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El uso del tiempo durante la cuarentena

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos Todos se preguntan qué hacer en el tiempo que abre la cuarentena, e impera el paradigma de la productividad. La Psicóloga Gisela Értola reflexiona sobre esto.

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Tiempo estimado de lectura: 3 minutos

Por la Lic. Gisela Értola (elcafediariopuntocom@gmail.com)

Una de las quejas circundantes en esta época de coronavirus es qué hacer con el tiempo. Pocos se cuestionan cómo ser o cómo están en el tiempo. Escuchamos asociaciones de desvalorización en relación al tiempo vacío de producción, tales como “tiempo out”, “tiempo muerto”, o “no hace nada”. El objetivo principal es que el tiempo sea productivo.

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Importa tener producción y aferrarse al consumo, como modo de posicionamiento frente al tiempo. Es un discurso que ya se había instalado en la etapa previa a la pandemia. Los padres exigían a sus hijos, recientemente egresados: “algo tiene que hacer”, “que se anote en a alguna carrera y que no pierda el tiempo”. Y los adultos festejaban que se redoble la cantidad de tarea escolar, sin cuestionarse sobre la calidad de ese aprendizaje o si estaba siendo efectivo.

Desde que comenzó la pandemia, los medios de comunicación marcaron la agenda en función de qué se debe hacer con el tiempo. Nuevamente, la producción como primera medida: hay que lavarse las manos tres veces, salir a comprar una vez, bajarse la aplicación para estudiar o hacer gimnasia, estar informados, con los niños, y controlar a los vecinos que salen de sus hogares por el bien común.

Antes y durante, el automatismo de las costumbres hace del cuerpo una máquina de producción. En esta extensa lista se excluye la posibilidad de detenerse, descansar. ¿No fue, acaso, repentina la pandemia? ¿Hubo espacio para detenerse y tramitar la inminencia de lo que nos atraviesa? ¿Quedará algún hueco para hacerlo?

Un reloj de arena muestra el paso del tiempo

Todos se sumergen a la productividad por miedo. Miedo a que algún familiar se deprima, angustie, o entristezca. Miedo a la fragilidad, al silencio, a aburrirse. Las frases de auto ayuda lo señalan: el imperativo de que sólo hay que divertirse y ser feliz.

¿No nos ha señalado la publicidad que si compro una Coca Cola mi familia almorzará en la plenitud de la felicidad? ¿No hemos visto a padres dar el celular para que sus hijos no se aburran?

El consumo adormece. Niega el encuentro con la pregunta, con el enojo, con sentimientos que deben incluirse para ofrecer posibilidad de movimiento. El dolor es constitutivo de la experiencia. Una vida que consistiera únicamente en emociones positivas o vivencias óptimas no sería humana, sino sólo una maquinaria. Debemos permitirnos perder el tiempo, hacer cosas improductivas para no consumirnos en el tiempo.

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El paradigma imperante exige productividad, que muchas veces alcanza su estatus por “ser de utilidad”. Otras, tristemente, ni siquiera pasa por dicho tamiz. La cuarentena agudiza una lógica de funcionamiento ya existente. ¿La reforzará?

La Lic. Gisela Értola es psicóloga graduada en la Universidad de Buenos Aires.
Matrícula Nacional 58.978

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