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Cama afuera en la pareja, ¿opción sana o desamor?

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos Parejas duermen separadas. La tendencia actual de la convivencia con cama afuera genera debate. ¿Opción sana o individualismo?

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Bárbara Guerschman (barbara.guerschman@gmail.com)

Hay una fórmula que se repite invariablemente en los casamientos religiosos. Al concluir la ceremonia, el sacerdote indica a los esposos un objetivo futuro a cumplir: “hasta que la muerte los separe”. Por otra parte, en los casamientos civiles y antes de esparcir el arroz en la vereda, el juez advierte a los flamantes cónyuges la obligación de habitar el mismo techo.

¿Pero qué sucede cuando la muerte se presenta como una posibilidad remota frente a los desafíos más próximos y concretos del vivir juntos? Este interrogante requiere concentrarse en parejas que no responden al mandato de habitar el mismo hogar.

Otra clase de cotidianidad

En inglés, la expresión para designar esta modalidad de vida es “living apart together” (LAT) que puede traducirse como “vivir juntos pero separados”. Es un término acuñado por el periodista Michel Berkiel en 1978. En la jerga local, el término semejante es “camas separadas”. Conformar una pareja pero conservando cada parte su respectivo lecho o casa. En suma, consiste en un vínculo afectivo en el cual se descarta la cotidianidad del día a día, para construir otra clase de cotidianidad basada en encuentros de determinados días de la semana.

Cuando se analiza la forma en la cual estos arreglos fueron tratados en los medios de comunicación, son dos las cuestiones relevantes. La primera, la conformación de las parejas LAT es un fenómeno que atraviesa a diversas franjas etarias y sectores profesionales. Desde solteros hasta divorciados y separados con hijos, pasando por jóvenes, adultos y personas de la tercera edad.

En segundo lugar, en los artículos donde se trata esta temática se plantea una disyuntiva: se destaca la aparente falta de compromiso asociado a esos arreglos o bien se los celebra como una alternativa válida y saludable frente a los contratiempos que supone la convivencia (la negociación constante respecto a los espacios, los gustos, la crianza de los hijos o incluso las decisiones acerca de las economías hogareñas).

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Para muchos, mantener una pareja con cama afuera es una muestra de individualismo.
(Foto Pixabay)

En lo que respecta a la cuestión etaria, según una encuesta publicada por el portal Research Gate en 2013, el 9 por ciento de los adultos ingleses optan por arreglos ‘cama afuera’. De ese 9 por ciento, el 43 corresponde a una franja etaria de 16-24 años, mientras que el 33 por ciento está conformado por personas de 25 a 44 años.

Alternativa para no sufrir

En un trabajo realizado en 2013 en Medellín, la psicóloga Isabel Cristina Bernal señaló como motivación para no convivir la pretensión de no repetir lo que se consideran “errores” previos, producidos en relaciones pasadas donde se optó por la cohabitación. Otra causa es la convicción de sostener la individualidad, la autonomía personal y la relación con los hijos propios, al mismo tiempo que la relación erótica afectiva con un nuevo compañero/a. Por otra parte y de una forma no siempre consciente, se opta por la alternativa LAT para no sufrir o comprometerse de más en una nueva relación.

Tenemos de esta forma a periodistas, psicólogos y sociólogos que pretenden comprender las razones que llevan a descartar la convivencia celebrando, en algunos casos, tal decisión como la conservación de los espacios propios de las personas, junto con la pretensión de preservar el vínculo amoroso. Y en la otra perspectiva se plantea que conservarlos es la expresión de una moderna cultura individualista, centrada tanto en el yo que se deja de lado el nosotros.

Lo que es preciso tener en cuenta respecto a dichos escritos son los interrogantes sobre el compromiso mismo: ¿al estar las parejas LAT tan comprometidas en su modo de vida, dejan de lado un proyecto en común? ¿Cómo se reconfigura hoy día el compromiso en lo que respecta a los vínculos amorosos? ¿Alguien ha interpretado alguna vez a la convivencia misma como una falta de compromiso? ¿Cómo se constituyó y cimentó, por otra parte, esta preocupación tan moderna acerca de la preservación de los propios espacios?

La problemática en la ficción

Esta difícil articulación que se produce entre la pasión y la convivencia se expresó en la miniserie argentina ‘Inconvivencia’, cuya trama gira en torno a la vida de una pareja que transita la década de los treinta años y que decide dejar de convivir, al advertir que sus discusiones son continuas y su relación se ha desgastado. Es él quien inicialmente lo propone para salvaguardar el vínculo y, tras algunas negativas, ella adhiere al arreglo.

Trailer oficial de ‘Inconvivencia’, serie que trató el tema

Si nos guiamos por la disyuntiva señalada al inicio, esta pareja adhiere a una modalidad descomprometida y light, huyendo de las peleas generadas por cuestiones banales y cotidianas. Desde otro punto de vista, buscan evitar el desgaste y el tedio resultante de esas peleas.

Llegado este punto, la propuesta es considerar una tercera perspectiva, teniendo en cuenta que las parejas están en continuo movimiento hacia un futuro desconocido y que, de vez en cuando, deben realizar ajustes para seguir funcionando. Estos ajustes serían como una suerte de “recalculandos” indicados por el GPS urbano al errar el rumbo.

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