‘Chicos malos’, una puesta para reflexionar sobre la masculinidad

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos ‘Chicos malos’ es una performance teatral que aborda temas como la sexualidad, los mandatos sociales y la libertad.

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Tiempo estimado de lectura: 3 minutos

Por Mirtha Caré (mirtha.care@elcafediario.com)

Chicos malos’ es la segunda parte de una trilogía teatral escrita y dirigida por el dramaturgo Gabriel Gavila, y cuya puesta en escena, debido a la crisis sanitaria que se vive a nivel mundial, ha tenido que ser adaptada a la virtualidad.

La saga está pensada principalmente para un público joven y tiene una temática en común: la construcción y el rol del hombre como ser social. 

Después de ser adaptada, la trilogía ‘Chicos lindos’, ‘Chicos malos’ y ‘Chicos feos’ fue presentada en el Concurso Nacional de Actividades Performáticas en Entornos Virtuales. Y ganó. Este certamen, realizado por el Instituto Nacional de Teatro, fue creado con el fin de incentivar y apoyar la actividad teatral durante la pandemia.

Según Gavila, este premio ha sido «un mimo y un apoyo económico», además de convertirse en un desafío ya que a partir de ese momento, con los teatros cerrados y en confinamiento, el proyecto virtual emergió para ser llevado a la práctica.

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Afiche promocional de la saga.

‘Chicos malos’ no es una obra de teatro clásica, sino una experiencia teatral performática que invita, a través del humor, la ironía y el descaro, a repensar el modelo de masculinidad hegemónico del patriarcado. Y a replantearse la manera en que los mandatos de ese modelo influyen en el crecimiento personal y en el desarrollo de los vínculos.

Cómo nació el proyecto

Gabriel Gavila explica que la temática de la trilogía nació a partir de sus experiencias personales, las cuales necesitó «volcar en algún lado por ser gente de teatro». La obra se concretó después de un gran trabajo de investigación y de experimentar junto a otros actores. Y la puesta en práctica llegó en el momento justo para hablar y reflexionar sobre la masculinidad, las creencias, los imaginarios, los parámetros a los que hay que responder en todos los ámbitos sociales, incluso en el del teatro.

Se abre el telón

Cada actor representa su rol desde su casa y es transmitido en directo a través de la plataforma Zoom. Gavila explica que todos tuvieron que armarse un mini estudio en sus casas, con luces, cámara y con todo lo que tuvieran al alcance de la mano.

Al ingresar a la plataforma -antes de comenzar la función- se le indica al espectador cuál es la mejor manera para disfrutar del show: silenciar los micrófonos, apagar las cámaras, poner en vista de cuadrícula y ocultar a los participantes sin video. Y también se le advierte que de prender el micrófono más de una vez, por accidente (o no), se lo expulsará de la sala.

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La puesta en escena vía Zoom.

Machos a escena

Una vez tomados los recaudos, aparecen los actores en la pantalla, cada uno en un cuadro diferente. Con los torsos desnudos y todo su descaro (aparente o no). Sin otra escenografía más que una pared blanca a sus espaldas. Hay mucho juego de manos, movimientos sensuales, sexuales, agresivos. De machos.

Pero lo que predomina es la palabra. El lenguaje del tipo rudo. El avance de unos que quieren convencer. Y el freno de otro que no quiere avanzar. De esta manera el espectáculo adquiere un ritmo oscilante: se agita y se detiene. Y así logra acaparar la atención del espectador. 

‘Chicos malos’ tiene que ver con la rebeldía, con romper las reglas. Ayuda a pensar. Los chicos malos son los que rompen las estructuras. Y rebelarse y romper estructuras es algo necesario para mantenerse a salvo, para escapar de los mandatos, para no ceder a las imposiciones sociales, para ser auténticos y lograr vínculos saludables.

Próxima función

Si bien la obra es una trilogía, cada puesta puede verse y entenderse de manera independiente. El domingo 25 de octubre llega a Zoom la tercera parte: ‘Chicos feos’. La entrada se puede adquirir aquí. 

Ficha técnica

Elenco: Gonzalo Bourren, Javier Roldan, Gonzalo Rocca, Alex Malavé, Ezequiel Rimoldi, Leandro Sturla y Tomás Mussini.
Asistencia general: Agustina Guglielmucci.
Duración aproximada: 55 minutos.
Dramaturgia y dirección: Gabriel Gavila.

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