Abuelos y nietos en cuarentena: la crianza remota

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos

Por Bárbara Guerschman (barbara.guerschman@gmail.com)

Hay una frase hecha que refiere a las relaciones entre generaciones: «los padres están para criar a los hijos, los abuelos están para malcriar a los nietos«. Obligados a mantenerse distanciados por la pandemia, estas formas de crianza de los mayores debieron transformarse.

Como suele pasar con las frases hechas, al analizarlas en detalle, su grado de verdad se pone en cuestión. Al reflexionar sobre el significado de malcriar, se suele pensar en abuelos ocupándose meramente de premiar y mimar a los niños, y en padres dedicados a transmitirles reglas. Sin embargo, la crianza tiene un sentido más amplio, relativo a un abanico de relaciones humanas.

La crianza es un proceso dinámico en el que intervienen prácticas, pautas y creencias. Las pautas tienen que ver con cánones y órdenes normativos que indican a los padres qué hacer frente al comportamiento de los niños.

Las creencias refieren a explicaciones que dan los padres acerca de la forma de tratar a sus hijos. No se puede excluir de este proceso a los abuelos, que en algunos contextos asumen un papel activo en el cuidado de los nietos.

Distancia obligada por la pandemia

Guadalupe Miranda, profesora de infectología de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) destaca que el rol de los abuelos debe modificarse de manera forzosa en el contexto de la pandemia. Esto se debe a que los menores, más allá de no desarrollar síntomas, pueden ser transmisores de la enfermedad.

Además, las personas mayores de 65 años están entre los grupos de riesgo. Esto quiere decir que tienen mayores probabilidades de contagiarse de COVID-19, al igual que los pacientes con afecciones cardíacas y pulmonares, un sistema inmunitario debilitado, obesidad extrema o diabetes. Para los abuelos, el índice de mortalidad aumenta a partir de los 80 años.

Aunque haya sido alterado por el aislamiento, el vínculo entre los abuelos y los nietos se sostiene de diferentes formas. En estos contactos, muchas veces mediados por la tecnología, también están involucrados el afecto y la contención que forman parte de la crianza.

El rol contenedor de los abuelos

Entre los personajes de la película ‘Pequeña Miss Sunshine’ (2006), se encuentra Edwin, un abuelo que vive con su hijo Richard, su nuera Sheryll y sus dos nietos, el adolescente Dwayne y Olive, de 7 años. La niña quiere participar en un concurso infantil de belleza, por lo que toda la familia emprende un viaje al lugar donde se lleva a cabo el certamen.

Influida por los parámetros de éxito y fracaso de su padre Richard y acongojada por la posibilidad de ser una «perdedora», Olive le pregunta a su abuelo si ella es linda. Edwin le asegura que es muy linda y que dista de ser una perdedora por el hecho de arriesgarse a inscribirse en el concurso. Gracias a esas palabras de aliento, Olive logra tranquilizarse.

¿Cómo se desarrollaría este escena si Edwin tuviera que animar a Olive a través de la pantalla de un celular, después de meses sin verla? Esto es lo que sucede con los abuelos desde el inicio de la cuarentena.

Diálogos por video y chat

Para muchos, el último contacto presencial fue entre la primera y segunda quincena de marzo. Desde entonces, la modalidad generalizada para comunicarse son las videollamadas. Una de las plataformas que se usan es WhatsApp, ya que admite también el intercambio de mensajes. Algunos abuelos usan la llamada de teléfono, sin imagen por medio.

A veces, estos intercambios son para ayudar a los nietos con alguna materia de la escuela, o simplemente para acompañarlos mientras ellos hacen sus tareas. Noemí (70) recurre a las videollamadas para contemplar cómo una de sus nietas toca la guitarra, mientas que Elena (70) las usa para conversar con sus nietos acerca de las publicaciones que realizan en Instagram.

Los abuelos que tienen nietos de diferentes edades, mantienen diálogos e interacciones diferentes con cada uno. Graciela (70), por ejemplo, realiza videollamadas con sus cinco nietos para saber cómo están. Con las más pequeñas, a veces bailan y cantan, mientras ellas tienen sus clases de danza y música. En los más grandes la abuela percibe el agotamiento que generan el aislamiento y las videollamadas constantes para actividades escolares y extracurriculares.

