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El papel del papel

Tiempo estimado de lectura: 10 minutos El deseo de los dueños de los periódicos no es incentivar el derecho a la información. Detras de los titulares, sobre el papel, se esconde una industria feroz.

Tiempo estimado de lectura: 10 minutos

Por Ariel Robert (arielrobert1@gmail.com)

La lluvia más convincente que pude ver fue aquella que nunca precipitó. Un efecto especial usado en un programa radial, a principios del decenio de 1970. Los locutores intérpretes (entre los que se encontraba la voz inconfundible de mi padre), mantenían un diálogo costumbrista mientras se ilustraba el ambiente con ese sonido, el de una lluvia intensa. La idea es hablar del papel del papel, pero primero, un recuerdo.

Ingresé al estudio de la emisora buscando algún chaparrón interno que me explicara lo que había visto a través del oído, pero la humedad era inexistente como en aquellas jornadas de viento zonda. Nada de agua. La persistente lluvia se explicaba con un retazo de papel celofán que se arrugaba aproximándolo al micrófono.

Una mano manipulando un papel celofán, apretándolo con la parsimonia que requiere el ritmo de la lluvia. Suficientes elementos para entender cuál es la distancia que separa lo que vemos y lo que creemos haber visto.

Atravesando varias décadas adentro del vientre de medios de comunicación, cabalgué los muchos cambios -avances tecnológicos-, que esta industria viene experimentando.

Los métodos de producción y reproducción que los diarios han utilizado desde sus orígenes hasta la actualidad han variado. Desde las enormes linotipos que escupían letras de plomo, hasta la policromía que admite el offset, sistema que además de incrementar de modo sustantivo la calidad de impresión y el registro de las imágenes, posibilita una velocidad capaz de editar miles de ejemplares en pocos minutos.

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Imprenta Guttemberg. La Biblia fue el primer libro impreso.

La voz de alarma que tantas veces usamos “paren la rotativa” es posible gracias a Richard Hoe, estadounidense que desarrolló esa máquina de generosos cilindros y la patentó en 1846. A la vez, esto fue posible gracias a otro emprendedor -en este caso inglés-, quien años antes (en 1807) había diseñado la primera máquina para fabricar papel continuo. Henry Fourdrinier imaginó rollos de miles de metros que prometían kilómetros de progreso y su máquina lo logró, aunque él no obtuvo los beneficios sino demasiados años más tarde.

Quienes esto pueden leer hoy, lo hacen prescindiendo de la materia física, tangible, mensurable, pasible de ser arrancada y buen combustible para el fuego, me refiero al papel. Sin embargo, todas las especulaciones que el enorme desarrollo científico y tecnológico sugería, no se cumplieron hasta hoy. Y no parece fácil que los vaticinios se consagren en el corto tiempo.

Del papiro egipcio hasta nuestros días

Según dicta la historia, los antecedentes del papel podemos encontrarlos cinco mil años atrás y en Egipto. Los papiros tuvieron origen en el Nilo. El tallo de esa planta acuática (papiro, científicamente Cyperus papyrus), fue el apto para que pudieran conformar láminas lisas y sobre ellas, plasmar los mensajes.

La fragilidad de esos papiros dio paso a otro sistema. De lo vegetal a lo animal. Los pergaminos. Cuero tratado para poder escribir sobre él, flexible para poder enrollarlo y más durable, cuestión de preservarlo como documento inalterable.

Así como en los inicios de nuestra enseñanza lo primero que debemos hacer es consignar en el cuaderno el lugar y la fecha, la creación del papel tiene como fecha de origen el año 105 de nuestra Era, en la región central de la actual República Popular de China.

La dinastía Han, al parecer, ya padecía abundancia de burocracia y demandaba enormes cantidades de papel. Hasta ese momento, la producción de láminas era muy trabajosa y lenta. Fue Cai Lun -servidor del emperador He – quien le llevó la solución. Cai Lun, el eunuco consejero de He había ensayado con la pulpa de maderas de mora y bambú, y también con la utilización de trapos y redes de pescar en desuso. Según los especialistas, aquella pasta no difiere en mucho de las actuales y aquél permitió un precario pero muy eficaz sistema industrial del papel.

