Carolina Atuesta (Karen SaHa)

Carolina Atuesta (Karen SaHa)

Carolina Atuesta, arte al desnudo

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos Convirtió su cuerpo en una daga política y descubrió que para sus alumnos quitarse la ropa es terapeútico. (Foto: Jean Oviedo)

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

Por Fernando Bersi

No. No todas las profesiones son iguales. Mientras la mayoría de los mortales debemos vestirnos para ir a trabajar, un pequeño grupo de personas para hacer sus tareas laborales debe, oh sorpresa, quitarse, enterita, toda la ropa. ¿Actores porno? No. ¿Strippers? Tampoco. Modelos vivos, expertos de la comunicación a través del cuerpo desnudo.

De la mano de Carolina Atuesta, actriz y bailarina colombiana, referente del desnudo artístico sudamericano, metemos las narices en las entrañas de una actividad que poco se conoce y que para llevarla a cabo requiere muchas más cosas que quedarse como Dios, o quien haya sido, nos trajo al mundo.

Carolina Atuesta
Carolina Atuesta

Modelo vivo no se nace, modelo vivo se hace. Cuando a los chicos les preguntan qué quieren ser cuándo sean grandes todos dicen lo mismo: bomberos, doctores, futbolistas y hasta, mmm, policías. Ninguno, claro, se imagina posando desnudo para la mirada de uno o varios artistas. Por el momento, convertirse en modelo vivo no es una opción. Eso aparece después. En el año 2000, Carolina recién había terminado el colegio secundario, estudiaba danza y teatro, y a través de un amigo le llegó la propuesta. “No lo dudé”, recuerda como si fuera hoy la colombiana. “Para mí el desnudo artístico no era algo alocado, sino otra forma, menos convencional claro, de expresión corporal. Requiere de una interpretación teatral y tiene mucho se arte escénico”.

La familia y los amigos la apoyaron desde el vamos. El abuelo, hay que reconocerlo, al ver las primeras producciones frunció un poco el ceño, pero pronto comprendió que el camino que su nieta había elegido la llevaría derechito al mundo artístico con el que soñaba pertenecer.

Su crecimiento fue vertiginoso. Primero una sesión de fotos con el artista Gelman Gil. Luego una prueba de fuego: posar para veinte alumnos de la Academia Superior de Arte de Bogotá. En un abrir y cerrar de ojos Carolina se convirtió en modelo de los artistas figurativos más importantes del continente: Alfredo Araujo Santoyo, Ángel Loochkart, Justiniano Durán, Raúl Villalba, Susana Mutti.

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Modelos vivos. Jhonpir Pilco y Carolina Atuesta. (Foto: Karen Sa’ha)

No hay ninguna restricción, desde lo físico. Aunque parezca extraño, cualquiera puede ser modelo vivo. No hace falta que la mujer tenga 90-60-90 o que el hombre sea un Adonis. “Por ejemplo, mi cuerpo no coincide con el modelo dominante, ni siquiera alcanzo el 1.60. Más, cuando yo me inicié el modelo más buscado por los artistas de Colombia era un hombre de 60 años”, dice Carolina. En sus clases participan desde gente súper delgada hasta personas con muchos kilos de más. “Lo lindo del arte es que no tiene estereotipos estéticos, todos los cuerpos son dibujables y fotografiables. El talento del modelo no radica en su cuerpo sino en lo que puede transmitir con él.

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Modelos vivos. Jhonpir Pilco y Carolina Atuesta. (Foto: Karen Sa’ha)

Salvo excepciones, los modelos vivos permanecen en el anonimato. Su trabajo es poco valorado. Los que siempre se llevan los aplausos son quienes exponen. Los pintores, fotógrafos, escultores. A lo sumo, en algunos casos, debajo de la obra, aparece bien chiquito, el crédito al modelo. Algunos piensan que nuestro trabajo es sólo quitarnos la ropa. Tiene su complejidad, hay técnicas, posturas. No es fácil estar mucho tiempo en la misma posición, y si uno la pierde, por más que la recupere, nunca vuelve a ser la misma, puede aparecer un haz de luz o una sombra que antes no estaba”, defiende su arte Carolina. “Y además, se olvidan de que en el 90% de los casos los artistas no tienen una propuesta definida -sólo que quieren trabajar con la figura humana- y que es uno quien termina proponiendo las posturas”.

