Alejandro Scioscioli, una historia de 100 años de vida

Tiempo estimado de lectura: 6 minutos Que alguien llegue a cumplir 100 años aún causa fascinación, como la historia de Alejandro Scioscioli, quien hoy festeja su primer siglo de vida.

Tiempo estimado de lectura: 6 minutos

Por Federico Esteban (federicoeest@gmail.com

Cumplir 100 años es un privilegio del que muy pocas personas pueden gozar. A decir verdad, sólo aquellas que al esfuerzo y a su vitalidad le suman una cuota de suerte, porque no todo es buena salud. Y el hecho se vuelve más pintoresco si el cumpleaños es el 24 de diciembre y en medio de una pandemia. Tal es el caso de Alejandro Scioscioli, vecino de la ciudad bonaerense de Martínez, quien este jueves cumple 100 años.

Una vida singular

El protagonista de esta historia nació en la víspera de la Navidad de 1920, en la ciudad de Orsogna, provincia de Chieti, Italia. Hijo de Nicola Scioscioli y Rachele D’Alessandro, Alejandro fue el menor de seis hermanos: Antonio, María, Concetta, Filomena y Serafina. Con Antonio tenía una diferencia de 18 años, por lo que nunca llegaron a conocerse. Cuando nació, su hermano mayor ya había partido hacia los Estados Unidos. Otra singularidad en su vida: al pequeño lo criaron sus hermanas, porque su madre falleció cuando él tenía apenas 18 meses.

Tras cumplir los18 años, Alejandro ingresó al servicio militar italiano, y lamentablemente, pocos meses después empezó la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, dada su formación, ocupó un cargo superior al de los soldados que combatían en la primera línea: «estaba en la oficina porque mis compañeros eran todos analfabetos», recuerda en diálogo con El Café Diario. Vale la pena, en este punto, remarcar una anécdota que habla de su persona y del sentimiento de compañerismo que siempre lo caracterizó. «Una vez, mi capitán me preguntó si quería mandar a los soldados malos al frente. Le contesté: ‘Señor Capitán, para mí, todos los soldados son iguales. Antes que mandar a un soldado al frente por mi culpa, prefiero ir yo. Y me hizo ir al frente a mí», recuerda.

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Don Alejandro, impecable a sus 100 años.

El castigo del capitán, no obstante, quedó sin efecto. Días antes de tener que combatir en la primera línea de fuego, se firmó el armisticio con Gran Bretaña, tras lo cual, el enfrentamiento quedó diluido. «En julio de 1943 sacaron a Mussolini del poder y aflojó la guerra. Ahí nos salvamos todos, porque estábamos cerca de los norteamericanos», cuenta Scioscioli con gran lucidez.

Cambio de vida

El fin de la guerra dejó no sólo a Italia sino a toda Europa en ruinas. Falta de trabajo, hambruna y crisis económica marcaron la situación de aquellos años. Ante ello, Alejandro Scioscioli decidió viajar a la Argentina, ya que a Estados Unidos, donde se encontraba su hermano mayor, no podía dirigirse porque era considerado un fascista.

En 1949 emprendió la travesía en búsqueda de una vida mejor. Y vaya si lo logró: construyó su casa, armó su familia y deja un legado plagado de sabiduría y amor para su hija Patricia y su nieta María Victoria, de 56 y 25 años respectivamente.

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Alejandro junto a su hija Patricia, su mujer Titina, y su nieta María Victoria.

Fue así que viajó a nuestro país en barco y durante 30 días. «Se movía bastante cuando había mal clima pero lo importante es que se comía», confía. La comida es un factor que Alejandro subraya y valora todo el tiempo, un poco por humor y otro poco por la historia de padecimientos que le tocó atravesar desde chico. Justamente, consultado sobre sus 100 años de vida, destaca que uno de los secretos ha sido «cuidarme con la comida». Y luego, agrega, con un tono de voz que combina sabiduría, amor y bondad: «cumplir cien años es la ley de la vida. Me gusta cumplirlos, no les voy a decir que no».

En ese sentido, vale traer a colación las ventajas que suponía en su infancia el cumpleaños navideño. Según el relato de su hija, por la precariedad con la que vivía, en su infancia no se festejaban los natalicios, pero sí se celebraba la Nochebuena con un gran banquete. Entonces él tenía su festejo con rica comida.