Siglos transcurrieron hasta que el papel fuese difundido en Europa occidental. Y fueron los árabes quienes llegaron con esta invención en el año 700, luego de someter a los chinos y obligar a esos prisioneros para que les enseñaran el método de fabricación de papel.

Gütenberg y Andahazi

Haya sido o no Juan Gütenberg el creador de los tipos móviles (Federico Andahazi, el hombre que borró todos sus tuits de apoyo político a Mauricio Macri al darse cuenta de lo que defendía, sostiene en su novela ‘El Libro de los placeres prohibidos’ que el alemán fue un ladrón e impostor que se apropió de un invento ajeno), fue el sistema de imprenta lo que propició el auge en el uso del papel. Y tal como está documentado, la Biblia fue la primera y más importante multiplicación de ejemplares de un mismo texto. En esto sí coinciden en creer inclusive los agnósticos. La alfabetización universal puede utilizar ese hito como el fundante.

Resulta inevitable asignarle al papel un lugar de privilegio en la historia de las comunicaciones y de la educación. Tanto que, aún en este incipiente 2019, un descubrimiento científico, un hallazgo astronómico o la constatación del beneficio que algún novedoso tratamiento médico produzca, requieren de su correspondiente publicación en las revistas que legitiman tales avances (Nature; Science; Astronomical Journal; Physical Review; Heredity).

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La pastera ex Botnia, hoy UPM, foco de un conflicto entre Argentina y Uruguay por los vertidos contaminantes en el río.

La metamorfosis industrial

La metamorfosis industrial devenida en generación de satisfactores personalizados irrumpió en este campo -de la industria del papel- como en tantos otros, con un perfil amenazante. A mucho de andar por la ruta informática y virtual comprobamos no se ha cumplido el catastrófico presagio -la desaparición de la producción de papel a gran escala-. Por consecuencia, tampoco se han logrado mitigar con mucha eficacia aquellos aspectos negativos que la fabricación, el uso indiscriminado y la voracidad capitalista aportan desde esta industria, aunque envuelta para regalo, no sea muy notoria.

A cualquier humano contemporáneo puede resultarle indiferente la actividad fabril del papel, pero no resulta inocua. Y toda conducta de consumo implica una cuota -aunque mínima- de responsabilidad.

La transformación y el impacto que el papel genera en la naturaleza son gravitantes por varias razones. La primera (obvia) es que la pasta de celulosa se logra a partir de la madera –tal como lo desarrolló aquel idolatrado consejero chino-, y la implantación de árboles (forestación intencional) abastece menos del 40% de lo que se utiliza. Abreviando, según informes de PNUD (Programa de Naciones Unidas para el desarrollo), el 60% de la tala sigue siendo sobre los bosques y extensiones forestales pre-existentes a la siembra humana. Sin eufemismo, bien podemos denominar esa tala como depredación vegetal.

El intensivo uso del agua que exige esta actividad industrial se asocia -peligrosamente- a un buen descubrimiento que data de 1774. El cloro elemental. Esta sustancia química fue vital para el desarrollo de la industria ya que logra separar las fibras de la pulpa de la madera y además consigue blanquear lo que naturalmente no podría ser de una tonalidad muy diferente a las especies más utilizadas. Pino, eucalipto y otros coníferos que de ninguna manera son blancos.

Este cloro, sumado a la lignina de la madera es lo que provoca la existencia de dioxina, lo que ha provocado tragedias ecológicas, con enormes riesgos para la salubridad animal (incluidos nosotros, los animales lectores).

El destino de los árboles

El 20% de los árboles talados en el planeta tiene como destino la fabricación de papel. Y, según el tipo de papel, se utilizan entre dos mil y tres mil quinientos kilos de madera para cada tonelada.

Según la WRM (Movimiento mundial por los bosques tropicales, por su acrónimo en inglés), para conseguir una tonelada de lámina de papel se utilizan 17 árboles y 100 metros cúbicos de agua, promedio. Y son los países del Norte, muy especialmente Estados Unidos adonde el consumo per cápita supera 7 veces el promedio mundial. Son 48 kilos por persona por año, mientras que en el país en el que fabrican más dólares, el consumo supera los 335 kilos por persona.

