Bután, el país que mide la riqueza a base de felicidad

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos Bután destaca a nivel mundial por ser el único que no utiliza como parámetro el índice de Producto Bruto Interno (PBI) sino el de Felicidad Interior Bruta (FIB) para medir la riqueza.

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Por Facundo Torres (facundotorressn@gmail.com)

Sobre el extremo oriental de la cordillera del Himalaya, en el continente asiático, se ubica uno de los países más pequeños y poco poblados del mundo, el Reino de Bután, que además de sus imponentes paisajes y su cultura budista ancestral, destaca a nivel mundial por ser la única nación que no mide su riqueza a base de factores económicos y productivos, sino de acuerdo a la felicidad de su población. 

Se diferencia del resto de los países que analizan su economía en relación al índice de Producto Bruto Interno (PBI) estandarizado, es decir, a base de los bienes, productos y servicios que producen. Bután utiliza una escala sui generis que evalúa la riqueza nacional de acuerdo a un índice de Felicidad Interior Bruta (FIB). Este comprende en la misma proporción a los aspectos económicos, como la salud, la educación, la cultura, el bienestar psicológico, el medioambiente e incluso el buen uso del tiempo por parte de los ciudadanos.

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Cambio de paradigma

El cambio de paradigma se inició a mediados de la década del ’70 con la llegada al trono de Jigme Singye Wangchuck, conocido también como ‘Rey Dragón’, que por entonces contaba sólo con 17 años. Para ese momento, Bután era una de las naciones más aisladas del planeta y la pobreza económica impactaba en gran parte de la población, por lo cual el joven monarca decidió encauzar la recuperación del país aplicando a la política conceptos propios del budismo, para priorizar el bienestar social y espiritual de su población, en lugar de un simple crecimiento en términos materiales.

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Cómo se mide

Desde entonces, el modelo de desarrollo de Bután se ha guiado en base al índice FIB, que establece cuatro pilares fundamentales: desarrollo socioeconómico sostenible y equitativo; preservación y promoción de la cultura; conservación del medio ambiente; y buen gobierno. Para analizar su avance en tal sentido, el gobierno de Bután elaboró un cuestionario sobre diferentes aspectos de la vida de las personas que permiten medir indirectamente su nivel de felicidad.

«¿En el último mes, con qué frecuencia socializó con sus vecinos?»
«¿Cuenta usted cuentos tradicionales a sus hijos?”
«¿Ha perdido mucho sueño por sus preocupaciones?»
«¿Ha percibido cambios en el último año en el diseño arquitectónico de las casas de Bután?»

Esas son algunas de las 180 preguntas que integran la encuesta, que comenzó a realizarse a partir de 2007 y permite calcular el bienestar de la población en valores entre 0 y 1. En los últimos cálculos, los resultados fueron de entre 0,6 y 0,8 puntos dependiendo la región del país (mientras más cerca del 1, más feliz).

El país más feliz del mundo

El censo nacional de 2005 reveló además que un 97% de los butaneses contestaron afirmativamente a la pregunta de si son felices, la mitad de los cuales incluso se consideró “muy felices”

Desde entonces, el Reino de Bután adquirió el mote internacional de ser el país más feliz del mundo. Para reforzar ese título, el Día Internacional de la Felicidad, que se celebra cada 20 de marzo, fue instituido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2012 por una iniciativa presentada por el gobierno de Bután y apoyada de forma unánime por los países miembros.

Como resultado de las políticas implementadas en las últimas décadas, la estructura económica del país también se ha visto profundamente beneficiada y de ser una nación eminentemente agrícola, Bután ha pasado a consolidarse como exportadora de energía hidráulica -aprovechando el caudal de sus ríos-, atraer intensivamente el turismo y generar una industria incipiente. 

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Tareas pendientes

Sin embargo, aún con todos los avances de las últimas décadas y la complacencia de su población, Bután tiene algunos problemas importantes que resolver en el futuro inmediato. El desempleo y la desigualdad están en aumento, las diferencias étnicas evidencian fisuras al interior de la sociedad y la degradación ambiental empieza a ser una realidad a medida que el país comienza a incorporar el ritmo general del «mundo desarrollado».

China al norte y la India al sur, son los únicos dos países que limitan con Bután y demuestran lo paradójico y excepcional del caso. Dos de las economías más grandes e internacionalizadas del mundo, que comprenden entre sí a casi un 40% de la población mundial, son las que envuelven geográficamente al pequeño Reino de Bután, de tan sólo 800.000 habitantes y cuya capital, Timbú, tiene la distinción particular de ser la única en todo el mundo que no posee semáforos instalados.

La mirada internacional

Sin salida al mar, sin Marina ni Fuerza Aérea, y rodeada por los dos países más poblados del mundo, Bután es una suerte de enclave cultural que lucha por resistir el avance de la globalización, al mismo tiempo que busca mejorar la calidad de vida de su población desde una perspectiva holística. La fórmula elegida, única en su tipo, ya despertó el interés de algunos premios Nobel de economía -como Joseph Stiglitz y Amartya Sen– y sienta un gran precedente para empezar a pensar alternativas de desarrollo que prioricen la felicidad y el bienestar general por sobre lo material.

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