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Contra la ignorancia y la mentira, más lectura

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos La lectura permite sobrevivir a la inoculación de ignorancia y mentira. En tiempos de sobre información y fake news, es vital prestar atención a lo importante.

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos

Por Ariel Robert (arielrobert1@gmail.com)

La cantidad de información general que circula en nuestras vidas, es inabordable. Y administrarla con eficiencia se torna imposible. Pero se hace necesario apostar a la lectura y a discernir, para darle batalla a la ignorancia y a la mentira.

Algunos años atrás alguien perdió bastante tiempo en descifrar cuánto tiempo podría insumir leer completamente un diario edición dominical, precisamente el New York Times

Desde los títulos de tapa, hasta los obituarios y avisos clasificados. Los suplementos y revistas. Tiempo para esa ominosa tarea: más de un mes dedicándole ocho horas diarias. Sí. Según esos informes, leer mil palabras insume entre 5 y 8 minutos con un ritmo dentro de parámetros promedio. O sea, la cantidad de información, noticias, artículos, opiniones que se omiten superan ampliamente a aquellos que se leen y se conocen. 

Este dato habla claramente de que la ignorancia supera por goleada a la ilustración. Y este fenómeno tiene historia. 

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Cuando se dice con ligereza que las personas ya no leen como antes, es la demostración más cabal de otros dos fenómenos concurrentes: la ignorancia y la mentira

Cuando el maestro (Domingo Faustino Sarmiento) por excelencia asume la presidencia de la Argentina, en 1869, instruye el primer censo del país. Se detecta en ese relevamiento social que las personas mayores de 14 años que no sabían leer ni escribir alcanzaba a más del 80 por ciento de la población. 

Intentemos una acabada comprensión. Los diarios de aquellos tiempos, como el debutante diario La Nación -fundado en 1870- del expresidente Bartolomé Mitre sólo podría ser comprendido por un escaso 19 por ciento, siempre que tuviesen las monedas suficientes, algo improbable para los que no pertenecían a las élites económicas. En resumidas cuentas, acaso un 3 por ciento de la población era quien le transmitía al resto de los habitantes la información relevante, previamente seleccionada de entre muchas, por los propios editores. 

Inevitable citar el gran aporte de Sarmiento. A fines de su mandato redujo la tasa de analfabetismo al 63 por ciento. Asimismo esto no propició el acceso de esa nueva población lectora al contenido de los diarios, por lo que la agenda seguía en idénticas manos. 

Veremos que en 1947 la reducción de analfabetismo fue drástica. El 80 por ciento de las personas mayores de 15 años sabía leer y escribir. En el último censo de la Argentina aparece aún un dos por ciento. Esto siempre considerando todos los núcleos poblacionales, urbanos y rurales, concentrados e inhóspitos. 

Conjeturamos rápidamente que hoy son pocos quienes pueden ser engañados con las informaciones generales. Ojalá.

Pero la cuestión de la proliferación de fake news o noticias falsas transforma en un riesgo darle crédito a lo que circula por los medios

Aunque la televisión es una invención del siglo XIX , desarrollada con fuerza a partir de las década de 1940, fue en 1990 cuando la caja boba se posicionó como el primer medio universal. Todo humano -excepto aquellos ermitaños voluntarios y esas escasas tribus que son renuentes a la tecnología- se vio alcanzado por la televisión. Poco importa en este análisis qué tipo de programación se privilegió, sí destacamos que fue el momento en el que se inauguró la primera transmisión en directo de un conflicto bélico. Aquel de Kuwait, denominado Guerra del Golfo. 

La penetración de la televisión sirvió de prolegómeno de la globalización, además de ser el antecedente de la actual mega red, me refiero a internet. 

Internet parió a su vez a las redes sociales, cuyos primeros antecedentes podríamos encontrarlos en 1997 con SixDegrees. Y en simultáneo se dio la expansión extraordinaria de la telefonía móvil. 

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Aquellos que nacimos en un mundo analógico, solemos perder la noción de cómo hemos debido cambiar nuestras conductas comunicativas y sociales ante la aparición y el acceso a las comunicaciones digitales. Un dato imperceptible. En Argentina hay más líneas activas de celulares que personas. En 1980 para tener un teléfono en casa, debíamos esperar años, sí años, y tener bastante suerte. 

De ninguna manera podemos agotar aquí ni hoy este recorrido. Sólo un anticipo. Dimensionemos en cuánto modificamos actitudes y actividades debido a la irrupción de redes, tecnología, smartphones. Ante cualquier reclamo o duda, ni cero ochocientos y mucho menos se le ocurra enviarme un mail, avíseme por WhatsApp y ahí me pondré en contacto. Prometo no responder con ninguna imagen exagerada de hombre de piel oscura y famoso por sus cualidades que además, aseguran para la tranquilidad varonil, no responden a la verdad. 

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