Coronavirus, entre apocalipsis y quiebre de la vida cotidiana

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos El coronavirus quiebra la rutina en a vida cotidiana y aviva el temor de asistir al apocalipsis tantas veces retratado por el cine y la literatura.

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Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Bárbara Guerschman (barbara.guerschman@gmail.com)

La vida cotidiana está signada por la rutina de una forma tan marcada que, cuando algún evento extraordinario la altera, aparece irremediablemente la desorientación. A causa del coronavirus, en los próximos días del mes de marzo y quién sabe por cuántos meses más, ese desequilibrio, esa perturbación, va a ser la sensación predominante en un contexto de aislamiento social obligatorio ordenado e impuesto por las autoridades con el objetivo de evitar las situaciones de contagio.

Tras haber visto tantas películas y series referidas a mundos post apocalípticos, aquél panorama está, en cierta forma, a la vuelta de la esquina. ¿Pero en qué consiste finalmente el quiebre en la rutina retratada en films y series?

El término apocalipsis proviene del griego apokálypsis que significa descubrimiento o revelación. Pero cuando se habla de escenarios apocalípticos en el campo de la literatura y el cine, el sentido difiere de la acepción religiosa y remite a la destrucción o colapso del planeta tierra. Una hecatombe que conlleva al final de una era como un desastre cósmico, nuclear o ecológico.

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El coronavirus representa el quiebre de la vida cotidiana,
tantas veces retratado en el cine y la literatura.

La intención de este artículo no es hacer un tratado académico de los productos audiovisuales en los cuales se retrató esos escenarios sino de entender, a través del examen de dos películas, cómo las personas implicadas en estos sucesos experimentan la degradación progresiva de su mundo debido a sucesos disruptivos.

En lo que respecta a la cotidianeidad, los humanos somos muy frágiles y un virus no sólo representa una amenaza a la salud sino a la seguridad ontológica como denominó el sociólogo Anthony Giddens a la conciencia práctica que guía diariamente la acción. Una conciencia que no siempre es consciente. Tomando como base a esta conciencia se desarrollan sentimientos como la confianza y la seguridad como fundamentos del yo que lo resguardan de peligros potenciales como las situaciones de riesgo: pestes, guerras y desastres ecológicos.

Criadas, represión y política


En 2017 se estrenó la primera temporada de la serie El cuento de la criada basada en el libro de Margaret Atwood en el cual se describe un futuro signado por la brusca caída de la natalidad debido a la propagación de enfermedades de transmisión sexual y la contaminación ambiental. Los derechos civiles de la protagonista, llamada June, se ven amenazados cuando se instaura un régimen teocrático, fundamentalista y totalitario, la República de Gilead.

Casada y con una hija, June pierde su empleo y debe recurrir a su marido para manejar dinero, a la vez que es cuestionada en un hospital por salir a trabajar y dejar a su niña enferma en el colegio. Progresivamente se instaura un régimen conservador que atenta contra las mujeres y las minorías. El quiebre en la cotidianeidad y la confianza de June en las instituciones se producen cuando la protagonista observa pasmada en la TV cómo el presidente de Estados Unidos es asesinado, lo que genera una guerra civil. Ella entiende, de una forma trágica, que los derechos señalados distan de ser naturales y que, por el hecho de ser una mujer fértil en un mundo dañado por la infertilidad, puede ser atrapada como presa o, más bien, como una criada.

Tecnología, mi enemiga

Al inicio de la película Terminator estrenada en 1984, Sarah Connor es una despreocupada mesera que vive con una amiga en un departamento del suburbio de la ciudad de Los Angeles. Al interactuar con dos personajes que vienen de un sombrío futuro –Kyle y el Cyborg– cae en la cuenta de que su propio futuro siempre será oscuro debido a la irresponsabilidad humana. El hijo de Sarah, llamado John, envía a Kyle para advertirle a ella que el implacable Terminator tiene como misión exterminarla para que nunca de a luz a quien se instituye como héroe contra la tecnología vuelta en contra de la humanidad.

El quebranto en la seguridad de Sarah se va produciendo cuando asume sin contemplaciones que su misión, a lo largo de toda su vida, consistirá en criar a su hijo como salvador, procurando evitar que las computadoras se desboquen y se rebelen contra sus creadores. En un ataque de terror y rebeldía contra tal misión, Sarah increpa a Kyle señalando que no es la heroína apropiada ya que ni siquiera puede organizarse con las cuentas de su casa. Algo que francamente no tiene relevancia en un futuro militarizado.

Enfermedades incontenibles

En estos días, la ruptura en lo cotidiano no se produce por computadoras que están fuera de control, recreando el mito de Prometeo. Tampoco se produce frente al advenimiento de una sociedad totalitaria junto con el descenso de natalidad. El quiebre inmediato se ha producido al generarse una amenaza global a la salud y la vida, materializado en un virus que recorre el planeta y cuya potencialidad de contagio es pasmosa. Como si lo anterior no bastara, ha generado consecuencias económicas, sociológicas y ecológicas que apuntan a extenderse por años.

Desde hace algunas semanas, y con la velocidad con que una noticia relevante se dispersa por el planeta, el mundo se ha paralizado. Fronteras cerradas, inmovilidad forzada de la población, economías en estado de shock. El atávico temor al otro como vector de contagio genera temor y una amenaza a nuestra diminuta seguridad, lo cual se refleja en los productos audiovisuales que retratan futuros distópicos. Es la posibilidad de que nuestra rutinaria y pequeña vida cambie irremediablemente para bien o para mal, para dar lugar a un nuevo y desconocido escenario.

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