Cervecerías artesanales: el 40% cierra por la pandemia

Tiempo estimado de lectura: 6 minutos La pandemia ha llevado a las cervecerías artesanales a una situación límite. Las que se mantienen en funcionamiento, deben desarrollar nuevas estrategias.

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Por Lucila Benito (lucila.benito@elcafediario.com)

Antes de la pandemia, juntarse en las cervecerías artesanales era un plan muy común para el fin de semana. Incluso lo era en los días laborales como práctica after office. La cuarentena le ha puesto un freno a esas reuniones con pintas de por medio, lo cual ha llevado a muchos productores a una situación límite.

El 40% de las cervecerías artesanales del país han cerrado sus puertas, según las últimas encuestas de la Cámara Bonaerense de Cervecerías Artesanales (CBCA) y de la Cámara de Cerveceros Artesanales de Argentina (CCAA).

La CCAA registra más de 600 empresas habilitadas o en proceso de habilitación en Argentina, y más de 1.500 emprendimientos familiares. El sector emplea a más de 6.500 personas de manera directa y estima que de manera indirecta genera 50.000 puestos de trabajo entre proveedores, distribuidores y puntos de venta. 

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«Alrededor del 20% de los puestos de trabajo directo se han perdido y en lo que son puestos indirectos estamos yendo hacia más de un 40%«, indica Juan Manuel González Insfran, presidente de la CCAA y dueño de la cervecería Neffer.

Martín Pepe, dueño de la cervecería artesanal Taira y presidente de la CBCA subraya que dentro del grupo de cervecerías que han cerrado, algunas están en «stand by«. Esto quiere decir que han cancelado todos los costos operativos y han guardado los equipos, pero no han cerrado la marca definitivamente. 

Del barril, a las latas y botellas

Quienes han logrado sobrevivir, han tenido que reinventarse para sostener el negocio con las salidas nocturnas canceladas. González Insfran indica que el 95% de las empresas que nuclea la CCAA se dedicaban al mercado gastronómico o de esparcimiento y sólo el 5% al mercado retail. Con la cuarentena y el cierre de los bares y los restaurantes, ese 95% ha incursionado en el mercado de latas y botellas.

«Ha habido un aumento exponencial en ese punto pero no alcanza a cubrir los costos para nada«, destaca el presidente de la CCAA. «Una empresa que produce alrededor de 20.000 litros de cerveza por mes, vendidos y cobrados, puede tener una ganancia, reinventir y pagar el salario que establece el sindicato. Hoy esas empresas mantienen la misma estructura pero tratan de sobrevivir con 500 litros al mes. Es inviable pretender que con ese volumen una empresa mantenga la estructura y sobreviva», precisa.

Sobre la alternativa de comercializar latas y botellas, Pepe añade que estas «representan entre un 5% y un 14% de las ventas» y destaca: «La mayoría de los cerveceros teníamos un 90%, 95% de venta de barriles”

Esta dependencia de la comercialización de barriles hizo que bajasen muchísimo las ventas con el cierre de los bares, según explica Enrique, fabricante de la Ciudad de Buenos Aires. «Pasamos de vender 2.000 litros por semana a vender 200«, precisa. En este escenario, él también se ha adaptado para vender latas y botellas. 

Ha recurrido a amigos y contactos personales para hacer venta directa, pero también ha salido a vender a locales que comercializan botellas de cerveza artesanal. Así, ha logrado ampliar el panorama y subir un poco sus ventas, aunque se mantienen en un 30% del volumen que tenía antes de la pandemia

Además del problema de la rentabilidad, la venta de latas y botellas implica mucho más trabajo. «No es lo mismo vender 50 litros en un barril que vender latas de medio litro», señala Enrique. Destaca que también se requiere de equipamiento de calidad para no estropear ni perder el producto. 

«El problema de los cerveceros es que veníamos con deudas anteriores, porque siempre estamos invirtiendo en equipos nuevos. Todos piensan que el negocio tiene mucha rentabilidad, pero la mayoría la invierte en seguir mejorando su equipo, o aumentando su planta, o toma un empleado más. El cervecero es un productor que siempre está sobre su producto«, comenta Pepe.

La apuesta por la gastronomía

Los que tenían una propuesta de comida, se han refugiado en el delivery de sus platos con bebidas. Este es el caso de la Cervecería Charlone, fábrica y bar ubicado en el barrio porteño de Colegiales. Sin embargo, no han tenido mejor suerte que quienes han apostado por la venta directa.

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«El problema tras la caída de las ventas es contundente«, subraya Manuel Annecca, uno de los dueños de Charlone. «En nuestro caso estamos facturando un 80% menos pero sostenemos un gasto fijo de un 50% aproximadamente. Es una situación límite«, detalla.

