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(Foto: Victoria Ferreiroa)

Cecilia Ferreiroa: “La lectura es una apertura a otros mundos”

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos Cecilia Ferreiroa asegura que su infancia en el exilio la marcó y la hizo sentirse ajena en su propio país. Hoy dedica su vida a la lectura y la escritura.

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Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

Por Mirtha Caré (mirtha.care@elcafediario.com)

Cecilia Ferreiroa nació en la ciudad de La Plata en 1972. Desde los cinco hasta los doce años vivió con su familia en el exilio, en una época en que Argentina se veía atravesada por el Golpe de Estado iniciado en 1976. El primer año lo pasó en Venezuela y después se mudaron a México, país en el que Cecilia vivió toda su infancia.

Ni la partida ni el regreso fueron decisión propia debido a que era muy chica, cuenta la autora en un epistolario publicado en la revista Carapachay o la guerrilla del junco’. “Y sucedió que no había lugar al que volver. Pronto pude saberlo. Argentina era mi lugar y a la vez me era ajeno e inhóspito”, reconoce Cecilia.

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Cecilia Ferreiroa vivió exiliada en México junto a su familia. (Foto: Marie Cirer)

En 1984, con la democracia ya restaurada, retornó al país que la vio nacer. Aquí cursó y se graduó en la carrera de Licenciatura y Profesorado en Letras de la UBA. En 2012 integró la Antología Cuento Digital Itaú, organizado por el Grupo Alejandría, con su cuento ‘La hija’ en la categoría Escritores. Cuatro años más tarde editó ‘Señora Planta’, su primer libro de cuentos, con la editorial Blatt & Ríos. Sus reseñas y narraciones han sido publicadas en revistas literarias y culturales diferentes, entre ellas la mencionada ‘Carapachay o la guerrilla del junco’.

En 2019 publicó ‘La parte enferma’, su segundo libro de cuentos, con la editorial Obloshka. Entre sus actividades, coorganiza el ciclo literario Lecturas y Licores que, además de difundir autores y textos, busca generar una comunidad de amistad y pensamiento. Hoy, con la gentileza que la caracteriza, la escritora hace una pausa y recibe a El Café Diario.

Infancia en el exilio

¿Qué significó vivir su infancia en el exilio?

Fue muchas cosas, muchas buenas y otras difíciles. Por un lado, estaba lejos del resto de mi familia, con la que éramos muy unidos. Había un tío en México, pero no había nadie más, no estaba mi abuela, mis otras tías, mis primos. Eso lo viví como un desgarro. Pero a la vez me evitó el miedo y la violencia que significaba vivir en Argentina durante la dictadura. México me resultaba muy interesante y también abrumador y ajeno. Si bien crecí ahí y hablaba como mexicana, era a la vez un país extranjero en el que estábamos de paso. Y eso me llevaba a estar en una posición ambivalente, en cierto estado de precariedad y tensión.

¿Tiene recuerdos de esa época asociados a la literatura?

Leía mucho en México. Mi madre me traía libros de literatura universal y yo los iba leyendo. Como no teníamos biblioteca, ella los compraba especialmente.

Volver a un país ajeno

¿Cómo fue regresar a Argentina, adaptarse a las nuevas costumbres?

Fue difícil. Volver a Argentina era volver a mi país, ese país del que mi madre hablaba con tanta nostalgia, pero me resultó inhóspito, y en cierto sentido ajeno. Muchos compañeros de escuela sostenían la hipótesis de los dos demonios y hasta decían, repitiendo lo que escuchaban en sus casas, que los desaparecidos estaban vivos en una playa o que algo habían hecho. Fue un impacto muy fuerte –violento–, que viví como algo peligroso y me llevó a tratar de distinguir con quién podía hablar de mi historia y con quién no. A la vez me parecía una sociedad muy conservadora, muy moralista.

