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Biblioteca Popular Ricardo Piglia, cultura activa, educación y empatía

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos Biblioteca Popular Ricardo Piglia, un espacio desde el cual se busca comprender la realidad y modificarla a través de una militancia cultural activa.

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Mirtha Caré (eme.elcafediario@gmail.com)
Fotos: Dana Babic

La Biblioteca Popular Ricardo Piglia, ubicada en Cochabamba 1736, en el corazón del barrio de Constitución (CABA), fue creada a partir de donaciones vecinales, pero sobre todo de “voluntades tercas”. Un espacio en donde además de libros se pueden compartir charlas, mates, guitarreadas. Sebastián Araya, Alejandro Spitzer y Gustavo Álvarez dialogaron con El Café Diario sobre la historia de esta nueva apuesta a la cultura.

Nace una idea

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Autores como Julio Cortázar y Roberto Arlt se dan la mano con Franz Kafka y Stephen King.

“Empezamos a armar el proyecto en 2018 –cuenta Sebastián Araya–, pero la biblioteca comenzó a funcionar en marzo de este año. Arrancamos con muy poco. Nosotros trajimos algunos libros, otros los donaron los vecinos. Ahora tenemos de todo: desde libros escolares hasta literatura clásica, pasando por autores contemporáneos independientes. Los propios autores nos regalaron los primeros ejemplares que publicaron, y una escuela técnica nos dio libros que ya no usaban. Los estantes metálicos los donó mi padre, pertenecían a un bar que ya cerró; estaban viejos y oxidados así que los reciclamos. Para mí es muy emblemático que esos estantes que antes tenían tazas ahora tengan libros”.

Con la apertura de La Piglia, ya son tres las bibliotecas de la zona: una está en la calle Brasil, en el Ateneo Anarquista de Constitución, y otra en la calle Carlos Calvo. “Este es un barrio marginal con respecto a la mirada de los otros; siempre se lo vincula con algo malo e ilegal (robo, prostitución, drogas), tanto desde los medios de comunicación como desde la población en general –considera Sebastián–. De alguna manera, los que participamos en este proyecto intentamos comprender esa realidad y modificarla con pequeñas acciones como brindar acceso a la literatura y otras artes”.

En este contexto, no es de extrañar que la iniciativa tenga un fundamento filosófico. Sebastián explica que “nuestras prácticas se basan en la teoría de Raymond Williams (intelectual galés de perspectiva marxista-culturalista) y entendemos que la cultura no sólo se encuentra en museos, bibliotecas o salones culturales, sino que es una práctica colectiva y necesaria. Y, si bien cada integrante tiene una postura ideológica definida, en el espacio no se toleran actitudes discriminatorias ni machistas. Nuestras relaciones parten de la igualdad y el respeto”.

Dinámica de grupo

El local en el que funciona la biblioteca es alquilado y mantenido entre todos los miembros del equipo. “Por el momento no tenemos ningún apoyo económico externo –aclara Sebastián–. Y estamos trabajando para conseguir la denominación de asociación civil (entidad sin fines de lucro). Para esto nos está ayudando mi hermana, que es abogada. También participan Faby Galeano, Adriana Escobar, Vicky Lagoia e Ignacio Rodríguez. En líneas generales somos los que colaboramos de acuerdo a los tiempos de cada uno. Algunos, además de trabajar, también estudiamos, así que en épocas de parciales cuesta un poquito más”.

La modalidad de acceso a los textos es la de cualquier biblioteca: a préstamo. Los usuarios pueden llevarse los libros a casa, pero, según Sebastián, “lo que queremos es que lean acá y se relacionen. Que compartan su literatura, que tengan al espacio como un lugar de pertenencia”. En la misma línea, Alejandro Spitzer agrega que “tratamos de que esto vaya creciendo y que la gente se vaya identificando y lo tome como un lugar propio para compartir momentos. Que se vaya enriqueciendo, ya sea culturalmente o en el trato con otros; hacer un compañero, un amigo”.

Para lograr ese objetivo, también se dictan talleres gratuitos de guitarra, de cestería y de bordado. “Los talleres están a cargo de los mismos integrantes de la biblioteca, aunque también pueden participar aquellos que tengan un programa y quieran compartir sus conocimientos –explica Sebastián–. Al final de cada taller tratamos de hacer una muestra para exponer los trabajos de quienes participaron”.

Gustavo Álvarez es profesor del taller de guitarra y cuenta que no se encasilla en un género específico: “les voy a enseñar a caminar; después, adónde van, no sé”. Estudió en la escuela de música de Resistencia, Chaco, de donde es oriundo; tocó en varios grupos y en distintos escenarios y así fue enriqueciendo su experiencia. “Hay que salir y probar lo que aprendiste, intercambiar conocimientos. Ahora, con este taller, voy a tratar de devolver un poco de lo que recibí”, dice Gustavo.

Pero los intereses de la biblioteca van más allá de la integración y el arte. Sebastián afirma que “dentro de las necesidades que tenemos también está la de acercar el tema perspectiva de género a nuestra sociedad. Para esto estamos coordinando con Ulises Rojas (@odiseorojo) para que venga a presentar su libro Diario de una marica mala (Pixel Editora, 2019) y a charlar sobre el tema”.

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Alejandro y Sebastián catalogando libros en buena compañía. (Imagen: Instagram)

Deseos

En la flamante biblioteca también circulan deseos. Uno de ellos es ponerse en contacto con Beba Eguía, viuda de Ricardo Piglia, pero por el momento no lo consiguieron. Aunque sí cumplieron otro deseo: “La ilustración que da la bienvenida a la biblioteca la hizo Miguel Rep (dibujante y humorista gráfico) para el Bar Ricardo Piglia de la Biblioteca del Congreso –cuenta Sebastián–. Nos contactamos con él y le llevamos una copia a la presentación de su libro y la firmo. Un crack total. Esto fue en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, donde también nos encontramos con Pedro Saborido (productor, guionista y director de cine). A ambos los invitamos a la biblioteca. Ojalá algún día puedan venir a conocer nuestro espacio”.

Quienes deseen participar de las actividades de la biblioteca pueden comunicarse a través de la red social Instagram con la cuenta @biblioteca_popular_piglia.

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