Una vida de trabajo

Una vez en la Argentina, Alejandro Scioscioli se alojó en una pensión en la localidad bonaerense de Martínez junto a su amigo Juan Marcello, hoy de 84 años. Pronto comenzó a trabajar en una fábrica de calefones y además, a realizar tareas de seguridad en empresas. Asimismo, realizó un curso de electricidad que le permitió obtener un diploma y así ampliar su formación. En Italia sólo había logrado terminar la escuela primaria, ya que pese a su corta edad, tenía que ayudar a su familia trabajando en el campo.

En 1957, Alejandro consiguió dar un paso importante. Comprar un terreno en Martínez. Ayudado por amigos italianos, quienes se asistían para complementar los conocimientos que tenían en diferentes oficios, comenzó a darle forma a la vivienda donde vive al día de hoy junto a su esposa Concepción del Greco, Titina, de 94 años, con quien se casó en 1959. Después, en 1964, nació Patricia, la única hija del matrimonio. «Argentina estaba mejor que Italia. Había comida y trabajo», enfatiza Alejandro.

Además de las ocupaciones y trabajos mencionados que tenía, también se dedicaba a la jardinería después de su jornada laboral. Todo servía para cumplir con sus objetivos, terminar su casa y ayudar económicamente a la familia que se había quedado en Italia.

Siempre en movimiento

Uno de los mayores tesoros de Alejandro Scioscioli es su bicicleta, que lo acompañó durante gran parte de su extensa vida. Salía a trabajar con ella y la máquina de cortar pasto de forma manual, hasta que en 2000 dejó la actividad laboral, cuando el físico empezó a pasarle algunas facturas. Sin embargo, el amor por el jardín no decrece y continúa con las tareas de jardinería en su casa y en la de Patricia, donde ha cortado el pasto y ha mantenido en condiciones todo tipo de plantas y flores. Aunque parezca mentira, siguió usando la bicicleta hasta los 96 años para realizar compras y hacer trámites.

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La jardinería, una pasión para el ya centenario Alejandro.

Un hombre de familia

Alejandro es un canto a la vida, y disfruta de los pequeños momentos con su hija y su nieta María Victoria, con quienes suele jugar al chinchón. «Mi padre es el amor andando. Se ocupa y se preocupa por sus seres queridos y por quienes no lo son. A pesar de que es una persona que no expresa fácilmente sus sentimientos con abrazos y besos, lo demuestra con los hechos, pendiente en todo momento de que uno esté bien», le dice Patricia a El Café Diario.

Su nieta, estudiante de Medicina en la Universidad de Buenos Aires, por su parte, lo describe así: «mi nonno es mi debilidad, mi talón de Aquiles. Tenemos una conexión muy profunda, un lazo para toda la vida y siempre ha sido mi gran compinche. En un punto cumplió un rol de padre, ya que el mío falleció y junto a mi nonna me criaron mientras mi mamá trabajaba. Es una persona que está en cada recuerdo, porque miro para atrás y siempre estuvo presente, de manera incondicional en cada paso que di en mi vida».

Alejandro Scioscioli siempre ha sido un apasionado de la lectura. En particular, de los temas relacionados con la medicina. «Es un ser de luz al que uno le pediría consejos siempre, ya que, a pesar de su poca escolaridad, es un libro abierto, fruto de la apasionada lectura permanente que ha hecho de infinidad de libros y de diferentes temas, como así también de toda la experiencia ganada durante estos 100 años de vida», destaca, emocionada, su hija sobre este hombre que ha estado presente en cada momento de su vida y hasta se convirtió en un segundo padre de su hija, cuando enviudó hace más de quince años.

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La famiglia unita, como diría en su italiano natal.

«Mi nonno es un ser especial, único en el mundo. Todo el que lo conoce lo ama porque tiene un corazón enorme, un espíritu alegre y una sabiduría que lo hacen destacar por sobre el resto. Siento un orgullo enorme por todo lo que logró con tan poco, sin quejarse, esforzándose por sus sueños y por tratar de darle lo mejor a su familia», precisa su nieta.

Patricia explica por qué entiende que su papá llegó a los 100 años: «por las ansias de vivir que tiene, el amor a la vida y el objetivo de ver a su nieta recibida de médica». Victoria, en la misma sintonía, afirma que «llegó a los 100 porque tiene un espíritu joven, y porque quiere hacer todo el esfuerzo posible para verme recibida de médica; reza todos los días para poder llegar a ese día y acompañarme en ese logro tan importante para mí y para él».

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