Ambulancias pirata, terror en el sistema de salud de Mexico

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos La crisis relanza prácticas ilegales en México. Las ambulancias pirata interceptan pedidos desesperados de las personas y estafan a los pacientes. La historia.

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Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Fernanda Galarza (fernandagafi@gmail.com)

La contingencia por el COVID-19 ha supuesto el aumento en del precio en los materiales para protección personal como cubrebocas, alcohol o tanques de oxígeno. Si bien la pandemia beneficia a algunos sectores, en México se ha conocido una explotación cruel durante la crisis sanitaria. Las ‘ambulancias pirata’ o falsas, cuyos gestores se aprovechan de la desesperación de los pacientes. Estos vehículos y sus conductores temerarios recuerdan a los de las llamadas ‘combis asesinas’ de Lima, Perú, camionetas dedicadas al transporte colectivo, muchas de las cuales circulan de forma ilegal, que en multitud de ocasiones protagonizan accidentes mortales al cruzar las vías del ferrocarril cuando las barreras están bajas. Unas y otras juegan con la vida de las personas.

Ciudad de México es el lugar donde a menudo vehículos destartalados y mal equipados recorren las calles escuchando, a través de una frecuencia de radio a los prestadores de servicios médicos, e intentan arribar a la emergencia antes de que éstos lleguen a bordo de las ambulancias legítimas. De acuerdo con el diario económico mexicano El Financiero, las falsas cobran cifras desmesuradas a los familiares de los enfermos por su traslado a los hospitales, y a veces, a clínicas privadas cuyos equipos están deteriorados. 

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Ambulancias pirata en la Ciudad de México lucran con la enfermedad.

Autoridades sanitarias y activistas han declarado que no sólo es un servicio abusivo, sino también peligroso, ya que se han realizado inspecciones recientes demostrando que muchos de estos vehículos no tienen suficiente equipo y son operados por personal no capacitado, que además proporciona medicamentos cuya fecha de caducidad ha expirado. 

Historias de personas estafadas

Rachel Sieder es una profesora universitaria de la capital, y fue víctima de estos servicios turbios el 11 de agosto. Una amiga suya comenzó a presentar un ataque epiléptico, la familia llamó al 911, que es número de emergencias en México, desde donde se envían ambulancias gratis, y el vehículo que se presentó fue una ‘ambulancia pirata’.

El viaje de 8 kilómetros hasta el hospital fue cobrado 7.300 pesos mexicanos, un equivalente a casi 350 dólares, en un país donde este es el ingreso de casi 60 días de trabajo de miles de operarios. Y donde este servicio se supone gratuito. 

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Vehículos destartalados y mal equipados, las ambulancias pirata encontraron en el coronavirus una nueva veta para lucrar. (Foto: Twitter@Blackeaglerk)

Sieder indica que tuvo que pagarlo, ya que «nadie va a regatear por dinero cuando piensa que una persona puede estar muriendo». A esto añadió que el personal que atendió a su amiga los apresuraba diciendo que la presión de la paciente era muy alta. Aunque cuando les pidió que volvieran a comprobarla, estaba normal. 

La situación no terminó ahí. Al momento de pedir un documento que acreditara el servicio que se brindó, «por razones impositivas», le pasaron un trozo de papel escrito a mano, argumentando que la empresa de la ambulancia se encontraba en una ciudad de provincia a 400 kilómetros de la capital. 

Rachel se comunicó por teléfono con dicha empresa, llamada Asistencia Bios, y la persona que la atendió confirmó que se trata de ambulancias, pero que no ofrecen servicios en la Ciudad de México, con lo que la dejaron en completa intriga sobre en quiénes depositó la vida de su amiga. 

Aunque este método de estafa ha sido utilizado desde antes de la pandemia, la llegada del coronavirus ha relanzado esta oferta marginal y muchas personas reciben dinero a costa de la salud de las y los mexicanos. Estas pseudo ambulancias también trasladan a pacientes con COVID-19, pero a ellos les cobran un extra importante. 

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Las ambulancias pirata no sólo son una estafa sino también un peligro sanitario.
(Foto: Twitter de @enriquekastro)

Otra víctima ha sido Alejandra Isibasi, quien relata que le dijo a su padre que llamara al número de emergencias para pedir una ambulancia, ya que una persona que trabaja con ella se había enfermado. Cuando el vehículo llegó, el personal estabilizó al paciente y lo llevó a una clínica privada, no sin antes cobrarle 175 dólares, casi la mitad de su sueldo mensual, por un viaje más que corto. 

«Dije 911 porque entiendo que es la línea de emergencia que te va a mandar lo más pronto posible una ambulancia, y es un servicio público o por lo menos un servicio gratuito en el caso de la Cruz Roja. Una cree que va a venir una persona profesional”, dijo Isibasi. Pero la ambulancia pirata llegó primero.

A las denuncias se suma la Gustavo Briseño. Su padre presentaba síntomas de coronavirus y los conductores de la ambulancia le cobraron varias veces la tarifa habitual por llevarlo al hospital. “Lucran con tu dolor para sacar ventaja”, puntualiza Briseño. “Cuando normalmente cobran seis mil pesos (250 dólares), ahora pedían 35 mil (1.400 dólares). Es ilógico”.

Competencia desleal

Rafael González, vocero de la Cruz Roja Mexicana, manifiesta que las ambulancias de ese servicio operan en el marco de un acuerdo con la municipalidad y que ofrecen servicios gratis en el sector occidental de la capital. Pero cuando se presentan para atender la emergencia, a menudo descubren que una ambulancia pirata ya se les adelantó. 

Por su parte, la Comisión Federal para la Protección de Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) pide a los habitantes que eviten utilizar los vehículos que no presenten una licencia. Asegura que desde finales del 2018 se han realizado más de 2.257 inspecciones y muchas furgonetas resultaron ser privadas, pintadas para que parezcan ambulancias. 

Al respecto, Fernando Avilez, presidente de la fundación sin fines de lucro ‘No más negligencias médicas’, asegura que este tipo de situaciones constituyen un delito que debería ser juzgado. Además, Avilez insiste en que se debe exponer a las clínicas privadas que tienen un acuerdo con los dueños de estos vehículos y les pagan por llevarles pacientes: «Los trabajadores de las ambulancias legítimas son héroes sin capa, y si en su lugar llega un impostor, se corre el riesgo de que los signos vitales de los pacientes se agraven, o que incluso hasta pierdan la vida».

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