También, debemos decirlo, los modelos vivos son el último orejón del tarro artístico porque hay una condena implícita al desnudo. Mientras que una madre tiene inconvenientes por amamantar -nada más tierno- a su hijo en una plaza, por los medios y las redes sociales circulan toneladas de imágenes verdaderamente obscenas. Cuerpos decapitados, animales mutilados, chorreras de sangre. Hasta la pornografía, al tener una industria detrás, es más aceptada. Facebook me censuró varias veces porque funciona con denuncias anónimas, desde suspensiones temporarias a cierres definitivos de cuenta”, relata Carolina. “En definitiva, el desnudo termina siendo subversivo”. dispara.

Ya con muchos desnudos sobre el lomo, Carolina le comenzó a sumar a su arte compromiso político. En 2011, a partir de la propuesta de una ONG española representó desde el desnudo diferentes conflictos sociales. El exilio, la inmigración, los secuestros. Dos años después, junto al fotógrafo Aníbal Paz, accedieron a la memoria histórica de nuestras tierras a través de lo que el cuerpo puede comunicar. Con Las Venas abiertas de América Latina -de Eduardo Galeano– como mapa, recrearon los principales lugares testigos del saqueo y la brutal colonización como Potosí, Machu Pichu, Río Salsipuedes. Cada fotografía representó un punto clave de esa nefasta historia.

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Una máquina de crear, la colombiana. Al mismo tiempo que llevó el desnudo artístico de los atelieres a los escenarios naturales, creó una nueva disciplina: La Desnudología. De visita en Barcelona conoció la polipoesía, corriente artística que da cuenta de las múltiples maneras de interpretar un poema -musicalizada, actuada, gesticulada, bailada-. “En ese momento pensé que debería existir la polidesnudez, la posibilidad de fusionar el desnudo artístico con otras artes”, recuerda Carolina. “En el marco de esta nueva propuesta, realicé monólogos en los que cantaba, bailaba, se proyectaban imágenes, realizaba body painting.

El arte se transmite. Desde hace más de ocho años Carolina brinda el taller ‘El arte de posar’. Concurren alumnos con alguna experiencia en el desnudo y otros que nunca se han quitado la ropa en público. Cómo imaginará, la primera vez no debe ser fácil. Hay que ir de a poco, espere, no se apure, no piense que haya que hacer un strip tease. Las clases iniciales son con la vestimenta puesta. Implican ejercicios de sensibilización, música suave, algo de meditación. Recién cuando se logra el clima, alrededor de la cuarta clase, comienzan los desnudos. Algunos alumnos se copan tanto que luego terminan organizando sus propias producciones.

A su vez, desde hace un par de años, ofrece el taller ‘El arte de sanar’. Asisten desde personas que vienen de una ruptura amorosa o han sido víctimas de abuso hasta otras que sienten vergüenza de su propio físico. En fin, toda gente con la autoestima por el piso. “Es muy gratificante notar grandes transformaciones, ver cómo alguien a través del desnudo puede hacerse otra vez amigo del espejo y terminar sanándose”, dice orgullosa Carolina.

En estos momentos, Carolina junto al modelo Jhonpir Pilco, están de paso por Bogotá, como parte de la gira Desnudología Tour 2018-2019, llevando su arte -sesiones, talleres, seminarios- por todos los rincones de Latinoamérica. Cuando le preguntan a Carolina por un sueño a cumplir siempre dice el mismo, hacer fotos en el Caño Cristales -Sierra de Macarena-, un río que tiene algas que cambian de tonalidad y color. Por el momento es imposible, otra vez el lugar quedó atrapado en medio del conflicto armado que sacude desde hace tanto a Colombia. Ojalá pronto lo pueda cumplir. Por su arte, pero por sobre todo, por la paz de todos sus compatriotas.

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