Cuando las organizaciones del ambiente acentuaron sus luchas para disminuir el uso de la madera en la fabricación del papel, las grandes industrias del sector elaboraron un documento en el que se establecía una comparación entre los consumos de papel blanco, tipo bond y de menos gramajes como es el que utilizan los periódicos, y la alfabetización y niveles elevados de lectura. Este informe fue desacreditado, según señala Guayubira, una organización ecológica uruguaya, cuyos responsables hicieron un pormenorizado trabajo que desmorona aquella inferencia.

Ni más alfabetizados ni más lectores, algo que la PNUD confirma. Según las cifras, en el período comprendido entre 1961 y 2002 se incrementó el consumo de papel 423% y en nada obedece a algún estallido gráfico ni cultural, sino a los empaques y embalajes, a la puesta en valor del packaging, con diseños vistosos y mucho más atrayentes que el contenido de los mismos.

Aunque la American University de Washington sostiene que el 92% de los estudiantes fija mejor los conceptos cuando lee desde las hojas de los libros en vez de hacerlo por aquí, a través de pantallas, el dato no alcanza para explicar que -contrariamente a la evolución estimada desde la propagación mundial de internet-, los índices de crecimiento se mantienen constantes.

Para comprender el por qué del incremento del 5,6% que obtuvo la industria del papel en el comparativo 2016-2017 (datos suministrados por Europapress.es, que aún no procesa los de 2018), hay que contemplar que esta industria es muy abarcativa y diversa. Se ocupa de cuestiones que en nada se emparentan con la era del conocimiento, ni con el romanticismo que pudo despertar ‘El cartero de Neruda’ (Ardiente paciencia, novela de Antonio Skarmeta) y tampoco con textos de una comunidad ilustrada.

Supera el 40% del volumen en esta actividad lo inherente al sistema de comidas chatarra; al cartón para proteger electrodomésticos; a productos de higiene y cosmética; y otro tanto al uso en envoltorios para bolsas de cemento, cal, azúcar, harina, y a la modalidad de bolsas para el abastecimiento familiar, que de a poco van reemplazando a las aún más contaminantes y no reciclables bolsas de plástico (de polietileno en su mayoría y policloruro).

La facturación anual de la industria papelera y de celulosa en el mundo es superior al PBI de, al menos, 75 países. Y poco importa de qué lado del hemisferio nos encontremos y en qué vereda decidimos transitar bordeando la grieta, igual vamos a coincidir que esta industria es mucho menos observada que otras de menor impacto ambiental, precisamente porque cuenta con la prensa a favor o el favor de la prensa, como prefieran.

Protestas por Botnia

A todas y todos los nacidos en Argentina o en Uruguay antes del año 2000, les resultará familiar el nombre sueco Botnia, el sustantivo “pastera” y la localidad Fray Bentos. Esa protesta sostenida y enjundiosa por la instalación de esa empresa en las márgenes del Río Uruguay -persistente y combativa-, gozó de menor visibilidad que la que sectores rurales promovieron ante el tratamiento legislativo para la implementación -o no- de aquella famosa resolución 125. Y no es casual ni inocente. Es deliberado y programado.

A propósito, y aunque revista una intención altruista, no es culpabilizando al individuo en solitario como se puede impedir el uso intensivo -y en gran porcentaje innecesario e indiscriminado- del papel y los subproductos. Basta con observar los recipientes al pie de los cajeros automáticos para comprobar que el papel sigue estimulando mayor confianza.

Tampoco hay que omitir del análisis que la cadena completa de esta actividad es nociva para el ambiente. Desde la tala, pasando por los productos usados para el blanqueo llegando hasta la eliminación de sus desperdicios en vertederos, cuya emisión de gases colabora con el efecto invernadero. Dañino pero necesario y placentero como el amor, podría escribir algún poeta errante sobre el papel de una servilleta.

Todas las conjeturas en torno a su desaparición, hasta el momento, carecen de sólidos argumentos, a pesar de que el 37% de los residuos sólidos del Planeta están constituidos por cartones, papeles, desechos de embalajes y envoltorios.

