A 6 años de Ayotzinapa, el clamor de una nación

Tiempo estimado de lectura: 5 minutos A México le faltan los 43 normalistas de Ayotzinapa. A sus familiares aún les deben respuestas. Han pasado 6 años y se demora la investigación sobre la masacre.

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Por Fernanda Galarza (fernandagafi@gmail.com)

Relatar la crónica del 26 de septiembre de 2014 es doloroso. Se trata de una noche en la que Iguala de la Independencia (Estado de Guerrero), ha presenciado uno de los sucesos más violentos y sangrientos en la historia de la represión en México, sumado a la violación de los derechos humanos contra las y los estudiantes de la escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa.

Comienza cuando un grupo de alumnos de entre 17 y 25 años acude a Iguala con el fin de hacerse de algunos autobuses para participar en el homenaje a las víctimas de la Matanza de Tlatelolco, otro episodio atroz que ha marcado al país en 1968. 

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Aunque la retención y el uso temporal de las unidades era habitual en aquel Estado, y que incluso contaba con el aval tácito de las empresas y las autoridades, ese día la respuesta no fue común. 

De acuerdo al Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, policías municipales de aquel lugar abrieron fuego contra los estudiantes para impedirles que salieran de la ciudad con los autobuses.

En esos escenarios fueron detenidos los 43 estudiantes que después desaparecieron. Esa misma noche continuaron las agresiones contra los estudiantes y la población en general. Ya no sólo por parte de agentes estatales y municipales, sino también de civiles que, como después se demostró y declararon los responsables de ese Centro, eran parte de la estructura de una organización criminal que se unió a las fuerzas de seguridad presentes en esa zona de Guerrero, denominada ‘Guerreros Unidos’

A través de los celulares de los estudiantes se han podido obtener imágenes y audios en los que se oye a los estudiantes decirle a los policías en tono desgarrador: «¡No tenemos armas, no tenemos armas! ¡Ayúdenos! ¡Somos estudiantes!»

Los estudiantes llamaron a la prensa para que se tuviera constancia de lo que ocurría en Iguala. Querían asegurarse de que no se armara un montaje en el cual se cambiase la versión de los hechos y los expusieran ante la opinión pública. Además denunciaban que varios de sus compañeros no estaban y otros se encontraban heridos por el fuego que se había abierto contra ellos. No obstante, mientras un grupo de reporteros entrevistaba a los normalistas, llegó un comando armado y comenzó las hostilidades sin que importara la presencia de la prensa en el lugar.

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El saldo total de aquella noche fue de 43 jóvenes desaparecidos. No hay pistas sobre su paradero. Además, otras seis personas ejecutadas, entre ellos tres normalistas, en donde se incluye el caso de un joven cuyo cuerpo apareció al día siguiente cerca de un paraje deshabitado, con muestras de haber sido torturado. También hubo 40 personas lesionadas. 

Más de 180 personas resultaron víctimas en forma directa de violaciones a derechos humanos esa noche y alrededor de 700 personas resultaron serlo de modo indirecto, si se considera a los familiares de los agraviados. 

Crimen de Estado 

La Fiscalía de Guerrero reconoció la intervención de los policías y aseguraron que se iba a efectuar la investigación correspondiente para dar con el paradero de los 43. El argumento era que posiblemente se habían «asustado» y habían huido hacia los cerros y montes. 

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Sin embargo, entre muchas versiones, una en específico sonaba lógica: los normalistas tenían la intención de interrumpir un evento de la esposa de José Luis Abarca Velázquez, alcalde en ese entonces, y éste había enviado a los efectivos de seguridad para evitarlo.

Investigación de la PGR

Una semana después del hecho, la Procuraduría General de la República (PGR) tomó la investigación, pero el tratamiento nunca fue el adecuado. Duró alrededor de dos meses y desde el gobierno de Enrique Peña Nieto no se facilitó que la verdad viera la luz pública y fuera conocida por las familias. 

La versión conocida como «La Verdad Histórica» en boca del exprocurador Jesús Murillo Karam, decía que varias personas llevaron a los jóvenes a un basurero de la localidad de Cocula, los quemaron y echaron sus restos a un río.

«Los cuerpos ardieron a 1,600 °C y, con base en pruebas científicas, los 43 estudiantes de Ayotzinapa están muertos», sostuvo Karam.

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No obstante, expertos internacionales fueron llamados por los padres de familia a través de la Comisión Internacional de los Derechos Humanos (CIDH) y la Organización de Estados Americanos (OEA).

Es por eso que las organizaciones Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) y el Equipo Argentino de Antropología Forense, realizaron su propia investigación en la que descartaron esa teoría porque no había evidencias contundentes. Además, aunque quedó comprobado que un trozo de hueso hallado en una bolsa era de un estudiante, no se había probado cómo llegó hasta el lugar del hallazgo. Los obstáculos para continuar las pericias han conspirado desde entonces en contra del esclarecimiento de los hechos. 

Las manifestaciones fueron constantes antes, durante y después de esa resolución. Varios países se unieron exigiendo justicia y una investigación clara para saber quién o quiénes fueron los culpables.

6 años de misterio

A seis años de los hechos, los padres de las víctimas no han claudicado en su petición de justicia. Andrés Manuel López Obrador, presidente actual, asegura que «se está rompiendo el pacto de silencio» que había en este caso. Sin embargo, se limita a decir que si alguien proporciona información sobre la desaparición de los estudiantes, obtendrá una recompensa. No excluye de la misma a detenidos y prófugos. 

La herida sigue abierta. El desenlace es incierto debido a una serie de omisiones, y de puntos oscuros en la investigación. Sobre todo por la invención de supuestos que no ayudan a esclarecer lo ocurrido.

Hasta Belafonte Sensacional & Paulina Lasa le han dedicado una canción, ‘Verte regresar’, a cada estudiante desaparecido: «Te estamos esperando en casa
Te estamos esperando acá
Hay una banda de guerra y una marcha sin tu voz
Hay una silla vacía en el medio del salón
Hay mucha gente que camina para verte debajo de este sol».
No habrá olvido mientras el recuerdo continúe vivo.

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