Antes de la pandemia, Anecca hubiera afirmado que contar con su producción propia y con el local era una ventaja frente a otros, pero «ahora es más complicado». Si bien tienen la capacidad de producir hasta 3.500 litros mensuales, hoy su fábrica está prácticamente parada

Con el bar cerrado al público, buscan ofrecerle un producto diferente al consumidor: «Apuntamos a tener platos que acompañen la birra y de esa forma engordar un poco la experiencia de quienes nos eligen«. 

«Hay también un gran problema que no tiene que ver con lo económico sino con lo emocional. Tener cerrado el local y no tener ninguna expectativa positiva es tristísimo. La frustración es muy grande», expresa el dueño de Charlone.

Si bien su estrategia no alcanza para cubrir los niveles de ventas que tenían antes de la pandemia, sí ha bastado para no tener que despedir a nadie. «Nuestro compromiso principal hoy es con los empleados. El total de los ingresos va destinado a sus sueldos y junto con la ATP (Asistencia al Trabajo y la Producción) del Estado por ahora pudimos sostener toda la estructura del personal«, precisa Anecca.

Tejer redes para sobrevivir

A pesar de la situación de las cervecerías artesanales, todavía hay quienes quieren comenzar con su producción en la pandemia. Desde la CBCA, intentan generar vínculos entre el que quiere iniciarse y el que le va mal. Martín Pepe también ha ofrecido el espacio de su fábrica para que quienes tuvieron que cerrar el local, puedan producir:«como una forma comunitaria de salir adelante entre todos«.

«Todos o casi todos estamos en la misma y eso potencia la necesidad de vincularse. Por ejemplo, tenemos una promoción con una librería del barrio. Un libro con dos latas específicas que van bien para esa lectura. Es intentar de forma sincera generar una mejor experiencia«, señala Annecca

«Por otro lado, junto con otras siete cervecerías, estamos sacando una birra colaborativa. Es algo bastante particular que tantas fábricas en este momento hagan algo así. El vínculo potencia las ventas y hay una cuota emocional agradable, que en estos momentos es muy necesaria«, añade el dueño de Charlone

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El futuro del sector

Para González Insfran, esta forma de asociarse es clave para el futuro del sector: «las empresas que logren asociarse, no sólo para producir sino también para comerciar, y que actúen en bloque, van a sobrevivir», explica. Sin embargo, no espera una pronta recuperación.

«Si bien el Estado está promoviendo algunos créditos para poder pagar salarios, nuestro mercado, que es de esparcimiento, no va a poder funcionar hasta que haya una vacuna«, indica el presidente de la CCAA. Sin que se active el turismo o se permita el libre tránsito de las personas, van a «seguir acumulando deudas y el mercado no nos va a permitir facturar lo que facturábamos«, reflexiona.

Para Anneca, «no hay expectativas muy positivas hacia adelante, por lo menos no en el mediano plazo». «No sabemos qué tan grande será el problema económico que nos vamos a encontrar al terminar la cuarentena, pero está claro que será profundo«, añade.

A estas, se suman otras incertidumbres que también moldearán el futuro del sector: «No sabemos cuándo vamos a abrir, no sabemos qué restricciones van a existir, no sabemos el alcance en los cambios de hábitos de los consumidores. Hay muy poca información y mucha especulación; no es una buena combinación para nosotros», señala el dueño de la cervecería de Colegiales.

Para Pepe, «todos quienes tengan costos operativos menores son los que van a sobrevivir, igual que aquellas cervecerías en las que los socios aportan capital externo«. Él es médico y sus socios también son profesionales, lo cual les permite mantener a Taira en funcionamiento. «Los cerveceros que se dedicaban al 100% son los que cerraron o se reinventaron pero no dentro de la cerveza, tal vez dentro de otro rubro», concluye.

«Cuanto más dure esto, menos bares van a quedar, y atrás de los bares van a cerrar las cervecerías porque no va a haber dónde vender«, señala Enrique. Ante este escenario, considera que la clave para sobrevivir está en tener una propuesta interesante que permita diferenciarse del resto, tanto para los bares como para las fábricas de cerveza artesanal. «Van a quedar las cervecerías buenas y que tengan propuestas diferentes y asociadas a calidad«, destaca.

Enrique también opina que «va a seguir habiendo venta de barril, pero va a ser menor de lo que era antes y va a crecer la venta de latas y botellas«, ya que mucha gente disfruta el hecho de poder pedir delivery de cualquier cervecería a su casa.

A la espera de que pase la cuarentena, la única certeza para el sector parece ser que será necesario reinventarse para sobrevivir.

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