De qué se trata la industria del papel

Hay que admitirlo, la bocina del cartero es infrecuente, pero se estima que se imprime al menos el 5% de los más de 10 mil millones de correos electrónicos (sí, 10 seguido de nueve ceros) que se envían por día, según el reporte en línea que ofrece Worldometer, cifra que supera ampliamente los antecedentes epistolares más auspiciosos en el universo.

La alteración que produjo esta industria en la de alimentos es de tal magnitud que impide hacer un riguroso detalle. Modificó hábitos y redujo puestos de trabajo en las últimas líneas de consumo, ayudando al avance monstruoso de súper e híper mercados pisando a los almacenes de barrio y transformando al comercio minorista en una inmobiliaria de marcas.

Que el vino -bebida nacional- sustituyera el típico envase de vidrio por el cartón (conocido como “tetra”) insinúa de qué se trata la industria del papel. Que aún hoy exista el contado rabioso, está más avalado por la fabricación del papel moneda que por las posibilidades que ofrecen los medios electrónicos. También manifiesta que hay Estados soberanos que prefieren mantener vivo el recuerdo de sus próceres en vez de privilegiar a la otra fauna, igual de autóctona pero iletrada.

Sin pretender embriagar con datos y mucho menos demonizarla, para dimensionar su participación y alcance, hay que ubicar a esta industria entre las cinco que más energía demandan para su actividad, lo que también les posibilitó producir en el último año y según estimaciones del sector, 430 millones de toneladas métricas. Si acaso a algún encendido detractor de este tipo de fábricas se le da por llorar, considere que dentro de ese enorme caudal de papel, también se encuentran los cómodos y saludables pañuelos descartables.

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El deseo de los dueños de los periódicos no es incentivar ni proteger el derecho a la información.

Libertad de empresa, no de prensa

La omnipresencia de pantallas, led, back lights, pc, notebooks, teléfonos móviles, tablet y la amplia cobertura de servicios de banda ancha de internet en poco han afectado al uso del papel, aunque la curva comience a atenuarse.

Probablemente la elucubración de Ray Bradbury en su novela Fahrenheit 451, en la que “bomberos” quemaban libros para someter a la sociedad a un monolítico discurso, sea innecesaria ya que no será la temperatura de las llamas lo que podrá acabar con una cultura heterogénea, instruida, atenta y solidaria, sino el exceso de consumo que viene a subrogar al placer que propicia el pensamiento reflexivo.

Del papel que juega el papel en la actualidad se sabe poco. La especulación con la que concluimos: así como a la historia la escriben los que ganan, los títulos de tapa los deciden los dueños de los periódicos, verdaderos titulares de la libertad de empresa, que aunque se parezca, no es igual a la libertad de prensa. Y aunque pueda estar impreso en algún manual, no tienen como principal propósito incentivar y proteger el derecho a la información.

Fuentes consultadas por el autor:

FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, ONUAA).

PNUD (Programa para el Desarrollo de la Organización de Naciones Unidas).

Sistema Argentina de Certificación Forestal (CERFOAR).

Instituto Nacional de Tecnología Industrial – Centro de Investigación para el Estudio de la Celulosa y Papel (INTI CICELPA).

Worldometer.com.

Guayubira.org.

WRM –Movimiento mundial por los bosques tropicales.

World Association of Newspapers and News Publishers.

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6 thoughts on “El papel del papel

  1. Muy buena descripción de lo sucedido desde el origen del papel !!! Me gusto la comparación de credibilidad con el dinero , seguramente en un futuro , no muy lejano , también en la moneda se tomarán estas mismas medidas , en mi opinión se perderá la trascendencia !!!

  2. Muy buen comentario, pero desde la última mitad del siglo pasado. Que en el país se fabrica papel con fibras alternativas como el bagazo de la caña de azúcar (en el país hay 2 fábricas), además desde el principio de este milenio ya NO se usa el cloro para el blanqueo de fibra sino que se usa peróxido de hidrógeno (conocido comúnmente como agua oxigenada) además de oxígeno, ozono, etc. Que evita la producción de productos clorados.
    En lo económico estoy totalmente de acuerdo con usted.

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