El legado de Alejandro Sabella

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos La partida de Alejandro Sabella, exjugador y seleccionador argentino, ha dejado un vacío difícil de llenar. La capacidad, sabiduría y humildad de un gran líder.

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Por Alejandro Mariotti (alejandrosmariotti@gmail.com)

Pachorra no era sólo un director técnico de fútbol. Querido, admirado y respetado a nivel mundial, los valores de Alejandro Sabella excedían lo meramente deportivo y merecen ser ponderados y difundidos.

En el legado del recordado jugador y entrenador de fútbol se encuentra la transmisión de valores como el respeto, la integridad, el compañerismo, la honestidad, la lealtad, el amor, la dedicación y el trabajo digno, entre muchos más. Una conjunción de grandes atributos que lo caracterizaban y lo definían como un ser noble que obraba a favor del bienestar y promovía y aspiraba, siempre con un perfil bajo, a que los seres humanos fueran mejores como individuos y con nuestros pares.

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Alejandro Sabella ha dejado una huella humana muy importante además de la deportiva.

Un entrenador exitoso

Su carrera como entrenador comenzó en 1990, como ayudante de campo de Daniel Passarella. Más tarde, junto con el Kaiser, tuvo dos ciclos en River Plate en Argentina, Parma en Italia, la selección de Uruguay, Monterrey en México y Corinthians en Brasil.

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El pésame de la Asociación Uruguaya de Fútbol difundido a través de sus redes sociales.

En marzo de 2009 empezó a transitar su camino en forma solitaria. Su primer equipo fue Estudiantes de La Plata, donde obtuvo la Copa Libertadores de América de ese año y después el torneo local Apertura 2010. Estos logros hicieron que Julio Grondona lo convocara para que se hiciera cargo de la Selección Argentina. Bajo su conducción, el seleccionado llegó a la final del Mundial de Brasil 2014, donde perdió (0-1) la final con Alemania en el legendario estadio Maracaná.

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La Asociación de Fútbol Argentino (AFA) despidió con gran pesar
al último DT que llegó a una final de la Copa del Mundo.

De sus logros deportivos se ha escrito mucho antes y después de su fallecimiento. Lo que está pendiente es resaltar los valores humanos de aquel ayudante de campo en una cancha de fútbol devenido en un ejemplo de vida. Un profesor que aún en las derrotas y en los momentos difíciles, constantemente anhelaba el bienestar de las personas y apelaba a la solidaridad. Sin rencores, revanchas, reproches ni egoísmos, siempre apostó a las construcciones colectivas, muchas de ellas plasmadas en frases inolvidables de su filosofía de vida.

Una de ellas, en marzo de 2019, hizo estallar en aplausos al público en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, cuando se presentó el libro ‘Hablemos de Sabella’ de Paulo Silva: «Más nosotros y menos yo, más grupo y menos individuos».  

Un ejemplo de su calidad humana se manifestó cuando en abril de 2013 la ciudad de La Plata se vio afectada por un temporal que causó innumerables destrozos y se llevó la vida de casi un centenar de personas. Allí, Pachorra alojó en su casa a damnificados, asistiéndolos y alimentándolos. Pese a su admirable comportamiento, no quiso que se lo fotografiara. El altruismo es una de las tantas facetas que le distinguían. No le importaban la fama ni el reconocimiento por su gran gesto, ya que lo que siempre lo movilizó fue el prestigio.

Amor a la patria y compromiso social

También enfiló su sentido educacional hasta lo más alto. En 2011 fue presentado como entrenador de la selección nacional de fútbol y una de sus frases causó gran emoción cuando afirmó: «allí tenemos la bandera, creada por Manuel Belgrano. El dio todo por la patria, dejó su sueldo, murió pobre. Es el ejemplo a seguir: el de poner el bien común por encima del individuo«.

Una muestra de lo que buscaba transmitir: subrayaba el sentido de pertenencia, la identidad nacional, trataba de unir los valores y los símbolos que identifican al país, y ansiaba representarlo dignamente en todo mometo y lugar, con humildad y honestidad. Para ello, parafraseando a Gandhi, señalaba: «con una humildad que nunca deberíamos perder, porque si en algún momento eso sucede, estaríamos poniendo un ladrillo para la creación del edificio de nuestro fracaso».

El legado de Sabella ha dejado huellas imborrables en grandes futbolistas, algunos en actividad, como Lionel Messi y Sergio Agüero, y otros retirados, como Javier Mascherano y Juan Sebastián Verón.

Promovió un liderazgo profundamente humano, dotándolo de compromiso, causas, emociones y sensibilidad social, exhibiendo un camino a través de la buena conducta. Su carisma trascendió camisetas y fronteras ya que, incluso, fue respetado y admirado por sus rivales, sin importar su procedencia.

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Sabella con Javier Mascherano, un capitán a la medida del entrenador.

Fue un maestro dentro y fuera de una cancha, que se mostraba como un férreo defensor de la escuela pública, motivando a los jóvenes a que lucharan por sus sueños y tratasen de generar un mundo más justo e igualitario. «Rebélense, luchen, busquen sus sueños. Busquen, fundamentalmente, la verdad. Tiendan un puente de plata hacia aquel que piensa diferente a ustedes, tiéndanle la mano y abran su corazón», una frase que lo pinta de cuerpo entero.

Marcas y recuerdos de por vida

En diálogo con El Café Diario, Claudio Gugnali, exjugador de Estudiantes de La Plata, ayudante de campo de Sabella en el club ‘pincharrata’ y después en la selección argentina, expresa algunas palabras en recuerdo de su amigo y compañero: «compartimos muchas charlas. No sólo de fútbol, sino sobre la vida. Teníamos una muy buena conexión. El recuerdo que me dejó es enorme. Un gran respeto y la admiración que yo sentía por él, admiración que siento por muy pocas personas de la manera que lo he sentido por Alejandro».

Aunque reconoce que aún le cuesta hablar de Pachorra, Gugnali asegura que «las enseñanzas que dejó son la simpleza, la humildad, la capacidad, los modos, el respeto, valores que van pasando de moda y que cada vez se utilizan menos, lo que provoca que estemos como estamos. La paciencia, la capacidad, el fundamento, todas esas virtudes que muy pocas personas poseen y que Alejandro tenía».

Es cierto que el ser humano puede mejorar como tal. Tanto lo interno como las actitudes de cada persona deben fomentarse de manera sana para lograr cambios positivos. Hay enseñanzas que quedan para siempre. Y los valores que Pachorra exhibió a través de su conducta y su trabajo, son inolvidables. Quedarán guardadas en las mentes y, por qué no, en los corazones de quienes tuvieron el placer de conocerlo o de oírlo, ya sea en una charla o a través de la televisión.

Los más jóvenes también pueden aprender de lo que el Profesor Alejandro Sabella ha dejado, porque transmisiones y enseñanzas de este tipo perduran en el tiempo. Tal como el cariño y la simpatía que generó con su perfil bajo y humilde. Sí, Sabella lo hizo. Nos mostró que podemos ser mejores.

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