El desafío de parir y maternar en la soledad de la cuarentena

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos Lejos de la familia, sin curso presencial de preparto ni visitas al médico acompañada, quienes cursan un embarazo y paren en pandemia viven el reto de maternar en soledad.

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El desafío de parir y maternar en la soledad de la cuarentena

Por Bárbara Guerschman (barbara.guerschman@gmail.com)

Suele decirse que los bebés vienen con un pan debajo del brazo, pero quienes experimentaron un embarazo y un parto saben bien que traer un hijo al mundo genera también un tsunami físico y emocional irreversible. Por una parte, el cuerpo femenino se modifica de forma radical para albergar al bebé y cuando éste nace, la vuelta al estado previo lleva un tiempo considerable.

Al amor insondable y la alegría por la llegada del nuevo ser, a la madre se le suma una montaña rusa de alteraciones hormonales que incluyen la falta de sueño por dormir en períodos de dos o tres horas, los episodios recurrentes de irritabilidad y los miedos acerca del futuro. Es tal el torbellino que impone maternar, que la alegría puede dar lugar a la tristeza o a la melancolía posparto o, en casos más extremos, a la depresión.

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El posparto puede vivirse con altibajos emocionales.

El embarazo y el posparto generan cambios inevitables tanto en el cuerpo como en la psiquis de la mujer y en la dinámica familiar. ¿Cómo se desarrollan esos cambios en tiempos convulsionados por un virus en forma de corona?

Una historia de sororidad

En el film ‘Tully’ (2018), Marlo es una mujer que, después de transitar su tercer embarazo, da a luz a una niña a quien se dedica día y noche, mientras al mismo tiempo se ocupa de las tareas relativas a sus otros dos hijos y al cuidado de la casa. Su marido viaja constantemente por trabajo y sólo la puede acompañar en sus estadías intermitentes.

Protagonizada por Charlize Theron, la película estadounidense pone en cuestión a las revistas femeninas que han generado una ficción acerca del cuerpo femenino después de un embarazo en donde generalmente la madre posa junto al bebé celebrando su pronto retorno al momento previo a la gestación.

El director y la guionista de la película –Jason Reitman y Diablo Cody respectivamente- desmitifican radicalmente esas imágenes y optan por mostrarla a Marlo en su expresión máxima: con un cuerpo modificado lógicamente por los meses de gestación y lactancia, sumado al agotamiento que la lleva a servir una pizza poco saludable en la cena familiar.

El desafío de parir y maternar en la soledad de la cuarentena

A instancias del ofrecimiento de su hermano, Marlo contrata una niñera nocturna y es así como la adorable y veinteañera Tully llega a su puerta. Tully no sólo se ocupa de la bebé por las noches de manera que la mamá pueda dormir, sino que además la escucha y sobre todo, la comprende en su amor por sus hijos y sus frustraciones.

Atravesar el embarazo en soledad

Vivir un embarazo en cuarentena significa sumar los miedos y la incertidumbre acerca de las situaciones potenciales de contagio al ya de por sí estado complejo de revolución hormonal y cambios físicos de los nueve meses de gestación. Además, el período de dulce espera está signado por la distancia física de los familiares.

En ese sentido, Débora (35), ha señalado la desazón que le produjo la ausencia del padre en las ecografías y consultas con el obstetra, ya que debido a los protocolos para evitar contagios de coronavirus, no podía asistir. Asimismo, los abuelos, tíos o primos presenciaron el curso del embarazo a través de las cámaras.

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El embarazo es fuente de alegría pero también de incertidumbre.

Una situación similar vivió Tamara (30 años), ya que su marido la acompañaba al consultorio y la esperaba en el auto. En el caso de Meli, al hecho de estar a solas en el quirófano, sin su pareja, se le sumó el miedo por los contactos del personal médico con la bebé.

Las madres consultadas comentan que la asistencia a los cursos de preparto, que son presenciales en tiempos normales, se llevó a cabo mediante Instagram y por grupos de pares, donde se hablaba de temas como lactancia o vuelta al trabajo. Las pantallas, omnipresentes en este 2020 convulsionado ofician como una forma de suplir la escucha comprensiva en presencia física que ofrece Tully

En esta línea, July hace referencia a los grupos de madres como una compañía tanto en el embarazo como en el posparto. La conversación con otras mujeres en la misma situación, así como la publicación de escritos y la divulgación de sitios en los que se muestra el lado B de la maternidad, ha contribuido a alejarla de imágenes publicitarias edulcoradas.

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La cuarentena impone el reto de maternar en soledad.

El bebé y yo

Mas allá de la lectura sobre la vida posparto, ningún libro puede anticipar la realidad de recibir a un recién nacido. Los autores del famoso libro ‘Qué se puede esperar cuando se está esperando’ no dedicaron ni un capítulo sobre la vida posparto en cuarentena.

Esta última le ha generado una doble sensación a July (35). Por una parte, la tranquilidad al tener la posibilidad de estar a solas con su bebé sin tener que arreglarse para las inevitables visitas familiares en tiempos de presencialidad. Por otro lado, la angustia al tener paradójicamente a la familia lejos: los abuelos conocieron a la bebé por videollamada, sin poder abrazarla o besarla.

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La crianza en pandemia se atraviesa sin compañía.

Que el entorno actual genera incertidumbre no es una novedad, aunque el confinamiento extremo en el embarazo es necesario para evitar riesgos. En el curso de esta situación anómala, las madres recientes y aquellas en vías de serlo, esperan un porvenir mejor. En este sentido, Meli (20 años) reconoce la tristeza y ansía salir con la bebé para que sus allegados la conozcan, pero confía en que la situación no es eterna, aunque a veces lo parezca. En esta coyuntura, la socialización de la mamá y el recién nacido, inevitablemente está signada por las pantallas.

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