Caravan, Whiplash y el disfrute del jazz en Buenos Aires

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos El jazz protagoniza el regreso de las reuniones presenciales en bares y clubes musicales. Aquí, una guía de algunos de sus mejores exponentes locales.

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Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

Por Bárbara Guerschman (barbara.guerschman@gmail.com)

Terence y Andrew son los protagonistas de ‘Whiplash’ (2014), película de Damien Chazelle, en la que se los ve embarcados en un sacrificado tour de force como profesor y alumno, respectivamente. Con el jazz como motor, Andrew, un apasionado baterista y estudiante en un conservatorio de música, tiene como máxima aspiración ingresar a la banda de Terence y sobresalir como músico en el ambiente ultra competitivo de la institución.

Lo que no puede prever el joven son los costos de tal aspiración y lo descubre de una forma brutal, al advertir el maltrato del cual hace gala el profesor con sus alumnos, a quienes humilla sin piedad (y hasta con regodeo), con el propósito declarado pedagógico de sacar lo mejor de ellos.

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J. K. Simmons, quien por este papel se alzó con
el premio Oscar a Mejor Actor de Reparto.

Desde su estreno, la película obtuvo múltiples alabanzas tanto por la trama apasionante así como por las sobresalientes actuaciones de J. K. Simmons y Miles Teller. De todos modos, los críticos advierten sobre ciertos mitos del jazz, que se reproducen en las escenas. Por ejemplo, la rapidez (tocar más notas en menor tiempo) como sinónimo de virtuosismo técnico. Y, en relación a Andrew, la imagen del músico híper solitario que no entabla contacto con otros músicos y sufre la música más que disfrutarla.  

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Whiplash (2014) ha obtenido 5 nominaciones a los premios Oscar. Ganó tres de ellos.

Tras meses de encierro colectivo, en que los espectáculos se llevaron a cabo vía streaming, y una tímida e incierta reapertura, ahora el disfrute constituye una dimensión ineludible de la música y del jazz como experiencia en particular, tanto para los espectadores como para los intérpretes.

El género y la ‘PC Band’

Si algo caracteriza al jazz son sus fuentes diversas: el gospel, el blues, el boogiewoogie y el ragtime. El jazz se destaca por la improvisación a base de estructuras melódicas y armónicas determinadas. Asimismo, otro rasgo es la presencia del swing como cualidad rítmica.

Como expresión de esta variedad, el trío ‘Pablo Carmona’, que suele tocar en el club Jazz Voyeur, se caracteriza por el ritmo blues y el swing presente en sus temas. El grupo está formado por Pablo Carmona en el contrabajo, Pablo Raposo en piano y Jorge Elía en batería.

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Pablo Carmona. (Foto: Diego Zanotti)

Carmona define en una entrevista concedida a una emisora de radio que el estilo de la banda se aproxima al de Oscar Peterson, pianista canadiense nacido en 1925. Para el músico, el hecho de volver a tocar en vivo le produjo una alegría inmensa por reencontrarse con otros colegas y con su público, al que describe como «amantes de la buena música». Cada uno de los shows, que estuvieron vedados durante la cuarentena, constituye un momento único o irrepetible.

Más música en Thelonius

Por su parte, el trío conformado por Mariano Otero en el bajo, Leo Genovese en el piano y Sergio Verdinelli en la batería se ha presentado en espacios ya conocidos en la ciudad, como Thelonius Club.

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Sergio Verdinelli, Mariano Otero y Leo Genovese. (Foto: Alejandro Otero)

En las palabras de Otero, lo que caracteriza al jazz como género «es la búsqueda de la libertad y la posibilidad de encontrar un sonido propio, atravesando los límites estilísticos propios de los géneros musicales». Para este músico, volver a tocar en vivo le transmitió una sensación extraña más allá de la alegría lógica, como si el tiempo se hubiera detenido en los meses de la cuarentena y hubiera estado inmerso en un escenario de ciencia ficción.

En vivo se disfruta más

La música, de cualquier tipo, no se aprecia en el vacío sino en espacios cargados de sentido, como puede ser una vereda ruidosa. De esta manera se vive en las salas y los clubes de jazz que abundan en la ciudad de Buenos Aires. En muchos de estos lugares, el espectáculo se articula con una experiencia gastronómica: cenar y/o beber mientras suenan los instrumentos.

Víctor Ponieman es músico y a la vez el dueño de Notorious Bar, lugar que se inició como una disquería y después agregó un restaurante. Para Ponieman, son variadas las motivaciones de las personas para concurrir: «Porque les gusta el lugar, al cual quieren ir tras haber estado meses sin salir. También porque les gustan los músicos y saben exactamente lo que quieren escuchar. O bien porque buscan una experiencia distinta a otros sitios». La vuelta a la actividad, tras meses de inacción, ha implicado una alegría enorme para el público, que caracteriza como «gente grande que supera los 40 años de edad aunque hay gente joven, especialmente estudiantes de música».

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Bar Notorious. (Foto: Víctor Ponieman)

Después de meses de parálisis, el bar Virasoro abrió sus puertas y según Paula Andrada, responsable del lugar, la reapertura fue gradual y el reencuentro entre los artistas y el público ha resultado emocionante. Quienes concurren a los shows en vivo, que en la actualidad se están haciendo en la vereda de la calle Guatemala, forman parte de un público «heterogéneo en edades y gustos musicales», señala Andrada. Debido a tal heterogeneidad, la programación de Virasoro es amplia y diversa dentro del jazz como género. Las presentaciones en vivo se combinan con la transmisión de los show vía streaming.

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Virasoro Bar. (Foto: Candela Fuertes)

Final a toda orquesta

Al convocar a Andrew a la orquesta, Terence le indica que toque las notas de la pieza ‘Whiplash’ (del saxofonista Hank Levy, 1973) e inmediatamente detiene la música con un leve gesto, señalado que no estaba respondiendo a su tempo («not quite my tempo» es la muletilla del profesor).

Esas interrupciones constantes, que generan un temor palpable en él y en los otros músicos, se reiteran hasta el momento final de la película cuando, con sangre en las manos, sudor y lágrimas en el rostro, obtiene el respeto del director tras la interpretación de la pieza ‘Caravan’, compuesta por el trombonista Juan Tizol y el pianista Duke Ellington en 1936.

Sin negar el rigor de los ensayos, que son necesarios en las bandas y las orquestas, en las escenas del filme se percibe el miedo en el aire. Diferente hubiera sido la experiencia de Andrew al presentarse en vivo en algún bar, tras un año complicado e incierto para quienes organizan espectáculos en directo. La vivencia de este estudiante tímido hubiera sido más grata de percibir el entusiasmo de otros músicos al experimentar variantes rítmicas. El mismo al que se pliegan los amantes del jazz para vivir una experiencia colectiva sensorial, auditiva y visual, superior.

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