Compost casero, una vida nueva para la basura

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos La producción de compost es una práctica saludable, sencilla, amigable con el medio ambiente. Las plantas lo agradecen y reduce en un 50% la basura doméstica.

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Por Mariana Maidana (marianamaidana.elcafediario@hotmail.com)

El mundo ya no es el mismo de hace algunas décadas.  Los desastres naturales y el cambio climático sólo son algunas de las consecuencias de la contaminación generada por las personas. 

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El compost es vegetariano, incluye todo tipo de derivados vegetales.

El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) estima que en Argentina se generan cerca de 20 millones de toneladas de residuos al año; lo que se traduce como una mayor dificultad para controlar los basurales a cielo abierto, uno de los focos principales de la contaminación ambiental.

Lo positivo de esta situación es que todavía se está a tiempo de accionar con pequeños hábitos para mejorar las condiciones del planeta. Tal es el caso del compost casero. Se trata de un proceso que transforma la basura hogareña en abono orgánico para nutrir al suelo.

Esto es así debido a que la mayor parte de lo que se tira al cesto es contenido orgánico y por lo tanto, biodegradable (se deshace al entrar en contacto con el medio ambiente). Al transformarlo en compost, se evita su degradación sin control, que es la responsable de los malos olores, los gases con efecto invernadero, el riesgo sanitario y el líquido putrefacto que expulsa (lixiviados), que generan la contaminación de los suelos y las napas.

Esta práctica que parece insignificante logra reducir el 50 % de los residuos de cada hogar, y si se suma cada una de las acciones que se toman en los hogares, se pueden lograr cambios extraordinarios. Por ello resulta sumamente importante cambiar los hábitos adquiridos también en este aspecto.

En este sentido, con la manipulación de la técnica y unos simples elementos hogareños, es muy sencillo compostar. 

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El compost, al cabo de unos seis meses, queda como café con aroma a tierra húmeda.

Pepo Zamora, creador de ‘Compostate bien’, una página dedicada a la concientización sobre la basura, explica que para hacer compost se necesitan, por un lado, restos húmedos que pueden ser cualquier cáscara de verduras, frutas, yerba, café, cáscaras de huevos, así como también restos de césped, flores, etcétera. Por otra parte, se requiere la parte de materiales secos que pueden ser hojas secas, papel y viruta. Lo que está prohibido son restos de animales, lácteos, aceites, tampoco plásticos y metales. Zamora dice que hay que pensar al compost como un “organismo vivo vegetariano”: se le puede integrar todo lo que provenga de una planta. 

¿Cómo hacer el compost?

Si bien existen diferentes tipos de compost, el más sencillo para realizar en el hogar es el llamado compost seco. Consiste en introducir los elementos húmedos y secos en forma de capas, es decir, de intercalar una capa de los húmedos con otra de secos. 

Según Zamora, la última capa tiene que ser siempre de materiales secos, cubriendo a la anterior, para evitar que los materiales húmedos se rodeen de las famosas mosquitas de fruta o de mal olor. Una vez que ya se obtienen en varias capas, lo ideal es ir mezclando ambos.

Uso doméstico del compost

De acuerdo al manual de buenas prácticas para producir compost hogareño del INTI, el compost está listo para ser usado en plantas o macetas después de 6 meses de finalizado el vertido de los elementos utilizados. 

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El compost es ideal para utilizar en el jardín y macetas.

En este sentido, se puede observar que los materiales incorporados se transformaron y van a tener un aspecto homogéneo, el color va a ser marrón oscuro parecido al del café, y va a tener olor a tierra mojada.

Tips cítricos

Hay que tener en cuenta que si se utilizan cítricos como por ejemplo las cáscaras de limones, naranjas o mandarinas, es necesario, antes de introducirlos en el compost, secarlos al sol, ya que su ácido también puede arruinarlo.

La ventaja de este procedimiento, además de ayudar al medio ambiente, es que es adaptable a cualquier espacio. También es económico, y por eso no hace falta comprar una compostera sino que se puede crear una con un balde en desuso e incluso un botellón de agua vacío. Lo importante es hacerle filtración y que tenga ventilación. También, si se vive en un espacio acogedor, se puede optar por alojarlo en un recipiente pequeño.  

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