El Tango no puede esperar

Tiempo estimado de lectura: 10 minutos La crisis a la que condujo la pandemia de coronavirus arrasó al tango, a las milongas y la actualidad de sus trabajadores. Radiografía de una catástrofe.

Tiempo estimado de lectura: 10 minutos

Por Rita Piris (gisepiris@gmail.com)

«El Tango siempre espera», es una vieja frase tanguera que suele predecir que tarde o temprano uno lo va a bailar, pero claramente hoy el tango ya no puede esperar, para salvarse.

Como muchos de los sectores que han quedado paralizados o con una actividad reducida durante el ASPO el sector del Tango en Argentina es uno de los que más duramente han sido golpeados. Así como en otros ámbitos de la cultura, los trabajadores, bailarines, coreógrafos, músicos, organizadores, y docentes de esta música -que forma parte del Patrimonio de la Humanidad-, han quedado literalmente desamparados.

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Clase de tango en un salón.

Sin turismo, colapso total

Inés Muzzoppapa es una bailarina profesional, docente y Campeona Mundial de Tango Salón 2007. Describe lo difícil que ha sido desde el comienzo: «fue bastante duro para el sector porque una de las particularidades que tuvo este ámbito es que tuvimos que cortar las actividades antes de lo que el Gobierno Nacional estipuló, porque nosotros, desde fines de noviembre a principio de marzo tenemos nuestra temporada alta de trabajo con mucha afluencia de extranjeros. Estábamos teniendo muchas incorporaciones en ese sentido y tuvimos que cortar las milongas y todas las actividades porque el virus procedía de Europa. Así que una semana antes de que se decrete la cuarentena cerraron la mayoría de las milongas y con ese cierre empezaron a cerrar las escuelas de tango en un momento de mucho trabajo en la Ciudad».

«Tuvimos que cortar las actividades antes de lo que el Gobierno Nacional estipuló porque el virus procedía de Europa. Así que una semana antes de que se decrete la cuarentena cerraron la mayoría de las milongas…»

(Inés Muzzoppapa, Campeona Mundial de Tango Salón 2007)

Si bien hay varios sectores que comprenden el mundo de la cultura en nuestro país, el del Tango se vio profundamente afectado porque es un rubro precarizado ampliamente desde siempre.

«Una de las cosas que nos impulsó a armar la asociación hace tres años, es a partir de entender que como trabajadores tenemos derechos insatisfechos, cosa que cuando estamos bien de trabajo nos cuesta pensar, hasta que nos toca atravesar situaciones como esta, por ejemplo, donde queda expuesto el nivel de informalidad en el que trabajamos todos los actores del tango», detalla Muzzoppapa, que además forma parte de la organización de bailarines Trabajadores del Tango Danza (TTD), orientada desde hace tres años a fortalecer la lucha por los derechos del sector y a sostener la capacitación constante de quienes integran el rubro.

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Bolsones de comida

«Esto nos dio una dosis de realidad muy potente que nos posicionó en otro lado. Mas allá de que nuestra capacidad de acción nos hizo ver una realidad muy cruel, las personas en nuestra comunidad durante este período se empezaron a organizar mucho más», explica Muzzoppapa, quien relata la experiencia a través de la que desarrollan un nivel asistencial tratando de sostener condiciones básicas de subsistencia para los compañeros más necesitados: «muchas personas se reinventaron tratando de hacer cursos on line; los consumidores empezaron a acceder pero fue ínfima la cantidad de inscriptos. Esto tardó en activarse y como tuvo una receptividad floja, muchos de los trabajadores del tango se encontraron de golpe ante un panorama en el que no tenían espacio físico para dictar las clases, ni las condiciones técnicas que se requieren como conexión de internet o computadora. Todos elementos que permitiesen llevar adelante una clase on line en vivo».

