Adiós al género de la ropa, llega la vestimenta para todes

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos Stampatte y Beegoldwear son marcas que crecen en la industria de la ropa, a la que interpretan sin género, como los ángeles. Más argumentos para la nueva época.

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

Por Bárbara Guerschman (barbara.guerschman@gmail.com)

Cuando en 2017 se estrenó la serie española ‘Las chicas del cable’, parecían ser cuatro las protagonistas, además de la ropa. Amigas que trabajaban en una compañía telefónica ambientada en la década de 1920, en una Madrid tradicional y moderna a la vez.

Trailer de la primera temporada de la exitosa miniserie española ‘Las chicas del cable’

En realidad, resultaron ser cinco las protagonistas, pues el personaje de Sara Millán -la eficiente supervisora de las empleadas- comenzó a cobrar fuerza por derecho propio a medida que avanzaban los episodios.

A lo largo de las temporadas, la espectadora y el espectador asisten a la transformación de este personaje, quien se considera a sí misma «un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer». Asume la identidad de Óscar Ruiz, cambia radicalmente su forma de vestir y se enamora de Carlota, quien junto con las demás chicas la acompaña de forma incondicional en su cambio.

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La actriz Ana Polvorosa se destaca en su doble rol
de Sara Millán y Óscar Ruis, su verdadero yo.

¿Qué ocurre con los cambios que, en nuestra ciudad y otras ciudades, atraviesan personas como Sara u Óscar en sus vidas? ¿Qué sucede, además, con las personas que procuran distanciarse de una perspectiva binaria? Ser hombre o ser mujer, sin más opciones en el abanico de las identidades que son más bien múltiples. ¿Qué sucede con la fabricación de vestimenta cuando los consumidores procuran evadir las distinciones dicotómicas como hombre/masculino o o mujer/femenina?

Algunas respuestas

Este es el caso de dos marcas. La primera es Stampatte, una marca de indumentaria «sin género, para todes» creada por Romina y María Emilia, que abarca la producción de remeras, calzas y riñoneras.

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María Emilia y Romina, de Stampatte.

La otra marca es Beegoldwear, en la que Rocío y Benjo desarrollan boxers funcionales, con tres modelos que tienen usos específicos: el singer, que incluye un bolsillo interno delantero para hacer bulto, el beehold para ser utilizado con toallitas y el ready, apto para orinar de pie.

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Rocío y Benjo, de Beegoldwear.

¿Y si no hubiera secciones en los negocios?

Al rastrear las trayectorias que llevaron a María Emilia a iniciar Stampatte así como a Benjo y Rocío a idear Beegoldwear, se encuentran visitas sucesivas a los negocios de ropa, con la sensación consecuente de incomodidad generada por las indicaciones de los vendedores acerca de dónde dirigirse: a la sección femenina o a la masculina.

A esta incomodidad se refiere María Emilia cuando describe que «nos molestaba mucho (y nos sigue molestando) ir a locales a buscar ropa, ver una prenda que nos gusta y que, del otro lado, nos cuestionen si es para nosotras porque ‘esa es ropa de hombres’ y entonces mandarnos a la sección de mujeres. Esa incomodidad que pasamos y que mucha gente pasa simplemente por elegir una tela que te gusta mucho, querer comprarla y enfrentarte a esa situación, es muy molesto. Siempre supimos que íbamos a hacer ropa sin género, que si te gusta te la puedas poner sin cuestionamientos y sin dar ninguna explicación».

Aunque tiene una explicación: «partamos de la base de que la ropa no tiene género, que es una tela confeccionada. El género se lo indicó el sistema hétero cis (neologismo referido a los individuos cuya identidad de género coincide con su fenotipo sexual) patriarcal y el sistema capitalista que indicó que el hombre se debía vestir cómodo para trabajar y la mujer tenía que estar sensual para realzar su figura», sostiene María Emilia.

