Los juegos de azar. Entre la diversión y la enfermedad.

Los juegos de azar. Entre la diversión y la enfermedad.

Codependencia y ludopatía, dupla capaz de romper cualquier familia

La adicción del juego compulsivo puede romper el equilibrio de cualquier familia. Las formas del deterioro y la solución a un problema que crece.

A menudo, para lograr algo, basta simplemente con modificar el marco de referencia (Milton H. Erickson)

Por el Lic. Adriano Vottero

Los distintos tipos de adicciones constituyen uno de los principales protagonistas del siglo que vivimos. Cada vez más personas sucumben ante las maniobras de distintos dispositivos que aseguran la obtención de placer, léase inmediato, independientemente de las consecuencias que tengan para su vida. Y el sucumbir es tan insidioso que la persona recién se da cuenta de que está encerrada en un laberinto cuando ya no puede salir.

El juego patológico o ludopatía es el fracaso crónico y progresivo para resistir los impulsos a jugar (juegos de azar) que dominan la vida del sujeto. Como ocurre con otro tipo de adicciones, el ludópata genera todo tipo de conflictos a su alrededor, comprometiendo en forma progresiva a todo lo que lo rodea, sea familia, amigos o compañeros de trabajo. En otras palabras, el paciente arrastra a la gente que tiene alrededor a su problema. De ahí que sea tan importante el tratamiento individual como la terapia y el acompañamiento familiar.

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Joven jugadora frente a una nueva partida, malgastando su dinero.

Es natural que tratemos de proteger y ayudar a las personas que nos importan. También es natural que nos afecten los problemas de la gente que nos rodea y que reaccionemos a ellos. A medida que un problema se vuelve más serio y permanece sin resolver, más nos afecta y más reaccionamos hacia él.

Familia en peligro

Pero existe un tipo de relación patológica. La codependencia que se establece entre el jugador y algún familiar. El uso del término se remonta a los años 50 cuando en los Estados Unidos a las esposas de los alcohólicos se las denominaba coalcohólicas. Posteriormente, a fines de los 60, con la proliferación de las dependencias a sustancias químicas el término se transformó y se comenzó a llamar codependientes a las personas vinculadas emocionalmente a los adictos.

El codependiente suele olvidarse de sí mismo para centrarse en los problemas del otro. Por eso es muy común que se enganche con un comportamiento inadecuado del jugador, justamente para poder rescatarlo y crear de este modo un lazo que los una. Así es como el codependiente, al preocuparse por el otro, olvida sus propias necesidades y cuando la otra persona no responde como él espera, se frustra y se deprime.

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Póquer online, una adicción que crece entre los ludópatas.

La conducta codependiente es una respuesta enferma al proceso adictivo, pero además se convierte en un factor clave en la evolución de la adicción. Es decir, la codependencia promueve el avance del proceso adictivo.

Al igual que el adicto con su propio juego, el codependiente persiste en el mismo comportamiento sin lograr cambiarlo a pesar de la falta de resultados positivos. Partiendo de buenas intenciones contribuye a enceguecer al adicto frente a las consecuencias de su problema.

Las relaciones familiares y la comunicación se van haciendo cada vez más disfuncionales, debido a que el sistema familiar se va enfermando progresivamente. La comunicación se hace más confusa e indirecta, de modo que es más fácil encubrir y justificar la conducta del adicto. Esta disfunción se va convirtiendo en el estilo de vida familiar y produce en muchos casos el aislamiento de la familia de los contactos sociales cotidianos.

Adicciones en la generación futura

Las reglas familiares se tornan confusas, rígidas e injustas para sus miembros, y los roles se van distorsionando a medida que empeora la adicción. Todos los miembros de la familia se ven afectados. En consecuencia, los niños forman también un carácter codependiente que puede facilitar el desarrollo de adicciones o de relaciones enfermas en el futuro.

El codependiente no puede poner límites y termina perdonando cualquier cosa, a pesar de que el adicto llegue a herirlo de manera deliberada. ¿Por qué ocurre esto? Porque el codependiente confunde la obsesión y la adicción que siente por el otro con un inmenso amor que todo lo puede. Esta incapacidad de poder percibir su propia problemática lo transforma de alguna manera en cómplice de la enfermedad.

Es preciso entonces diferenciar entre ayuda y codependencia. La ayuda toma en cuenta los límites personales y se adapta a la situación; la codependencia es todo lo contrario.

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Jugadores compulsivos en plena acción.

Así como la ludopatía es una enfermedad tratable, la codependencia también lo es. El tratamiento de la codependencia puede consistir en una combinación de psicoterapia y asistencia a grupos terapéuticos profesionales, a grupos de autoayuda, e incluso sesiones estructuradas de terapia familiar.

Los codependientes muchas veces también tienen recaídas, porque el ludópata tal vez está mejor y el codependiente deja de cuidar su recuperación personal. Otras veces son producto del desánimo que resulta de una recaída del adicto. Una recaída no debe ser interpretada como fracaso total, sino que debemos aprender de ella y retomar el proceso de recuperación lo antes posible.

Muchas veces la recuperación de una familia afectada por la adicción comienza con la recuperación de los codependientes. Es necesario que el codependiente ponga el foco en su propia recuperación y cuidado personal para que esto ocurra.

Como mencionamos anteriormente, la familia es una parte fundamental en la historia de los adictos. En la detección, la aceptación, la orientación, la canalización, el tratamiento, la rehabilitación y el mantenimiento de la abstinencia. En suma, la familia juega un rol muy importante tanto en la disminución como en la provocación de recaídas. Por tal motivo, los especialistas en ludopatía debemos prestarle especial atención como elemento clave en la recuperación y en el proceso de rehabilitación de los adictos al juego.

“De no haber sido por los vicios de Miranda, que ella apañaba como si el hombre fuese un niño, hubiesen estado mejor… No es que Miranda le sacara plata a escondidas o le pidiera, sino que ella, para que su marido no se resintiera en su hombría, siempre le dejaba algo en los bolsillos, para sus gastos” (Fragmento de ‘Ladrilleros’ de Selva Almada).

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Adriano Vottero es licenciado en Psicología y su matrícula es la MN 17.882, MP 61765.

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