Estrella (70) procura conversar con cada uno de sus nietos acerca de sus proyectos. Al igual que Graciela, siempre se ocupa en saber cómo están. Luego, con uno conversa sobre su emprendimiento gastronómico, y a una nieta la ha observado realizar un auto maquillaje artístico. A su nieto menor, le envía videos de sus mascotas, un interés que comparte con él.

Descreyendo de que exista la mala crianza, en el contexto actual los abuelos crían de varias formas, realizando actividades, enviando mensajes o corroborando el estado anímico de sus nietos. La crianza también involucra ese afecto complicidad que muestra Edwin en la escena de Pequeña Miss Sunshine.

Impacto psicológico de la cuarentena

El personaje del abuelo Edwin es interpretado por el actor Alan Arkin quien, a su vez, actúa en la serie de Netflix ‘El método Kominsky’. Allí encarna el rol del ácido viudo Norman, amigo de Sandy Kominsky, el protagonista.

A través de los episodios, Norman recupera gradualmente el gusto por estar vivo, más allá de la pena que le ocasionan la muerte de su mujer y los problemas de su hija Phoebe.  

Los diálogos hilarantes entre Norman y Sandy se desarrollan en diferentes sitios en la ciudad de Los Ángeles, en 2018. Estos amigos jamás se hubiesen planteado estar encerrados en su casa porque, después de todo, la situación actual parece ser digna de una película de ciencia ficción.

En este escenario y por el hecho de ser considerados población de riesgo, los dos amigos deberían estar en sus casas, protegiéndose del contagio y conversando por videollamada. Más allá de la innegable protección que supone el lema «quedarse en casa», ¿cuáles son los efectos del encierro en quienes forman parte de esos grupos?

La psicóloga Paola Bartomeo (MN 40494) explica que los impactos psicológicos del encierro en el hogar son varios, como el fastidio o pena que genera el sentirse dependientes de otros para realizar tareas como hacer las compras o realizar trámites, que antes hacían por sí mismos.

Esta imposibilidad de desarrollar actividades que antes se hacían con normalidad, también hace que en la cuarentena se perciban los límites. Además, algunos sienten con intensidad la angustia e incertidumbre acerca del final del aislamiento.

Tras un periodo de resistencia inicial al encierro, en algunos adultos se generó una sobre adaptación, un acostumbramiento. En esto, ha contribuido la realización de videollamadas con familiares y amigos.

Todos estos efectos, aclara Bartomeo, dependen de la situación de cada persona y de sus recursos previos a la cuarentena. Asimismo, varía según las formas en las cuales los adultos registran el riesgo exterior, la posibilidad certera de contraer la enfermedad que hoy ocupa los titulares de los medios.

La percepción del encierro

En lo que respecta a los abuelos, las percepciones acerca del hecho de ser parte de la población de riesgo son diversos. Por ejemplo, Elena señala la incertidumbre que le genera la inserción laboral después de la cuarentena, sumada a la tristeza de ver la situación de otras personas que están peor que ella.

Otros abuelos, como Susana (74), aceptan el hecho de quedarse en casa. Lo consideran como un deber para cuidar a su familia de una posible internación, aunque les genere fastidio o tristeza el sentirse encerrados.

Por su parte, Cristina destaca el cuidado que se debe tener ante la baja de las defensas del cuerpo y lo difícil que es recuperarse de una enfermedad. Noemí percibe el transcurrir del tiempo y la situación de aislamiento como una pérdida en relación con la proximidad de la muerte.

Lo que unifica a los adultos mayores de 65 años, como Edwin o Norman es la imposibilidad de salir de sus casas y ver -aquellos que los tienen- a sus nietos. Luego, en torno a esto se constituye un abanico de experiencias referidas a las interacciones con los niños y jóvenes, y las formas en las cuales lidian con la enfermedad y el aislamiento. En definitiva, hay tantos Edwin como nietos.

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3 comentarios

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Muy interesante. Amplía el abanico de posibilidades de acción para los abuelos.; esto es muy importante ya que son los hechos (acción) lo que dan densidad al tiempo .
Quizá. para una futura nota sería oportuno tratar las opciones de actividad que se pueden hacer en la soledad de la cuarentena.

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