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Aborto legal: crónica de una noche agitada (y soñada)

Tiempo estimado de lectura: 4 minutos

Por Rita Piris (gisepiris@gmail.com)

«A esta fiesta nos invitamos solas» lanza una piba que se ofrecía para maquillar con purpurina verde a las que van llegando para librar la batalla final por el Aborto Legal, Gratuito y Seguro. Hoy la historia se escribe con el cuerpo. El cuerpo gestante, el cuerpo que durante años fue castigado y torturado. El cuerpo del que no éramos dueñas. El cuerpo sobre el que no pudimos decidir. El cuerpo, los cuerpos, todos los cuerpos son el cuerpo. Un cuerpo de mujeres presentes en esta jornada de lucha, y de otras que ya no están.

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Es Ley.

Mujeres unidas para cambiar la historia

Hay mujeres trabajadoras y mujeres estudiantes. Mujeres acompañando, mujeres organizando. Mujeres cantando, mujeres gritando. Vendedoras ambulantes, y percusionistas que revientan bombos como se revientan siglos de opresión.

Mujeres grandes, adolescentes, niñas. Mujeres organizadas. Mujeres que parieron. Mujeres que no quieren parir. Mujeres que fueron obligadas a parir. Cae la tarde y el sonido de los tambores se entremezcla con los gritos. Cual guerreras ancestrales, aclaman por la libertad de decidir. Reclaman un derecho legítimo.

En el clima que envuelve las calles aledañas al Congreso se percibe un aire decisivo. Nadie está dispuesta a dar un solo paso atrás. Todas se preparan con alguna prenda verde, abrazadas. Cantan, bailan y esperan el momento culminante de la votación hacia la que se encamina el debate en el Senado.

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La marea verde nuevamente ganó las calles.

Suena la cumbia de fondo y el estruendo de un tambor le abre el paso a los alaridos. Como el rito indio que antecede a la lucha. Es un grito mancomunado, ensordecedor, definitivo. Marca el final de una era y el comienzo de tiempos más justos. «¡¡No queremos, ni una muerta más!!», entona un grupo de militantes canta en un sector. «Desmantelamiento de las redes de trata», vociferan. «¡¡Aborto legal!!», proclaman. Cantan en un sector.

Otras reflexionan en voz alta: «después de la irrupción del movimiento ‘Ni una menos’ nos organizamos, y nos expresamos frente al Estado y el Vaticano. Las mujeres vamos a impulsar una marea libre y nacional». Está pasando.

Cae el sol, las calles se llenan

Va cayendo el sol poco a poco mientras las calles se llenan de entusiasmo. Grupos diferentes de mujeres organizadas se reúnen y se manifiestan. «¡¡Maternidad como destino es violación; es aborto clandestino!!». Suena la música y se suceden las canciones a cappella. «¡¡La culpa no era mía, ni cómo estaba ni cómo vestía, el violador sos vos!!».

Se oyen golpes firmes, seguros, potentes. Los instrumentos de percusión parecen sonar en todos los rincones. Las mujeres se abrazan, se miran, se emocionan, se contienen continuamente, como en un rito de los cuerpos aclamando soberanía. Mujeres en trance alrededor de tambores que emanan candombe. Mujeres que dibujan en sus movimientos rebeldía, dolor, furia y fuego. Verde ardiente.

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La avenida Callao, nuevamente lugar de encuentro.

Oscurece y corre una brisa sobre la Avenida Callao tras una jornada de calor tórrido. El aire trae un momento de distensión, de descanso. Un respiro más allá de la firmeza y la determinación que las ha traído a todas hasta acá desde temprano. Rostros cansados pero resueltos, que reflejan una única idea: resistir.

Lo que horas antes era una mezcla de canciones y reivindicaciones, de repente se vuelve una sola voz: «¡Basta de clandestinidad! Es ahora senadores aborto legal ya!«. Una vez más, no hay iglesia capaz de callar una consigna que retumba en cada edificio histórico del barrio de Congreso.

Reina la noche y el asfalto se convierte en playa porque la marea se intensifica cuando se esconde el sol. Así las olas acuden y explotan con una fuerza indestructible. Indeclinable. Inevitable.

Se viene, se viene… Es Ley

Otra vez compás de espera. Mientras se oyen los discursos de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito desde el escenario principal, las senadoras y los senadores argumentan cada uno de sus votos. Las pantallas dan cuenta de lo que varios comunicadores eligen llamar «el poroteo» mientras tratan de advertir la tendencia. Un vendedor grita «¡¡cervezas bien frías!!». Hidratarse es una necesidad mientras el color verde atraviesa la ciudad, la noche se instala y da paso a la retirada del oscurantismo.

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La felicidad tiene cara de mujer. (Foto: Nacho Yuchark – lavaca.org)

Otra vez los cuerpos, firmes, decididos en la madrugada de este miércoles que ya es jueves 30 de diciembre. Ni las 12 horas de debate más las horas previas a la vigilia, ni la frustración de 2018, ni el agotamiento, ni el sueño ni los 32 grados de temperatura impiden que todas las manifestantes permanezcan inmutables frente al momento en que se acaban los discursos, callan las palabras, y finaliza la manía de decidir sobre nuestros cuerpos.

Se enciende una pantalla verde que dice ‘ES LEY’. Todo es algarabía. Estalla la marea en un grito y las mujeres se funden en abrazos y llantos. Llantos que evocan recuerdos, que aclaman justicia, que gritan «¡¡Nunca más una muerta por aborto clandestino!!«.

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