El celular puede generar adicción

Por qué el teléfono se vuelve un problema cuando su uso cotidiano se torna incontrolable. La palabra del experto.

Por el Lic. Facundo Michelena

A varios años de haber entrado al nuevo milenio, el siglo XXI nos encuentra con un gran desarrollo en los medios de comunicación, la publicidad y, en especial, la tecnología. Es una época de mucha vorágine y aceleración, en la que los individuos sienten la necesidad de estar conectados siempre con quienes se relacionan. En ese contexto, el celular es el sistema perfecto para vincularse en el presente contexto que nos rodea.

Cuando comenzaron a aparecer los primeros celulares, aquellos viejos armatostes estaban relacionados a las personas empresariales o a los fanáticos de la tecnología. Pero la mayoría de las personas tardó un buen tiempo más en saber de qué se trataba. A medida que el uso de los teléfonos portátiles fue avanzando, se integró más en la sociedad. Hoy, la mayoría de las personas de diferentes edades y clases sociales tiene un celular. Las razones varían.

Más que un medio de comunicación

El celular apareció como un recurso más a los medios de comunicación y su evolución fue tan rápida e integrativa en nuestra vida cotidiana que ahora no podemos pensar en salir de nuestra casa sin él. Dejar la puerta de casa sin el celular a cuestas nos suele provocar una sensación similar a la que experimentamos cuando nos olvidamos las llaves. Muchas personas duermen con el teléfono siempre alerta o lo encienden apenas se levantan. Del mismo modo, a menudo lo último que hacemos en el día es apagar nuestro celular.

Para muchos el celular es un compañero inseparable
Para muchos el celular es un compañero inseparable

En este contexto, no sería extraño pensar que, para muchos, el celular se convirtió en un compañero sin el cual la vida se nos vuelve difícil. Pero, ¿lo podemos considerar verdaderamente una adicción?

La palabra “adicto” deriva de la Antigua Roma. Cuando un ciudadano no podía pagar una deuda entregaba su vida como esclavo, es decir, adicto.

Ser esclavo remite a una dependencia de algo. Ese algo, por su parte, tiene una influencia tan grande sobre nosotros que no podemos liberarnos. Así, podemos ser adictos al celular, pero también a la televisión, al trabajo, a la comida e incluso al amor. La lista puede ser interminable.

Hay mucha gente que es celu-pendiente. Miran cada tres minutos el celular para saber si recibieron algún nuevo mensaje, no pueden dejar de apagarlo por completo en sus momentos de relajación, y permiten que el aparato interfiera con todas sus otras actividades. Son personas que viven pendientes aún estando con otros.

Radiografía de una adicción

Las drogas legales y las ilegales pueden provocar en el ser humano una dependencia tanto psíquica como física. Son consideradas adictivas y a menudo causan enfermedades crónicas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay adicciones cuando la dependencia ha alcanzado tal grado que da lugar a trastornos psíquicos, a complicaciones corporales y/o conflictos en las relaciones interpersonales y las funciones sociales.

Es claro que la tecnología está a nuestro alcance para disfrutar de ella. Pero, como reza el viejo refrán popular, es necesario hacer un uso y no un abuso. La necesidad de tener un celular es entendible y sus múltiples usos lo convierten en una herramienta útil en nuestra vida moderna.  Pero muchas veces su uso se vuelve desmedido y posterga nuestros momentos de ocio.

El celular sirve para realizar y recibir llamadas telefónicas, para enviar y recibir mensajes, para conectarse a Internet o sacar fotografías. El problema es que esas funciones suelen mezclarse con nuestras emociones.

Muchas veces la desesperación que genera el enviar un mensaje a alguien y no recibir respuesta de inmediato genera ansiedad. O temor. Tener el aparato encendido siempre, incluso en esos momentos de disfrute personal como por ejemplo en conversaciones con amigos o charlas con la pareja o los hijos, genera un vacío en la comunicación con la persona presente. Es en este punto donde nuestra libertad está siendo cercenada. Nos volvemos esclavos de un objeto. U

Un uso responsable

El problema no está en el celular, sino en el uso que le demandamos al aparato.  Una manera de conocer si la relación que tenemos con el teléfono celular no es sana es realizando el siguiente ejercicio:

El problema puede estar en el uso que le demos al celular
El problema puede estar en el uso que le demos al celular.

Tómese 3 minutos para pensar:

  1. ¿Dejó alguna vez el celular encendido en el cine, teatro o en algún lugar de relajación o disfrute personal?
  2. ¿Cuántas veces por día está pendiente de su celular? ¿Lo mira constantemente? ¿Chequea si tiene nuevos mensajes con frecuencia?
  3. ¿Ha interrumpido conversaciones con alguien, ya sea familiares, amigos, etcétera, para atender un llamado o responder mensajes?

Este es un buen ejercicio para saber cuán dependiente es usted de su celular. Es claro que no hay una adicción porque haya respondido algún mensaje de texto durante una conversación. Pero el uso repetido en momentos particulares de cada uno empobrece las comunicaciones con quien está presente. Se vive un estado de presencia a medias. La comunicación con la persona que tenemos delante no es completa. Si el celular tiene un fin claro es comunicarnos con personas que no están presentes físicamente. Paradójicamente, ese mismo instrumento que nos acerca a algunos, corta la comunicación con quienes tenemos junto a nosotros.

Lic. Facundo Michelena

Facundo Michelena es psicólogo. Su número de matrícula es 37298

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