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El poder sanador del Arte

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos María Candela González recorre las posibilidades que brinda el arte para sanar y curar las heridas del corazón. Un poder sanador que mucha gente desconoce.

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos

Por María Candela González
*Licenciada en comunicación visual
*Ilustradora
*Trabajadora corporal
*Diplomada en arte terapéutico

Producción: Silvia Martínez
*Relacionista pública en Moda, Belleza y Arte

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Las emociones. Por María Candela González

Debido a que me gustan mucho las historias y a que en realidad lo único que permanece es el cambio, empezaré contando mi historia utilizando el clásico “Había una vez”.

Había una vez una mujer que viniendo de las aguas decidió habitar la tierra y para ello era necesario recordar un viejo pacto hecho con la vida…aprender para crecer siempre, aunque duela.

Para mí, aprender es transitar, atravesar, tramitar, hacer carne eso que me pasa para que deje de ser un “como sí”. Crecer trae muchos frutos, pero hace falta integrar todas nuestras partes.

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“Caminos donde haya un corazón… siempre”. La obra de María Candela González.

En aquellos tiempos de dolor, vacío, angustias y profundos sufrimientos, me di cuenta de que no había más lugar en mi cuerpo para guardar todo eso y decidí empezar a sacarlo de mí, para verlo, para aceptarlo y así integrarlo.

Mis manos se volvieron canal de mi alma. Capaces de transformar mis sentires en dibujos testigos de instantes que marcaron hitos emocionales.

Cada imagen manifestaba mis enojos, rabias, tristezas y también nostalgias, algunos recuerdos felices de viejos tiempos. Llore mucho y permanecí en mi rancho interno mucho tiempo.

Poco a poco y a medida que iba realizando más y más dibujos, iba logrando sentirme más liviana, con otro espacio dentro de mí.

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“Soltar… todo”. La obra de María Candela González.

No había una técnica específica. A medida que lo iba sintiendo tomaba una u otra herramienta. La mayoría de las obras fueron y son realizadas con líneas a mano alzada y acuarelas de fondo, y a veces aparece algún que otro color pleno llenando un espacio.

De todas maneras, lo importante era salir de esa exigencia mental “que quede lindo” para así lograr que cada imagen fuera fiel reflejo de mi sentir en ese momento. Entonces, mediante lo auténtico y genuino que implica abrir y mostrar el alma, poder hacer contacto con otro que, mirando mi dibujo pueda visualizar la o las emociones ahí develadas. Quizá involucrarse también, lo que generaría que ya no fuera solo mía esa representación.

Estoy convencida, lo estuve antes y lo estoy más ahora, que el arte sana, porque su puerta de entrada a nuestro a ser no es por ese lugar conocido, pensante y especulador. Tiene el poder de atravesar eso para sumergirse en un mundo más profundo emocional, lleno de información, que aunque sea parte de nosotros muchas veces desconocemos.

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“¿Quién dijo que soñar no cuesta nada?”. La obra de María Candela González.

En mi caso, sanar tuvo que ver con entrar a esa baulera abandonada de mí misma y sentir que tenía que ordenar eso, viendo que ya había cosas que no elegía y no necesitaba. Además, hacer lugar para que entrara lo nuevo a mi vida. No hay un camino, no hay manuales ni recetas. Pero sí hay un corazón muy sabio que sabe dónde y cómo llevarnos si nos entregamos al proceso.

Ser seres completos, libres, amorosos, integrados, capaces de convocar la alegría de ser, es un viaje al que los invito haciendo brillar sus dones. Eso que nos hace únicos e irrepetibles. Ese rasgo singular que deberías dejar de esconder para sanar y compartir con otros.

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En mi caso, ahora miro hacia el futuro y sueño con realizar el libro de mis obras, nutriéndome de otras herramientas y recursos como por ejemplo la fotografía artística.

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