La bailarina y portavoz indica cómo se gesta la ayuda a las compañeras y los compañeros que más sufren las consecuencias de la pandemia: «el trabajo se redujo drásticamente y muchos profesionales empezaron a desarrollar proyectos paralelos como hacer pan, mermeladas, budines; reinventarse de alguna forma para poder bancar un plato de comida. Muchos lo pudieron hacer y otros no, entonces empezaron a surgir un montón de necesidades dentro de la comunidad, y ahí fue cuando nosotros en la asociación empezamos a pensar que teníamos que hacer llegar alguna ayuda, y empezamos a armar bolsones de comida para repartir».

«En los cursos on line fue ínfima la cantidad de inscriptos, muchos trabajadores del tango se encontraron de golpe ante un panorama desolador; el trabajo se redujo drásticamente y si bien hubo quienes desarrollaron proyectos paralelos para poder bancar un plato de comida, empezamos a armar bolsones de alimentos para repartir…»

(Inés Muzzoppapa, Campeona Mundial de Tango Salón 2007)
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Una pareja de mujeres practica el tango.

Mediante la colaboración de algunas donaciones que se reciben del exterior el TTD comenzó a incluir en los bolsones de alimentos productos que los mismos compañeros trabajadores del tango empezaron a producir por su cuenta. Por otro lado, Inés Muzzoppapa destaca que a fines de 2020 no querían tomar acciones de tipo asistencialistas porque no es el tipo de movimientos que mas les atrae como asociación: «siempre tratamos de hacer talleres de capacitación y espacios para generar trabajo, no tanto hacer solamente donaciones, pero la situación se volvió muy crítica hasta el día de hoy, y cada vez mas. Entonces hicimos un festival on line de 11 dias llamado Eleven al Tango con la idea de hacer convocatorias abiertas para que les profes que quisieran se anotaran y pudieran ofrecer sus clases».

«Durante los últimos tres años veníamos articulando con otra asociación de carácter gremial, pero eso tuvo que quedar relegado. Dadas las necesidades extremas, si bien es muy necesaria la organización sindical, había urgencias que atender -enfatiza Inésy tomamos consciencia de la necesidad de organizarnos, de actuar colectivamente y de tener derechos como trabajadores del sector. Todo, además de empezar a pensar en las cuestiones que tienen que ver con las políticas culturales, políticas públicas. Ahí entendimos que la salida es colectiva».

La milonga como lugar de encuentro

Omar Viola es preciso: «perdimos un espacio que era para felicidad de todos. Al milonguero que va a la milonga le decis ¿qué tal, cómo estás? Y te dice: «y, si estoy acá estoy feliz». Es decir, está en un espacio donde se comparte el sentimiento, un espacio de fraternidad, un espacio de encuentro y sensorialidad extrema porque es contacto, es el abrazo. El abrazo es muy difícil de definir y tiene una cantidad de elementos terapéuticos de vida, de comunicación, inexplicables. Es inefable el abrazo, no se puede describir con palabras. Vos imaginate que estas abrazado a una persona y sentis latir el corazón de esa persona mientras bailas muchas veces».

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Omar Viola es un organizador de milongas que fue pionero en los años ’80 y ’90 al gestar lugares donde convergían el arte y la cultura desde el llamado ‘Paracultural’, un lugar que supo contener artistas de diversa índole, y representaba el paradigma de la cultura underground porteña, hasta que se convirtió en lo que hoy es la Milonga del Canning, ubicada en el barrio de Palermo.

«Perdimos un espacio que era para felicidad de todos. La milonga es un espacio donde no solamente se contiene al adulto mayor sino que a quien viene bailando desde hace muchos años, porque se lo admira, se lo respeta, se lo aplaude y se le ofrece hacer exhibiciones porque trae el baile de aquella época. Eso es oro en polvo para nosotros…»

(Omar Viola, pionero del ‘Paracultural’, hoy ‘Milonga del Canning’)

«La milonga es un espacio donde no solamente se lo contiene al adulto mayor sino que al que viene bailando desde hace muchos años se lo admira, se lo respeta, se lo aplaude cuando baila y se le ofrece hacer exhibiciones porque trae el baile de aquella época. Eso es oro en polvo para nosotros», explica Viola y subraya: «también es un espacio de inclusión, ya que viene gente de todas partes del mundo. Es un espacio de encuentro acá en la Ciudad. Ese espacio, que cada vez se desarrolla más hacia las diversidades, es más contenedor cada día porque está abierto a la sociedad. Entonces, con respecto al género, con respecto a la diversidad, es cada vez más amplio e inclusivo. Porque el tango está vivo y se regenera todo el tiempo con nuevos abrazos y nuevo público. Y la mezcla de ese público, porque también va gente muy joven también y hay respeto entre todos y cuidado y convivencia».

