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La gente recorre en silencio el predio de Auschwitz. (Foto de Noelia Casas)

Auschwitz, a 75 años de la liberación de la pesadilla nazi

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos El testimonio de Lea Zajak, ex prisionera, y la visita de la periodista Noelia Casas al campo de concentración ubicado en Polonia, hablan de la vigencia del drama del exterminio nazi.

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Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Noelia Casas (noeliacasas83@gmail.com)

El día se presentaba con nubes que iban de blancas a grises, se avecinaba lluvia. El cielo mostraba esa melancolía que luego íbamos a presenciar.

Salimos desde la ciudad de Cracovia, ciudad del sur de Polonia, un contingente de aproximadamente 40 personas, en su mayoría de origen español. Son 70 los kilómetros que separan la ciudad del mayor campo de concentración que los nazis construyeron fuera del estado alemán.

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Aproximadamente un millón de personas fueron asesinadas en Auschwitz. (Foto de Noelia Casas)

Llegamos, hacía calor, pero al pasar por la entrada y atravesar el cartel de “bienvenida” que dice “Arbeit macht frei” («El trabajo libera»), parecía que el frío gélido de los inviernos de Auschwitz traspasaban la ropa y llegaban hasta los huesos.

Comenzamos a entrar en fila india y los contingentes comenzaron a guardar un respetuoso silencio.

El mayor campo de concentración fue construido por el nazismo en 1940 para albergar prisioneros políticos polacos. Luego llegaron judíos, gitanos, homosexuales y hasta testigos de Jehová. Según datos de la Holocaust Encyclopedia se estima que las SS (Schutzstaffel, la organización militar, policial, política, penitenciaria y de seguridad al servicio de Adolf Hitler y del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán en la Alemania nazi) y la policía deportaron por lo menos a 1,3 millones de personas al complejo de campos de Auschwitz entre 1940 y 1945. De estos deportados, aproximadamente 1,1 millones de personas fueron asesinadas.

El Ejército Rojo liberó a los prisioneros del campo el 27 de enero de 1945 y en 1947 se creó un museo en su lugar. En 1979, la UNESCO incluyó Auschwitz-Birkenau en la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad.

El campo estaba dividido en diferentes pabellones. Comenzamos por el N° 24. La gente va callada escuchando al guía. Tengo el presentimiento que se escuchan también las botas de los militares nazis, el bullicio de la gente, los llantos de los niños, la soledad y la tristeza.

La sobreviviente Lea Zajac lleva un tatuaje con el número 33502 en su brazo que le grabó el tristemente célebre médico nazi Josef Mengele.

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El cartel de bienvenida “Arbeit macht frei”: el trabajo libera. (Foto de Noelia Casas)

En los diferentes pabellones hay exposiciones que muestran las malas condiciones en las que vivían los prisioneros, además de sus pertenencias, las cuales les eran quitadas al ingreso.

Los prisioneros llegaban al campo de concentración en trenes, pensando que iban a trabajar, esa era la promesa por parte del ejército alemán. Se los clasificaba y anotaba en un libro, que con el correr de los meses agotó sus páginas, razón por la cual comenzaron a grabarles números en los brazos. Inmediatamente después de las requisas, eran rasurados. Al término de la guerra se hallaron más de 1,95 toneladas de cabello humano.

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El mayor campo de concentración fue construido por el nazismo en 1940. (Foto de Noelia Casas)

El testimonio de una sobreviviente

En el 2013 fui particípe de una entrevista realizada a la sobreviviente Lea Zajac en el programa radial ‘Barrilete Cósmico’, que se emitía por Radio Temple 93.3. Lea lleva un tatuaje con el número 33502 en su brazo que le grabó el trístemente célebre médico nazi Josef Mengele. Ella todavía recuerda ese día.

Lea tiene una mirada tierna, sonríe, pero dice que jamás recuperó la alegría plena desde aquel día que le grabaron a fuego ese número, que al día de hoy lleva en su brazo.

José María Malvido la entrevistó durante aproximadamente dos horas. Lea, cuyo nombre completo es Liza Zajac, contó su terrible historia. Sus ojos denotan cansancio, seguramente ese mismo cansancio que sintió durante su permanencia en el campo de concentración.

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El tatuaje realizado por el mismo Joseph Mengele en el brazo de Lea Zajak. (Foto de Noelia Casas)

A ella la llevaron en tren, junto con su mama y su hermanito. Era otoño, “los campos vestían de color ocre, todo era hermoso”, cuenta con ese acento polaco que todavía conserva.

Al llegar a Auschwitz fueron separados. Lea vio como su mamá y su hermanito eran subido a un tren a punta de pistola y llevados directamente a la cámara de gas. Lea corre”, le grito su mamá y ella logró escabullirse entre las botas de los militares y esconderse.

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“Lea corre” le grito su mamá y ella logro escabullirse y esconderse. (Foto de Noelia Casas)

Lea realizó trabajos forzados, a pesar de que era una niña. Fue salvada por una médica austríaca que era prisionera de guerra. La adoptó como si fuera su hija y así hoy ella puede contar esta historia de horror y exterminio.

El recorrido termina en Auschwitz II, llamado Birkenau, construido posteriormente como campo de exterminio. Birkenau fue edificado en 1941, a 3 kilómetros del primer campo y era más grande: tiene 175 hectáreas y se construyó en función de liquidar a los prisioneros que llegaban. Había principalmente cámaras de gas, las cuales fueron derribadas por los nazis antes de la liberación soviética. Para la “solución final” como llamaban los nazis a la aniquilación de la población judía.

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Museo estatal Auschwitz-Birkenau. (Foto de Noelia Casas)

Hace 75 años que Lea pudo volver a vivir, aunque aún no encontró una explicación a esta gran masacre. Nadie lo hizo.

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