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Cecilia Ferreiroa dice que es una lectora ávida desde niña. (Foto: Marie Cirer)

¿Cómo se acercó a la escritura?

Siempre fui lectora, lo cual es un primer paso. Y en el colegio en México nos hacían llevar un diario de la división y cada cierto tiempo me tocaba a mí escribirlo. Ese momento me encantaba. En Argentina estudié Letras y en ese tiempo escribí muy poco, aunque cada tanto lo hacía. Después de muchos años de haber terminado la Facultad me puse a escribir de manera más vital. Y desde ese momento seguí.

El momento de la escritura

¿Qué es lo que menos le gusta de escribir?

La etapa de la corrección. A veces todo se empantana y cuesta salir, y tengo la sensación de que se vuelve infinita. Es un momento en el que aparecen los problemas que tienen los relatos y hay que empezar a ver cómo resolverlos. El momento de la escritura para mí es más esperanzador y entusiasta. Si no me quedo paralizada sin poder continuar, que también me ha pasado. En cambio, al corregir y mirar el relato con más distancia, se le empiezan a ver los problemas y es ahí donde la escritura se me vuelve un trabajo arduo.

Si tiene que elegir entre leer y escribir, ¿cuál elige y por qué?

Definitivamente leer. Creo que es más indispensable en mi vida. Puedo imaginarme no escribir más, aunque me apenaría, me faltaría algo muy importante, pero no podría no leer más. Lo increíble de la experiencia de la lectura, lo que hace en mí un libro que realmente me toca no lo podría sustituir por nada. Además, la lectura es una apertura a otros mundos, otras voces.

¿Se modificaron sus hábitos de escritura a partir de la pandemia?

Yo no he podido escribir. La ansiedad, el miedo, la preocupación, el cansancio, creo que no me lo han permitido. También con esto del trabajo en casa es más difícil tener horarios bien definidos. Y eso a mí no me funciona bien para escribir. Pero a partir de cierto momento sí pude empezar a leer.

Proceso de escritura

¿Cómo fue el proceso de escritura del libro de cuentos ‘La parte enferma’?

Fue algo que se desarrolló en cierto tiempo, un poco antes de que saliera ‘Señora Planta’, mi libro anterior. Pasó por diferentes etapas, en un principio iba a ser otro libro, pero luego se definió más claramente como este que terminó siendo. La escritura tuvo momentos difíciles porque el país estaba en un momento horrible y todo eso me afectó, y quizás tiene que ver con algo del clima que hay en los cuentos.

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Escritora de cuentos, Cecilia Ferreiroa ya ha publicado dos libros. (Foto: Marie Cirer)

¿De qué manera se relaciona el título con los cuentos?

Es parte de un verso de un poema de Denise Levertov, una poeta inglesa que me gusta mucho. El verso completo es: ‘tal vez yo sea la parte enferma de una cosa enferma’. Me pareció que tenía mucho que ver con el universo de los cuentos del libro. De alguna manera los describe. No se trata de la situación de un personaje sino de algo más general que está mal.

¿Cómo llega la publicación?

Silvia Itkin, directora de Obloshka, se acercó un día y me contó que había lanzado una editorial con su socio de ese momento, Gastón Levin, y que quería editar un libro mío. Yo estaba buscando editorial, así que me decidí a publicar ahí. Y estoy muy contenta.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Estoy trabajando en unos cuentos que transcurren en una isla del Delta de Tigre. Es un lugar que yo amo. La idea es que cada cuento esté dedicado a un personaje que habita en la zona, pero los personajes reaparecen en los otros cuentos, interactúan de manera más o menos conflictiva. Tengo la idea general y algunos cuentos escritos, aunque no terminados.

Tres libros de autores contemporáneos que recomendaría.

Oldsmobile 1962’ de Ana Basualdo, ‘Hay gente que no sabe lo que hace’ de Alejandra Zina y ‘La fe’ de Mariana Docampo.

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