Omar Viola traza una pintura de la milonga: «se comparte, se alternan las parejas que hoy son también no binaries y eso demuestra más la importancia de cuidar estos espacios, donde cada vez hay mejor comunicación y calidad espiritual entre la gente, y que reflejan los cambios sociales y nos muestra como sociedad. Por eso nos afectó profundamente a todos quienes organizamos ese espacio de felicidad y a los que participan, al público, a los músicos, a los bailarines, y a los trabajadores de todo el sector».

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Acción en una milonga de Buenos Aires.

Salon Canning esta los lunes, martes y viernes, e incluye también la actuación de orquestas en vivo y músicos de todo tipo. «Todos los bailarines que son de escenario van a la milonga por más que recién lleguen de hacer una gira mundial, porque la respetan, la aman y la necesitan, como también el contacto del público milonguero. Hace ya un año que no tenemos estos espacios y la calidad de vida que estaba, hoy no está. Eso es la milonga», concluye Omar Viola.

Bailar para visibilizar

Erika López es una bailarina que integraba la compañía de Mora Godoy y además trabajaba para distintas casas de tango. Al igual que muchos compañeros y muchas compañeras, se quedó sin trabajo al comienzo de la pandemia. Junto con varios artistas, bailarines, músicos y cantantes acaban de lanzar un trabajo audiovisual llamado Proyecto Latiendo, donde se busca dar a conocer la situación que atraviesan los trabajadores en este contexto: «hacer visible la situación, la injusticia que atravesamos, fue la primera intención. Somos un sector que quedó absolutamente paralizado. No solamente los artistas, sino también todos los trabajadores que hacían al funcionamiento de esta actividad. Empleados de casas de tango, de milongas y además, para poder percibir el subsidio del Estado, los requisitos en muchos casos se tornaban imposibles de cumplir por el nivel de precariedad en el que siempre trabajamos en el sector. Así que muy pocos tuvieron acceso a esa ayuda».

En cuanto a la producción artística que desarrollaron para lograr este objetivo, Erika López destaca que el escenario que eligieron, una fábrica abandonada en Avellaneda, grafica cómo se encuentra la situación de los trabajadores en la actualidad: «el escenario representa ese lugar en ruinas que nos quedó, no un escenario, sino un lugar devastado, y lo que cada uno pudo seguir haciendo por su lado ya sea produciendo y vendiendo alimentos, o buscando otro trabajo que no fuera para lo cual nos formamos y estudiamos, preparándonos tantos años».

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Y así, con una ósmosis perfecta entre la música y el cuerpo, si el tango es reconocido como una misteriosa síntesis del alma porteña y puede medir su realidad a través de su erotismo y sus figuras, podrá también, quizá, mostrar otra realidad.

Hay un punto en el que coinciden todos los actores del sector y tiene que ver con las condiciones de trabajo en las que se desempeñan desde hace mucho tiempo: «los proyectos en el exterior quedaron suspendidos; los trabajadores del tango trabajamos mucho en el exterior y siempre los bailarines estuvimos enmarcados como prestadores de servicios, por lo cual, esta situación dejó en evidencia nuestra situación de máxima precariedad laboral, en la que, por ejemplo, si pertenecemos a alguna compañía, igualmente le facturábamos a la casa de tango. Es muy importante hacer hincapié en esto porque a esta situación llegamos también por no haber estado nunca en condiciones normales como cualquier trabajador. Entonces nos encontramos en la calle de un día para otro».

