La banana busca otra valoración con sus historias

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos Alimento preferido para mucha gente, la banana busca mayor valoración a través de sus historias con literatura, deporte y celebridades.

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Por Julio Jerusewich (jjerusewich@hotmail.com)

Mientras el serbio Laszlo Djere arrojaba sus muñequeras, desparramaba un par de raquetas y pateaba una botella de agua, víctima de una incomodidad física que le quitaba cada vez más movimientos, su rival, el cordobés Juan Ignacio Londero satisfacía sus ansias de potasio en la cancha central Guillermo Vilas, en el marco del cuarto día del ATP 250 Argentina Open.

Inevitable pensar en el protagonismo que tuvo la banana en esta última semana. Y como efecto de atracción, atrajo cual imán, otras peculiares situaciones que la continúan involucrando. Una mirada ligera sobre sus propiedades señala que casi no tiene agua en relación a otras frutas y que además no contiene almidón. Lo que sí posee es hierro, betacaroteno (antioxidante, protege la piel, cabellos y dientes, entre otras funciones) vitaminas B y C, y de E y A, en menor medida. Su valoración es positiva porque a pesar de ser dulce, sus aportes glucémicos están en la franja media-baja. Sumado a sus minerales y su poder diurético, la banana es el alimento preferido de muchas personas. También tiene críticas, claro, pero por ahora no afectan a su fama. Dicen que engorda. Dicen.

Hace poco, en otro court, fue eje de una polémica: en un partido correspondiente al abierto de Australia de este año, el francés Elliot Benchetrit, de 21 años, le pidió a una alcanzapelotas no sólo que le alcanzara sino que le pelase una banana, pero antes que eso sucediera, el juez John Blom reprendió al jugador. Benchetrit debió hacer malabares para quitar la cáscara con sus dientes ya que tenía los dedos de sus manos vendados por ampollas.

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Militantes hubo y hay de ambos lados. Periodistas, aficionados y el resto del entorno del tenis tomaron la situación como una falta de consideración. En tanto que en las redes sociales el francés se vio defendido, ya que muchos coincidieron en que no hubo ninguna regla violada. Justificaron sus argumentos basados en que durante los partidos los jugadores piden con reiterada frecuencia agua y toallas. Finalmente Benchetrit (229 del ranking ATP) venció a Dmitry Popko y avanzó al cuadro de primera ronda… pero la anécdota quedó de relieve.

El vínculo entre el deporte y la fruta tiene más capítulos. El Banana Bowl se gestó en 1968, en Caracas, capital de Venezuela. Surgió como consejo del entonces presidente de la Federación Paulista de Tenis, el brasilero Alcides Procópio, -cuyo país de nacimiento es junto con Ecuador uno de los principales exportadores mundiales detrás de India, China y Filipinas- quien le dio forma a la idea en base al original Orange Bowl americano. Está subrayado como uno de los torneos juveniles más relevantes de la Federación Internacional de Tenis, dado que por ejemplo John Mc Enroe, Ivan Lendl, Gabriela Sabatini y Gustavo ‘Guga ‘ Kuerten se presentaron alguna vez en el certamen.

Si hablamos de tecnicismos dentro de la disciplina del deporte blanco (los estereotipos pertenecen a otro debate que también merece ser discutido), el banana shot es un golpe habitualmente más efectivo lanzado en carrera y paralelo a la raya, en el que la trayectoria de la pelota sale por fuera de la cancha y de repente cae con mucha potencia sobre el suelo. Suele ejecutarse con el drive (el remate con la mano más hábil del jugador), se lo utiliza a para contragolpear al rival, y requiere de un nivel avanzado. El estadounidense John Mc Enroe y el español Rafael Nadal pueden ser tomados como referencia de esta acción del juego. Pero el potasio también aparece en otros deportes, tal vez con menor grado de exposición. El fútbol es uno de ellos.

Otro brasilero, el recordado lateral izquierdo Roberto Carlos obligó a que la física se entrometiera para explicar, y no morir en el intento, su fabuloso tiro libre durante el partido frente a Francia en Lyon el 3 de junio de 1997. A 35 metros del arco, tras tomar una distancia de casi 20 pasos, su disparo realizó una trayectoria dibujando uno de esos paréntesis exagerados que escribimos en una clase, semejante a una banana, para meterse en el palo más lejano del arquero Fabien Barthez. “El gol que desafió a la física”, tituló el New Jornal of Physics.

Hace unos días hubo otro gol, que en este caso desafió a una etiqueta con buena prensa en el fútbol argentino. “Jugar con un hombre de menos es complicado”, señaló Miguel Ángel Russo, técnico de Boca, dos semanas atrás después de la expulsión de Izquierdoz, que conformó el 0-0 versus Independiente. Como si el destino se hubiera empeñado en demostrar lo contrario, fue Independiente el equipo que en la fecha pasada contó con ventaja numérica pero no de uno, sino de dos jugadores durante buena parte del segundo tiempo. Apostó a la paciencia para encontrar los espacios. Del otro lado, Racing se reagrupó sin renunciar al ataque. En uno de esos embates con más voluntad que ideas claras apareció la buena ubicación y la serenidad del chileno Marcelo Díaz para definir el clásico y propagar el delirio masivo en todo el estadio. Un rato antes, previniendo las consecuencias del desgaste físico, se había comido una banana con la pelota en juego. Resultó algo así como la espinaca para Popeye.

Pero no sólo del deporte se nutre la banana: la novela Kitchen (1988) tuvo 60 ediciones vendidas en Japón. Luego, entre otras, le siguieron La última amante de Hachiko (1999), La pequeña sombra (2002), Presagio triste (2003) y Recuerdos de un callejón sin salida (2011). Es valorada en su país por el enfoque certero que refleja la frustración entre los jóvenes japoneses de hoy en día. ¿De quién hablamos? Banana Yoshimoto es una novelista japonesa cuyo nombre es Mahoko aunque tomó tal seudónimo por su amor a las flores carnosas del banano.

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‘Banana’ Yoshimoto

En sintonía con el ámbito, el periodista Daniel Mecca planteó una nueva irrupción del arte conceptual a partir de lo sucedido en la feria de Art Basel de Miami, donde el artista italiano Maurizio Cattelan exhibió una banana, y un coleccionista francés pagó 120 mil dólares por ella. Pero todo no quedó ahí. El artista norteamericano David Datuna arrancó la banana de la pared y se la comió. En función de ambas situaciones el debate quedó instalado acerca de si se trata de obras de arte. La banana exhibida y el gesto de consumirla. La visión crítica de los versados en la materia afirma que lo que se contempla no es el aporte estético en sí de la obra, sino más bien su representación paradójica, provocativa, sarcástica entre otros sentidos.

Como sea, la banana es un fruto comestible originada de varios tipos de plantas herbáceas del género Musa…. Y está claro que seguirá inspirando más capítulos.

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2 comentarios en “La banana busca otra valoración con sus historias

  1. Muy interesante.
    Otro dato curioso es que el potasio está presente en diferentes isótopos, uno de ellos el K40, fuente de radioactividad de baja intensidad. Por lo cual del total de potasio que hay en una banana, hay un 0,0117% de ese isótopo, suficiente para activar los detectores de radiación de los aeropuertos

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