¿Fábricas de cerdos para China o de problemas para Argentina?

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos El acuerdo para la instalación de mega granjas industriales de cerdos para proveer a China parece estar cerca de cerrarse. La información oficial sigue siendo imprecisa. Preocupación de los ambientalistas.

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Por Facundo Torres (facundotorressn@gmail.com)

La firma del acuerdo con China para la mega producción de cerdos parece estar a la vuelta de la esquina y desató una interna fuerte entre quienes lo consideran una gran oportunidad para reactivar la economía en medio de la crisis, y quienes advierten sobre las implicancias nocivas que puede tener esta decisión en términos ambientales y sanitarios para el país, además de repetir una receta económica que no ha mostrado grandes resultados en el largo plazo.

Sin embargo, por sobre todas las cosas, si algo deja claro el debate entre economistas y ambientalistas respecto al posible acuerdo, es la falta de información precisa y confiable a base de las cual se pueda opinar, y aún más importante, tomar decisiones.

La versión inicial indicaba que China estaría dispuesta a invertir 27.000 millones de dólares en el país para aumentar la producción local de cerdos y así garantizarse el abastecimiento de carne porcina para su mercado interno. Éste se ha visto seriamente contraído tras la fiebre porcina africana que afectó al país asiático en los últimos dos años. Durante dicha peste, al gobierno de Pekín no le tembló el pulso para sacrificar cerca de 150 millones de cerdos con el objetivo de contener los contagios, en una verdadera masacre animal que incluyo incineraciones y enterramientos vivos.

Negociaciones en secreto

De este lado del globo, sin embargo, la noticia fue recibida por los portales económicos casi con entusiasmo porque significaba la apertura de un mercado hasta entonces autoabastecido, cuyos montos y cantidades se calculan por miles de millones.

Por varias razones, pero fundamentalmente por contar con el abastecimiento de granos necesario para alimentar a una gran cantidad de cerdos, Argentina empieza a destacarse entre los países candidatos a ganar ese mercado y no han tardado en aparecer versiones sobre un posible convenio bilateral.

El acuerdo para la instalación de mega granjas industriales de cerdos para proveer a China parece estar cerca de cerrarse, pero la información oficial sigue siendo imprecisa. Preocupación de los ambientalistas.
Al gobierno de China no le tembló el pulso para aplicar
el rifle sanitario sobre 150 millones de cerdos.

A principios de julio, un comunicado oficial de la Cancillería planteaba la posibilidad de empezar a producir nueve millones de toneladas de carne porcina, cifra que no ha tardado en alertar a agrupaciones ambientalistas, como Acciones Biodiversidad, que inmediatamente se encargaron de juntar firmas en un documento titulado «No queremos transformarnos en una factoría de cerdos para China, ni en una fábrica de nuevas pandemias”, al cual adhirieron Soledad Barruti, Maristella Svampa y Beatriz Sarlo, entre otras figuras públicas del periodismo, el ambientalismo y las ciencias.

Entre las consecuencias del acuerdo, el escrito enumera la desintegración del ecosistema, la contaminación ambiental, nuevos focos de contagio epidemiológico y la dependencia económica aun mayor de los agro negocios. Además, hay quien apunta contra la figura de Felipe Solá, actual canciller, quien tiene un su haber la firma para la introducción de la soja transgénica en el país a mediados de los años ’90, lo que sentó un precedente en cuestiones ambientales.

Graves errores de comunicación

Finalmente, a raíz de la repercusión masiva del documento, Cancillería comunicó que hubo un error en la cifra publicada e indicó que en realidad se puede tratar de un aumento en la producción de 900.000 toneladas de carne porcina, que corresponden sí a nueve millones de cabezas de cerdos, un número diez veces menor al original.

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Además, según el comunicado oficial se estipula la creación de 25 granjas industriales en la zona norte del país, un aumento en la producción de maíz en más de tres millones de toneladas y la generación de 9.500 puestos de trabajo directos. La inversión total, lejos de la abultada cifra inicial, sería finalmente de 3.500 millones de dólares.

Así las cosas, la primera reacción que surge es que el gobierno comunicó mal la información y el problema tal vez sea bastante menos grave de lo que se pensaba. Pero por otro lado, el acuerdo oficial sigue siendo una verdadera incógnita. Las negociaciones siguen su curso en estricto secreto. En cualquier caso, la ciudadanía se ha movido rápidamente para expresar su disconformidad, poniendo por sí misma la preservación del medio ambiente y la salud, en la agenda de debate.

La realidad argentina indica que para salir de la crisis y poder afrontar los pagos venideros de la deuda externa, el país necesita dólares. Para traer dólares, necesita inversión extranjera, aumentar la producción, y elevar considerablemente el nivel de exportaciones, lo que a su vez generará empleo y permitirá reducir la pobreza. Básicamente, todos los beneficios que plantea el acuerdo con China. Desconocer tales beneficios es desconocer también la situación crítica que atraviesa la economía nacional.  

Sin embargo, la pregunta que surge inmediatamente es: ¿a qué costo? Ambas posturas, es decir, tanto el rechazar de lleno un acuerdo que brinda una gran oportunidad en un momento apremiante para el país, como el desconocer las consecuencias terribles que acaso tenga una producción desmedida de tales características, tal vez haga caer en dogmatismos. Se trata de buscar soluciones de desarrollo que no comprometan, como hasta ahora, el medioambiente, los recursos naturales  y la salud de la población. Dar un primer paso valorable favorablemente es brindar información certera y propiciar el debate público.

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