Jugador en el casino

El ludópata tarda en reaccionar y darse cuenta de su adicción al juego.

Cuánto tiempo tarda un jugador compulsivo en pedir ayuda

El pedido de ayuda que haga el ludópata puede demorarse más de la cuenta, causando aún más daños colaterales.

Por la Lic. Silvina Herlein

¿Por qué tarda tanto en hablar de lo que le pasa una persona que no puede parar de jugar? ¿Por qué la consulta a un tratamiento se demora? ¿O es que sólo pide algún tipo de ayuda después de perderlo todo?

Estas y otras preguntas son las que se suelen hacer tanto la familia como los profesionales que atendemos este tipo de presentaciones clínicas. Muchas veces la gente llega a la consulta en situación de alguna emergencia subjetiva o crisis.

Hacer foco en el tiempo

A medida que pasa el tiempo, el jugador se aferra mucho más al juego, lo que provoca que la relación que quizá al inicio fue placentera y controlada, pase a ser tóxica y excesiva en referencia a su uso.

Aparecen pérdidas cada vez más evidentes en lo económico, desencuentros en el amor, ausencias, angustias, mentiras, deudas y la desesperación para ir tapando el problema.

Personas tomadas y enredadas en torno al juego, esclavizadas en el acto de jugar.

Como en otras adicciones, aquello que aqueja al ludópata es egosintónico. Es decir, no le genera un malestar subjetivo, no sufre directamente su acto de jugar, sino las consecuencias del mismo. Una de las cuestiones presentes en el jugador adicto es lo solitario de su actividad. El juego no es algo que quiera compartir con otros. El lazo al otro puede verse interrumpido como sucede también en las toxicomanías y en otras adicciones.

Al no reconocerlo como un problema, es muy difícil que el jugador comparta con alguien lo que le sucede. Al creer en la magia del azar, busca la solución jugando, cree que “solo puedo controlarlo”. Sigue jugando hasta perderlo todo. Se da todo un circuito de pérdidas del que es muy difícil que salga solo.

Por lo tanto la consulta o el pedido de ayuda se demora bastante, pero puede llegar a surgir luego de una emergencia subjetiva. Esto es: luego de una crisis en la vida del jugador, a la irrupción de algo inesperado, algún quiebre que le permita detenerse y salirse por un momento de la compulsión al juego.

Registro del problema

De modo que algo en algún momento falla. Algo de esa función tóxica que puede venir a ocupar el juego compulsivo en la vida psíquica de un jugador, deja de funcionar y es posible que recién allí pueda implicarse subjetivamente en lo que le sucede para pedir ayuda.

El encuentro con alguna pérdida, con cierto dolor, puede posibilitar que haya algún registro subjetivo del problema, que algo se conmueva en ese goce del jugar, autoerótico y devastador.

Advertimos quienes trabajamos con esta problemática, que algo del alivio subjetivo se produce cuando es posible hacer circular algo de ese goce a través de la palabra, un goce que se tornó nocivo, aunque le cueste renunciar a él.

Y cuando hablamos de goce no nos estamos refiriendo a lo placentero, sino todo lo contrario ya que se presenta desamarrado y sin límite, es próximo al dolor, al sufrimiento.

En la mayoría de los casos acude primero la familia a consultar, la demanda suele ser desesperada, se hace presente el enojo y el no saber cómo ayudar, cómo intervenir.

Alojar el pedido de ayuda de la familia es sumamente importante, no sólo porque el familiar puede empezar a ubicarse de otro modo frente al problema instalado, sino también acompañar en los diferentes momentos que atravesará el paciente en el tratamiento.

Si finalmente el jugador llega al tratamiento, será en dicho espacio donde se podrán empezar a ubicar las coordenadas subjetivas y reales de ese padecimiento, localizando la función que viene a tener el juego en la vida de dicha persona. Se logrará de este modo alguna modificación en torno a ese modo único y tan particular de goce en torno al juego.

Lic. Silvina Herlein
Lic. Silvina Herlein

La Lic. Silvina Herlein es psicóloga y psicoanalista. M.P. 52794. Terapeuta de ‘Lazos en juego’.

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