El suicidio de Occidente y los líderes mesiánicos

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos El coronavirus se expande frente al accionar incomprensible de algunos líderes mesiánicos que llevan a Occidente al suicidio.

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Por Rodolfo Colángelo (rodocolangelo@yahoo.com)

El ministro de Finanzas del Estado de Hesse, en Frankfurt, Alemania, Thomas Schaefer se suicidó el domingo 29 de marzo debido a la profunda depresión que le provocó la perspectiva de una crisis económica de magnitud por el avance del coronavirus en el mundo. El suicidio describe cómo el COVID-19 ha desnudado a Occidente y a unos cuantos punteros del sistema, considerados líderes.

La información, dada a conocer por el primer ministro de esa región Volker Bouffier, marca la profunda disyuntiva entre la vida y la economía por la que atraviesa el capitalismo global debido a la peste del siglo XXI.

En este marco, el mundo parece estar en manos de estos punteros, poderosos líderes mesiánicos y empresarios que privilegian las (sus) ganancias por encima de la salud pública, llevando a gran parte de la humanidad al abismo.

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El avance del coronavirus ha obligado a Donald Trump a cambiar su discurso.

Trump, dos millones de muertos

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, minimizó al principio lo alcances del coronavirus y llamó a no paralizar la economía norteamericana; pero hace pocas horas sus asesores en materia de política sanitaria le informaron que si no aplicaba una cuarentena estricta, los muertos iban a llegar a los dos millones. En cambio, si se respetaba el aislamiento social, los fallecidos iban a oscilar entre los 100 mil y 200 mil. Le hablaban de personas.

«Me equivoqué», reconoció Trump. Aplicó la cuarentena y agregó: «si tenemos 100 mil fallecidos será un triunfo». Por supuesto, las elecciones presidenciales se acercan y con dos millones de muertos hubiera visto peligrar su reelección.

Johnson, en cuarentena 

Boris Johnson, primer ministro británico, fue alcanzado por el virus y se encuentra en cuarentena, igual que el príncipe Carlos, heredero del trono.

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Boris Johnson negó la pandemia hasta que dieron postivo él y el principe Carlos.
La reina de Inglaterra está sitiada.

Cuando se declaró la pandemia, Johnson imitó a Trump e instó a los británicos a salir a la calle y no dejar de trabajar, hasta que contrajo la infección y aplicó el aislamiento a nivel nacional. En los primeros días de la crisis había aconsejado a los ingleses comenzar a despedirse de sus parientes en situación de riesgo porque morirán los que tengan que morir.

Bolsonaro, reprobado 

Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, emprendió una carrera loca hacia el precipicio al calificar de «gripecita» a la expansión del virus. Recorre las calles, saluda a sus simpatizantes, se abraza con ellos y grita «¡Brasil no debe parar!», mientras crece en ese país la cantidad de muertos e infectados.

Bolsonaro se quedó solo en su campaña demencial. En grupos de comunicadores en WhatsApp le llaman «loco y genocida». La ciudadanía está indignada, y la mayoría de los gobernadores estatales, incluyendo a los de su partido, le repudian y aplican la cuarentena. Incluso su ministro de Salud le ha desautorizado.

El diario ‘Valor Económico’, editado por grandes empresarios, difundió una “carta de renuncia” que le han acercado sus funcionarios y miembros de las Fuerzas Armadas. A cambio de su paso al costado, acaso le puedan garantizar inmunidad a él y a sus hijos frente a una serie de juicios que afronta por incumplimiento de los deberes de funcionario público.

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Jair Bolsonaro con barbijo, anunciando que no tiene coronavirus.
(Foto: Presidencia de Brasil)

Bolsonaro se refugia en sus seguidores evangelistas y habilita a los templos a realizar oficios religiosos con la presencia de fieles. Esto ha enfurecido aún más a los miembros del Ejército, que ya piensan en sustituirlo por su vicepresidente, el General Hamilton Mourao, enfrentado con el mandatario desde los primeros días del gobierno.

Es que Brasil tiene cerca de 200 millones de habitantes y la expansión descontrolada del virus preocupa a las Fuerzas Armadas, que ven la crisis como un problema geopolítico por la enorme extensión de fronteras que comparte el país con otras naciones sudamericanas.    

Cacerolas y otros virus

La pandemia golpea a la Argentina, pero en el marco del “sentido común” que llevó al gobierno de Alberto Fernández a tomar la delantera basado en la catastrófica experiencia vivida por países europeos que reaccionaron tarde.

Así lo han reconocido la Organización Mundial de la Salud  y científicos europeos. No obstante, la posibilidad de que el gobierno salga fortalecido de la crisis ha alertado a sectores de la oposición dura, que han comenzado a implementar una campaña inteligente’para captar el sentir de cierta parte de la clase media con la consigna “que los políticos se bajen los sueldos”.

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Paolo Rocca (izqda), uno de los empresarios afines a Mauricio Macri.

La antipolitica busca minar de alguna manera la unidad frente a la crisis que demostraron el oficialismo y la oposición, mientras que desde el poder empresario se busca crear un conflicto social despidiendo trabajadores, tal como lo ha hecho el Paolo Rocca, CEO de Techint, y el argentino más rico del mundo desde 2017 como informó la revista especializada Forbes, al dejar cesantes a 1.450 obreros de la construcción.

Fuentes de la oposición aseguran a El Café Diario que la ofensiva, traducida a través de medios hegemónicos que devino el pasado 30 de marzo en un pequeño “cacerolazo”, apunta también al protagonismo del jefe de gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, quien estrechó filas con el gobierno nacional.

Desde el núcleo duro del macrismo, Patricia Bullrich, exministra de Seguridad, y el propio Mauricio Macri, expresidente, ven con preocupación el protagonismo de Larreta, quien aspira a convertirse en el jefe supremo de la oposición. La consigna para que los políticos y los legisladores se bajen los sueldos busca influir sobre sectores medios de buena fe o férreamente opositores a Alberto Fernández, e intenta dividir aguas entre la oposición y el gobierno para que el presidente no salga tan fortalecido de esta crisis. «La campaña, en definitiva, es contra el Gobierno», subrayan las fuentes consultadas.

Es preciso recordar que la figura del presidente Alberto Fernández ha trepado a un 90% de aprobación, según la consultora Analogías. Para creyentes y ateos es bueno tener presente las palabras del Papa Francisco: «En esta crisis nadie se salva solo«. Agregaremos «porque el virus golpea a todas las puertas por igual, a las del rico y a las del pobre».

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