mandato social, para no causar revuelo en su espacio laboral, su círculo familiar o incluso entorno religioso. Pero, ¿cómo y cuándo comenzó esta suerte de ritual en la vida social y cotidiana de las mujeres?

Depilación para todos y todas

Hasta el siglo 20, la depilación en las mujeres no tuvo un fin tan específico y diferenciado en relación al rasurado del hombre. En sí, los métodos para eliminar el vello corporal y facial datan desde la prehistoria, y tienen una particular evolución a partir de la época del Egipto antiguo, que es donde comienza a realizarse no ya por razones de supervivencia, sino por cuestiones estéticas, sociales y políticas. Para los egipcios el cuerpo sin pelos era sinónimo de civilización y sólo los sectores más altos podían acceder a los distintos métodos existentes para remover el vello.

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Antiguo grabado egipcio que muestra la importancia que esos pueblos de la antigüedad daban a la estética.

En la Grecia antigua el cuerpo sin pelo era sinónimo de juventud, pulcritud, inocencia y belleza; y en el Imperio Romano se continuó con la misma visión al respecto. De esta manera y de un modo general, tanto mujeres como hombres se depilaban de la misma forma y con el mismo fin en la antigüedad. Además, con el tiempo se fueron dando modificaciones pero no muy significativas, lo cual significa que durante la Edad Media y la llegada de la modernidad no surgieron grandes cambios.

Cosa de mujeres”

Sin embargo, es a comienzos del siglo 20 cuando la depilación empieza a tener rasgos diferenciales para devenir en “cosa de mujeres”. El suceso que da inicio a esta etapa nueva es el surgimiento en 1915 de la versión femenina de la afeitadora con hojas intercambiables, que en 1880 el empresario estadounidense King Camp Gillette había desarrollado para varones.

Al mismo tiempo, la moda femenina de los años veinte impone el uso de faldas y blusas de mangas más cortas e inclusive musculosas que revelan partes del cuerpo, dejando piernas, brazos y axilas más expuestas.

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La evolución del traje de baño femenino hacia modelos cada vez más pequeños impuso la costumbre de la depilación corporal en el siglo 20.

Algo similar ocurrió con los trajes de baño, que a partir de 1920 se fueron haciendo más y más pequeños, dejando al descubierto, como la ropa de vestir, piernas, brazos y axilas. Con todo esto y una máquina de rasurar a la que podían acceder con facilidad, la depilación entre mujeres se volvió algo cotidiano.

En este sentido, si bien la vestimenta de los varones también ha ido cambiando, no queda tan expuesto el cuerpo en los espacios comunes de circulación. Además, en caso de vestir musculosa o traje de baño, esto no representa para ellos la necesidad de afeitar axilas o piernas con la misma intensidad que en las mujeres. En ellas se trató más de, como mínimo, una necesidad pública.

La consolidación de una necesidad

En el capítulo cuatro de la cuarta temporada de la serie ‘Mad Men’, cuya trama gira en torno a las vivencias de una mujer que trabaja en una agencia de publicidad en 1965, el personaje de la redactora Peggy Olson ( Elisabeth Moss), empieza a trabajar en una campaña comercial de una conocida marca de cremas faciales y corporales femeninas.

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Peggy Olson, en ‘Mad Men’, intenta instalar el concepto de ritual a la costumbre de usar cremas faciales y corporales.

Su primera acción es convocar a mujeres jóvenes y solteras dentro de la empresa a una reunión para consultarlas acerca de sus preferencias a la hora de usar productos de belleza, haciendo hincapié en el ritual de esa acción.

Este último concepto es ideado por Peggy, quien intenta por todos los medios que el acto de ponerse crema en ciertas partes del cuerpo, a cierta hora del día y en cierto lugar de la casa, genere la impresión de estar llevando a cabo un ritual. Incluso intenta apelar al concepto de lo “ancestral”, en tanto que se trata de algo que hacen ellas y que hacían sus madres, abuelas y las abuelas de las abuelas, como si fuera cosa de las mujeres desde siempre. Sin embargo, nada de esto funciona. De hecho las chicas comienzan a hablar de la belleza en relación a la mirada de los hombres.

Tan naturalizado está para muchas mujeres el uso de cremas y la práctica de rutinas como la depilación, que Peggy no consigue que lo piensen como ritual, como algo que se repite pero por ciertas razones. Para ellas es una necesidad más de la vida cotidiana, como desenredarse el cabello o bañarse.

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La depilación definitiva con láser se impuso a partir de la década del 90.

La llegada de la definitiva

Con el paso de los años, los centros de estética se han ido adaptando a las necesidades de los clientes, e incluyendo los avances tecnológicos que han aparecido, como los equipos de depilación definitiva, primero de luz pulsada y luego por rayo láser ya entrando en la década del ‘90.

Todo esto llevó a que ni el feminismo en sus diversas versiones desde su surgimiento en el contexto de la Revolución Francesa, ni el movimiento hippie de los ‘60, lograran imponer la no depilación en las mujeres sino todo lo contrario: las técnicas, métodos y espacios de consumo no paran de evolucionar y multiplicarse.

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Uno de los métodos depilatorios más conocidos, la cera.

En todo caso, es para celebrar que llegado 2020 muchas mujeres puedan elegir depilarse o no depilarse, pero no deja de llamar la atención que en el marco del aislamiento preventivo obligatorio por coronavirus, se escuche o lea a varias de ellas diciendo “no me depilo en cuarentena, total no me ve nadie”, “no me depilo, para qué, si total no voy a salir a ningún lado”, y afines.

Para muchas se trata de una elección pero, ¿son la mayoría? ¿La edad varía? ¿Y la clase social? ¿Y la religión? ¿Varía la identidad de género? ¿Qué pasa si una chica trans decide no depilarse? ¿Los sectores machistas de la sociedad seguirían cuestionando su femineidad del mismo modo? ¿O lo harían aún más? Pensar, pero ante todo, nunca dejar de hacerse preguntas al respecto, será la clave para lograr una libertad más colectiva e igualitaria.

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