«Los proyectos en el exterior quedaron suspendidos; los trabajadores del tango trabajamos mucho en el exterior y siempre los bailarines estuvimos enmarcados como prestadores de servicios, por lo cual, esta situación expuso al máximo nuestra precariedad laboral y nos dejó en la calle…»

(Erika López, bailarina de la compañía de Mora Godoy)

Además explican cómo algunos empresarios y productores de espectáculos fueron desligándose de las responsabilidades económicas que se presentaron a partir del cierre de estos lugares: «a partir de la cuarentena, nos quedamos todos sin trabajo. A pesar de que nuestro trabajo siempre fue irregular, a mí particularmente me paso en Tango Porteño que hice un arreglo, siendo monotributista con la promesa de que cuando volvieran a abrir, me iban a volver a convocar. Después reabrieron pero no duró nada porque hicieron dos funciones nada más y no volvieron a convocarme. Y nos hicieron firmar un contrato de desvinculación, haciéndonos la promesa de reincorporarnos luego», revela Erika López.

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Tango, pasión argentina.

«Eso pasó al comienzo de la cuarentena, y por supuesto no tuvimos ningún tipo de sueldo, ni ayuda, ni indemnización, ni contribución por parte de las empresas para las que cada uno de los bailarines formamos parte de este proyecto», sostiene Erika López, quien pone énfasis en la necesidad de que el Estado tome cartas en el asunto mediante una subvención. Propone la instalación de escenarios en puntos estratégicos de la Ciudad, para que los artistas puedan trabajar y la población pueda acceder a estos espectáculos públicos con los protocolos adecuados.

El abandono de los privados y una ayuda insuficiente

«La expectativa para este año debe venir de mano del Estado, porque ya sabemos que de mano de los particulares, de los empresarios, no va a venir. Hasta que no haya turismo que sostenga el mercado, no hay alternativa para la apertura de las casas de tango con las pretensiones que tienen. Por eso el Proyecto Latiendo, apunta a difundir ampliamente esta situación actual», manifiesta Erika López.

Claudio González es un bailarín que hace más de 27 años se dedica al tango de manera profesional y ha viajado alrededor del mundo participando en obras como ‘Tanguera’ de la compañía ‘For Ever Tango’, entre otras, y cuenta su experiencia actual: «yo hace 17 años que trabajaba en el Homero Manzi en Boedo y nunca nos pagaron un centavo al cerrar después de trabajar todos esos años en el show de La Noche de Homero Manzi. Este tipo de lugares son más que nada para el público extranjero que logicamente dejo de venir, y sus precios son orientados a ese público. Tengo conocimiento de que otras casas de tango han pagado al menos el 50% a sus empleados».

«Yo trabajaba en el Homero Manzi en Boedo desde hace 17 años en ‘El show de La Noche de Homero Manzi’, y al cerrar, después de todo ese tiempo, nunca nos pagaron un centavo…»

(Claudio González, bailarín profesional)
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Bolsones de alimentos para los trabajadores del tango en situación desesperante.

Claudio González coloca también el foco en el rol del Estado: «desde el Estado hemos recibido solamente una ayuda. Sólo algunos pudieron cobrar durante 3 meses 15 mil pesos cada mes, lo que lógicamente resulta insuficiente para vivir, por lo cual muchos hemos tratado de reinventarnos y de emprender alguna actividad. Muchos trabajadores del rubro se han organizado en asociaciones como por ejemplo el TTD, consejos de bailarines, etcétera, para tratar de paliar la situación, sostener condiciones básicas de subsistencia y apoyar a nuestra cultura».

González participa además en el Proyecto Latiendo y enmarca la urgencia de tener un Estado presente ante estas circunstancias: «nos sentimos muy solos tratando de que las autoridades entiendan que somos una parte muy importante de la cultura y que necesitamos ayuda y ser visibles. Que con 15 mil pesos no alcanza para vivir, que necesitamos jubilaciones y derechos laborales para bailarines que permanecemos en esa lucha desde hace varios años».

2 comentarios

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Habría que buscar un protocolo especial pero comenzar ya con las milongas . Con horarios con una determinada cantidad de gente . Abierto todo el día. Pero ya las milongas abiertas

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