A la misma incomodidad se refiere Benjo: «de chiquito siempre me sentí distinto al resto, porque por fuera me veía como una nena pero yo sabía que en realidad era un nene. Me gustaba ir a comprar la ropa a la parte de los ‘chicos’, y la gente decía ‘no, nena, eso es para los nenes’. Siempre me preguntaba ¿por qué me gusta más esta ropa? Y siendo más grande me pregunté: ¿por qué la ropa tiene que dividirse en dos sectores, cuando en realidad me puede gustar lo que sea, usarlo y listo? O sea, es un pedazo de tela con una forma que alguien le dio, nada más. Entonces, la expresión ‘sin género’ que le ponemos es para cualquiera que, si le gusta la prenda que vio, se sienta libre de poder usarla».

Las secciones al interior de un negocio, antes señaladas, corresponden a las distinciones de género que, de acuerdo a María Emilia, son «una construcción cultural». A esta construcción ha hecho alusión la filósofa estadounidense Judith Butler, quien propone deconstruir y desnaturalizar la misma lógica del binarismo de género, que implanta la héteronormatividad, excluyendo otras formas de vivir el cuerpo: ser mujer u hombre, la masculinidad o la femineidad.

La héteronormatividad señalada designa un sistema económico y político impuesto por el patriarcado, que se hace presente tanto en el ámbito privado como público, imponiendo la heterosexualidad como única norma a seguir. En el caso del ámbito público, podemos señalar como ejemplos los baños (la mayoría ostenta las siluetas de varón o mujer) y las secciones de los negocios antes mencionadas.

Quien quiera vestirse, que se vista

Al referirse a los consumidores que actualmente les compran, Benjo y Rocío coinciden en que «por lo general son chicos trans, chicas cis, personas no binarias. Es decir, gente que no se encuentra dentro del espectro binario y también gente que sí, digamos, porque también hay chicos cis que compran y está todo bien; incluso mi papá usa estos boxers».

Respecto a los boxers, Rocío agrega que «hay mucha gente que se va a comprar boxers y dice ‘me emociona mucho porque es la primera vez que compro boxers para mí’, y se ponen muy felices por adquirir la prenda. Nos encanta, pero en definitiva es ropa, comprala, no pasa nada, nadie te tiene que juzgar: disfrutala y sé feliz».

De todos modos tienen pensado confeccionar otras prendas pronto: «actualmente sólo hacemos boxers funcionales, y decimos ‘funcionales’ ya que tienen en cuenta otros usos al del bóxer convencional. Pero nos gustaría hacer remeras, tops, mallas que cualquier persona pueda usar. En el caso de la malla, por ejemplo; haríamos una opción para una persona que si quiere comprimir el pecho, pueda hacerlo. Serían prendas que además de vestir, cumplan alguna función por fuera de lo básico».

En relación a las prendas de Stampatte, las creadoras expresan que «lo que los clientes llevan más son diseños de estampas que contienen algún mensaje más allá de lo estético. En particular, hay dos que se venden mucho. Una que dice ‘fuego a todo lo que no nos deja ser’ y otra que dice ‘que arda’. Son diseños que demuestran que estamos cansades de todas esas normas que condicionan y oprimen libertades. Lo que decidimos vestir también significa algo, y creo que eso es lo que más se elige».

Las modernas Chicas del cable

En el apogeo de la España franquista, Óscar se encuentra en una habitación con un militar que la fuerza a desvestirse, dejando a la vista la tela con la cual aplana su pecho. Un momento tenso y humillante para aquél debido a la violencia amenazante, más allá del tono aparentemente suave del militar.

La vestimenta consiste en una tela confeccionada con la cual, como un acto expresivo, las personas afirman lo que pretenden ser, cómo se ven a sí mismas, cómo pretenden verse, cuáles son las partes que desean revelar y destacar, y cuáles las que buscan comprimir u ocultar.

En la vestimenta, que como se ve, está lejos de ser algo superficial o frívolo, finalmente se difunden mensajes de manera contínua respecto a quiénes somos, qué opinamos de la sociedad en la cual vivimos y, sobre todo, cómo es la sociedad en la que nos gustaría vivir.

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