Alan Robinson, durante su charla Ted.

Alan Robinson, durante su charla Ted.

Alan Robinson: “Todos somos bipolares”

Dramaturgo, director y escritor, transitó el pasaje de la locura al arte. El punto de vista de un creador polifácetico hecho a sí mismo.

Por Pablo Kulcar

Alan Robinson es dramaturgo, director, actor y autor de teatro y cine. En diálogo con El Café Diario habla de su vida, del arte, la locura y de su libro ‘Actuar como loco’.

¿De qué trata su libro?

En ‘Actuar como loco, experiencias del teatro y la locura’, cuento mi experiencia estando internado en dos oportunidades en clínicas psiquiátricas, la primera a los 16 años.

Allí estuve 6 meses, con una semana de encierro, sin poder ver a mi familia ni a mis amigos. Muy drogado, dominado casi por el tratamiento. Fui diagnosticado como bipolar, pero no me hago cargo. Si pudiera iría con alguno de los dueños de Abbott o Roche, laboratorios que seguramente ni saben de mí, les diría que les devuelvo este diagnóstico, que una serie de equivocaciones y sobre todo las drogas psiquiátricas, me produjeron mucho dolor.

No tuve un detonante ya que no es una enfermedad. Para mí, la bipolaridad es una cualidad, una capacidad, una virtud. Sé que es un problema social, casi del lenguaje y cultural. Todos lo tenemos. Algunos intentan cambiar estas circunstancias para mejorar. Gracias al libro encontré mucha gente buena. Lo que está claro es que todas las enfermedades son síntomas sociales.

¿Cómo fue la internación?

Fueron dos  años de contención, conté con el valioso apoyo de familiares y amigos. Cuando estas en pleno tratamiento no podes leer lo que quieras, ni trabajar, debes estar siempre acompañado, tenés que cicatrizar la herida y seguir. Esa es la verdadera convivencia con tus capacidades diferentes. Lo ves en la calle en aquellos que viven a la deriva, pidiendo, vendiendo algo. Hay que mantener la calma, la prudencia.

Los psiquiatras hicieron lo mejor que pudieron, frenaron el discurso delirante. Pero si ellos hubieran encauzado la potencia del delirio en forma positiva diciendo algo así como “ya que sos el mesías, andá a un hospital y hacé reír a niños con cáncer” estoy seguro de que no hubiera sido tan traumático.

tags
Alan Robinson, durante su charla Ted.

¿Cómo se dio el proceso que desencadenó en el diagnóstico?

Comencé con una serie de complicaciones que derivaron en un hecho delirante donde decía ser el mesías, caminaba por la calle y pensaba que las publicidades me hablaban. Fue una cadena de hechos que  comenzaron a enrarecerse cada vez más. Llega un punto en que todo es como un sueño  pero real. No hay diferencia entre un estado y otro. Tenés que aprender a entrar y salir de la locura. Es muy difícil entenderla. Provoca angustia, es misteriosa. Nos rodea, estamos expuestas a ella a diario. Y lo peor es que lo sabemos, lo vemos.

La sociedad intenta la adaptación a sus reglas…

Pretende integrar al distinto a lo establecido. Trata de equilibrarlo en un espacio. Lo encontré después de veinte años.

¿Cómo concibe el rol del artista?

El artista se debe asumir como comunicador, nuestro rol es elaborar, mostrar, reírnos de los problemas, pero con empatía. La actuación en el teatro es lo que pasa entre el espectador y el escenario, el momento de la función. Por eso exijo cierta preparación en el actor, debe trabajar en beneficio de la vida de la obra, allí entra este derecho a modificar el texto. Si se necesita achicar algo o agregar o incorporar silencios, el actor debe estar presto a lo que considera útil para conmover al público. Esto es algo natural, todos agregan, suprimen, acentúan según su sensibilidad, eso es lo que se llama derecho al texto.

¿Cómo cree que debe construirse una pieza artística?

Me gusta el entrecruzamiento de locura, arte, misterio. Las zonas grises más complejas. Creo que una obra no es un hecho artesanal, es trascendental, debe mantenerse en la historia, como un hecho social. Plantear una búsqueda. Dostoievski escribía sobre los personajes que le pasaban cerca y eso sí es difícil, es encontrar allí cosas ocultas.

Alan Robinson, por Il Vato.
Alan Robinson, por Il Vato.

¿Cómo se le da vida a la obra?

Existe un mandato cultural que impone un orden de hacer teatro. Producción, después ensayo y finalmente proceso creativo. Hay derechos de autor que respetar, pero existe la improvisación estética.

Como dramaturgo tengo obras escritas pero no editadas, no impresas, por lo que alguien las puede tomar y hacer con otra impronta.

¿Hay un desprendimiento de su obra después del proceso creativo?

No me apego a lo ya escrito. Disfruto del recorrido creativo más que del resultado. Aunque siempre evalúo lo que pasa arriba del escenario, hay que ser muy exactos allí y las observaciones deben partir de la honestidad, del criterio constructivo. La obra termina siendo permeable, como lo es el arte en sí mismo.

Crear es difícil en la medida en que se pretenda realizar con seriedad. El artista se encarga de romper construcciones lingüísticas que estereotipan.

¿Cómo instrumenta la distribución de sus libros?

Los posibles lectores me contactan por Facebook y pactamos un punto de encuentro. Después, nuevamente vuelvo a trabajar. Los entrego en bicicleta. Es la única manera de hacerlo, ya que es un proyecto autogestionado y no tengo acuerdos con redes de librerías. Me gustaría que las distribuidoras fueran más contemplativas de la dignidad del escritor, de su realidad laboral. Es un libro de autor, un ensayo con partes autobiográficas, y tiene un precio acorde a los tiempos que vivimos.

  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *